Finalizaba nuestra estancia en la remota costa de Strandir. El plan para la jornada era ir desde Djúpavík a la granja de Heydalur, donde pasaríamos nuestra segunda noche en los Fