Tras dos días en los Dolomitas, llegaba la hora de partir rumbo a Rávena. Un trayecto de 362 kilómetros, que transcurría en su mayor parte por autopistas. Decidimos aprovechar para, de camino, hacer unas cuantas visitas, con la idea de llegar a Rávena a primera hora de la noche. Nos despediríamos de los Dolomitas en Molveno y visitaríamos la Cascata del Varone, para después recorrer la orilla occidental del lago de Garda y finalizar visitando el castillo de Sirmione. Un plan perfecto, al menos sobre el papel.

Una breve excursión en los Dolomitas de Brenta.

Nuestra primera parada fue en los Dolomitas de Brenta, el único macizo del grupo situado al oeste del río Adige. Tuvimos que dejar la A22 para hacer una ruta por la SS421, una carretera local que avanzaba serpenteando entre montañas, aldeas y viñedos. Un recorrido muy relajante, hasta que llegamos a Molveno y nos encontramos de nuevo con la masificación.

Lago de Molveno

Lago de Molveno.

La SS421 seguía avanzando hacia el sur, bordeando la orilla oriental del lago de Molveno. El paisaje era espléndido y nos invitaba a detenernos una y otra vez a contemplar la estampa del lago con el telón de fondo de los Dolomitas de Brenta. Curiosamente, el lago apenas tiene entre tres y cuatro milenios de antigüedad. En 1952 se decidió utilizar sus aguas para un proyecto hidroeléctrico, lo que obligó a drenarlo completamente. La sorpresa vino cuando en su fondo se encontró un bosque petrificado. Al datarlo con carbono 14, se pudo comprobar que había sido anegado a principios de la Edad del Hierro. El aprovechamiento del lago obliga a desaguarlo de forma periódica, para poder acometer el mantenimiento de los tubos de drenaje. Aproximadamente una vez cada diez años, es posible ver la extraña estampa del lago a medio vaciar, con aspecto de embalse artificial.

Cascada desde la gruta superior

Cascada desde la gruta superior.

Nuestra siguiente escala era la Cascata del Varone. Un lugar del que tenía vagos recuerdos de mi infancia. La cascada se encuentra al final de un profundo y estrecho barranco, de 100 metros de altura, horadado tras la última glaciación por las aguas del Magnone. En 1874 se abrió al público, creando un conjunto de túneles y pasarelas que facilitan la visita. Lo cual tiene su cara y su cruz. Por una parte, hace posible que cualquiera pueda visitar el extraño entorno, con el único equipamiento de un buen impermeable. Por otra, para mi gusto se ha alterado en exceso el lugar. Puede que las pasarelas sean el precio a pagar por la accesibilidad, pero no veo justificación alguna a las luces de colores que «adornan» la cascada.

Extremo septentrional del lago de Garda

Extremo septentrional del lago de Garda.

Terminada la segunda visita del día, se hizo evidente que nuestro plan tenía un fallo. No habíamos tenido en cuenta que estábamos en fin de semana y el tráfico era tan intenso como el que habíamos sufrido en la zona central de los Dolomitas. Además, habíamos tenido problemas para aparcar tanto en Molveno como en la cascada. Íbamos claramente retrasados. Por si esto fuera poco, la carretera que bordea el lago de Garda por el oeste estaba completamente colapsada. Al menos eso decía Google. Sobre la marcha, decidimos cambiar de itinerario y seguir por la SR249, en la orilla opuesta.

Puerto de Torbole

Puerto de Torbole.

Allí, pareció que nuestra suerte comenzaba a cambiar. Al atravesar el diminuto puerto de Torbole, vimos un hueco para aparcar junto a la orilla del lago. Sin pensárnoslo dos veces, dejamos el coche y aprovechamos para dar un agradable paseo disfrutando de la luz del inminente atardecer. Las espléndidas vistas y la tranquilidad del entorno nos animaron a merendar en una terraza junto a la orilla del lago.

Castillo de Malcesine

Castillo de Malcesine.

Volvimos a detenernos en la pequeña ciudad medieval de Malcesine. El lugar parece estar fascinado con la visita de Goethe en septiembre de 1786, durante su viaje por Italia. Aunque, en realidad, ésta fue provocada por un repentino cambio del viento mientras el escritor navegaba por el lago rumbo al sur. En cualquier caso, Goethe quedo encantado con la hermosa vista del castillo levantándose junto a las aguas del lago, hasta el punto de comenzar a esbozar un dibujo del mismo. Curiosamente, fue tomado por un espía austriaco, pues entonces Malcesine era la primera plaza veneciana en la orilla oriental del Garda. Por suerte, logró convencer al podestá de la inocencia de sus intenciones.

En la SR249

En la SR249.

Retomamos la ruta, con el objetivo de hacer una última parada en Sirmione, junto al extremo meridional del lago. Al principio, todo parecía ir bien. La carretera avanzaba ceñida a la orilla, ofreciéndonos preciosas vistas iluminadas por un hermoso atardecer. Apenas había tráfico y conducir era un placer. Pero resultó ser un espejismo. Acabamos metiéndonos de lleno en un descomunal atasco, unos kilómetros antes de atravesar la ciudad de Garda. Sin posibilidad de tomar una vía alternativa, tuvimos que resignarnos al retraso, a la vez que renunciábamos a visitar Sirmione. Pero nuestros problemas no habían terminado. Un accidente provocó el corte de la E45, obligándonos a avanzar por una colapsada carretera local. Acabamos llegando a Rávena al filo de la medianoche, con un empacho de coche como hacía tiempo que nos sufríamos.

Para ampliar la información:

El blog Llévame a Italia tiene una entrada describiendo las localidades que bordean el lago: https://www.llevameaitalia.com/pueblos-mas-bonitos-del-lago-di-garda/.

En Italian Traditions hay una breve reseña sobre la Cascata del Varone: https://italian-traditions.com/es/excursion-en-el-lago-de-garda-cuevas-cascada-parque-varone/.

La web Viajes y Lugares tiene un artículo sobre Malcesine: https://www.viajesylugares.com/texto-diario/mostrar/1451410/malcesine-pequeno-rincon-italia-fascino-goethe.

En inglés, la web oficial de la cascada está en https://www.cascata-varone.com/en/varone-waterfall-cave-park.htm.