Primera jornada completa recorriendo los Dolomitas. La dificultad de encontrar hotel en la zona, a pesar de la pandemia, nos había empujado a pasar las tres noches en Bolzano. Claramente, fue un error, pero entonces lo desconocíamos. Y, en realidad, apenas teníamos opciones. Aquel día nuestro plan era avanzar hacia el este, hasta una pequeña aldea conocida como Rónch, situada a tan solo 87 kilómetros de Bolzano. El único problema era que desde allí tendríamos que regresar a la capital del Tirol del Sur.

Capilla de San Sebastián

Capilla de San Sebastián.

Tras desayunar y lograr dejar atrás el denso tráfico de la ciudad, nos adentramos en los dolomitas por el Val d’Ega, siguiendo el sinuoso trazado de la SS241. Nuestra primera parada fue en las afueras de Nova Levante, o Welschnofen, para fotografiar la capilla de San Sebastián. Una pequeña iglesia edificada entre 1662 y 1667. Parece que su interior contiene varias obras barrocas, pero no era posible visitarlo. En cualquier caso, nuestro interés estaba en la bucólica estampa de la capilla, con los Dolomitas al fondo.

Atasco junto a Carezza

Atasco junto a Carezza.

El siguiente destino era el Karersee. Un diminuto lago, conocido en italiano como Carezza, enmarcado por las impresionantes montañas de Latemar. Antes incluso de llegar, nos dimos de bruces con la realidad que nos acompañaría durante todo nuestro viaje por los Dolomitas. La carretera estaba completamente colapsada por una fila de vehículos que avanzaba a paso de tortuga. El problema venía del aparcamiento de pago, que a esa hora de la mañana ya estaba completo. Tan solo dejaban entrar vehículos según iban quedando huecos libres, obligando a los demás a seguir de frente. Pero tuvimos suerte. Justo cuando llegábamos al cruce, salieron un par de coches y los vigilantes del aparcamiento, que hacían las veces de guardias de tráfico, nos permitieron entrar.

Carezza y Latemar

Carezza y Latemar.

El lago de Carezza no nos defraudó. A pesar de su reducido tamaño, de tan solo 3,5 hectáreas, ofrecía unas vistas impresionantes. Sus claras y someras aguas, teñidas de turquesa, permitían ver el fondo, pero también reflejaban la silueta de las cimas de Latemar, parte de los Dolomitas de Fiemme, que se elevan hasta los 2.846 metros de altura.

Mirador en Carezza

Mirador en Carezza.

Pero, al igual que su aparcamiento, el lago estaba lleno a rebosar. Y no solo en sus principales miradores, atestados de visitantes. Toda la senda que rodea Carezza tenía un intenso trasiego de peatones. Si nos quedaba alguna esperanza de recorrer los Dolomitas con cierta tranquilidad, se desvaneció en las orillas del Karersee.

Subiendo a König Laurin

Subiendo a König Laurin.

Un tanto agobiados por la muchedumbre, nos fuimos al telesilla de König Laurin. El recorrido, bajo un sol espléndido, fue un perfecto contrapunto del masificado lago. Subíamos, prácticamente solos, dejándonos mecer por el telesilla mientras disfrutábamos de las espléndidas vistas del valle y la mole de 2.797 metros del Tschager Spitze.

Panorama desde Fronza alle Coronelle

Panorama desde Fronza alle Coronelle.

Cuando llegamos al refugio de Fronza alle Coronelle, tuvimos la suerte de encontrar una mesa libre en su terraza. Pasamos un buen rato tomado un refresco, disfrutando del tibio sol y contemplando las magníficas vistas que se extendían a nuestros pies. Después, dimos un breve paseo por los alrededores. No llegamos muy lejos. Ni teníamos tiempo, ni equipo adecuado, ni nos habíamos documentado sobre las posibles rutas por la zona.

Tschager Spitze

Tschager Spitze.

Mientras descendíamos de regreso al aparcamiento, pudimos apreciar la intensa actividad que había en el entorno. Resultó que habíamos subido durante el último verano en que operaba el telesilla. Estaban construyendo, a marchas forzadas, un nuevo telecabina, que debía estar operativo al año siguiente. La nueva infraestructura tendrá una capacidad de 2.400 personas/hora, con una terminal superior semienterrada, integrada en la ladera de las montañas.

Atravesando Canazei

Atravesando Canazei.

Seguimos avanzando hacia el este, descendiendo al Val di Fassa, en el Trentino. La zona es el corazón de la comunidad de habla ladina en Italia, una de las pocas lenguas retorromances que ha sobrevivido hasta nuestros días. También fue nuestro segundo atasco de la jornada. Lograr atravesar Canazei fue un auténtico calvario.

La Marmolada

La Marmolada.

Tras llegar al final de la SS241, proseguimos por la SS641, hacia el paso de Fedaia. Las vistas de la Marmolada eran impresionantes. La montaña, con 3.343 metros, es la más alta de los Dolomitas. También es la única en la que subsiste un glaciar. Hay varios remontes que permiten subir cómodamente hasta las cimas del imponente macizo, pero no utilizamos ninguno. Comenzaba a hacerse tarde y aún teníamos que llegar a nuestro último destino.

Serrai di Sottoguda

Serrai di Sottoguda.

El paso Fedaia marca el límite entre el Trentino y el Véneto. Lo que en la actualidad es una simple linea administrativa, fue durante siglos la frontera entre el Sacro Imperio y la República de Venecia. Antes de que se abriera la carretera actual, atravesar el Serrai di Sottoguda era increíblemente complicado. De hecho, lo sigue siendo, como atestigua el cierre de la ruta antigua, provocado por una gran tormenta en 2018. Tres años después, aún no se ha podido reabrir la ruta, que se seguía utilizando como itinerario turístico.

Monte Civetta

Monte Civetta.

Finalmente, logramos llegar a Rónch. El lugar es una simple aldea, perteneciente al municipio de Rocca Pietore, encaramada sobre el cauce del Cordevole. Más allá de la tranquilidad que rezuma, su principal atractivo son las espléndidas vistas que ofrece sobre el monte Civetta y su impresionante pared noroeste, que se desploma mil metros en vertical. Uno de los lugares emblemáticos de los Dolomitas.

Sass de la Murada

Sass de la Murada.

Rónch también es famoso por los más modestos Laste y Sass de la Murada. Sus extrañas formaciones, rodeadas de frondosos bosques, son un imán para los amantes de la escalada. Nos acercamos al Sass de la Murada, donde aparentemente hay unas pasarelas que permiten acceder a su parte superior. Pero no encontramos el camino. Tuvimos que conformarnos con ver cómo un grupo de alpinistas trepaba por una de sus paredes verticales. Después, comenzamos el largo regreso a Bolzano, donde llegamos en plena noche.

Karersee y Tschager Spitze

Karersee y Tschager Spitze.

Hacía muchos años que no visitaba los Dolomitas. Recordaba sus atascos pero, ingenuamente, pensaba que la falta de turismo por la pandemia los habría hecho desaparecer. Grave error. Como pudimos descubrir en esa jornada y las siguientes, buena parte del turismo centroeuropeo parecía haber tenido nuestra misma idea. Hoteles llenos, restaurantes a rebosar, atascos y turistas por todas partes. El contraste era aun mayor tras viajar por una Islandia más vacía de lo habitual. Apenas llevábamos un día en Italia y ya estaba añorando la brumosa Thule.

Para ampliar la información:

En Fly and Grow hay una largo artículo sobre los Dolomitas: https://www.flyandgrow.com/dolomitas-que-son-cultura-historia/.

El blog La Mochila de Mamá tiene una interesante entrada sobre La Marmolada: https://www.lamochilademama.com/mirador-de-la-marmolada-dolomitas/.

En inglés, hay un artículo de las iglesias del Val d’Ega en https://eggental.com/en/Val-d-Ega/Cultural-treasures/Churches-chapels. En general, toda la web https://eggental.com/en es interesante.

En https://carezza.it/en/Summer/Summer-Lifts hay información sobre los remontes que funcionan en la zona durante el verano.

Se puede encontrar información sobre La Marmolada en https://www.museomarmoladagrandeguerra.com/en/the-marmolada/the-mountains-and-the-funicular/.

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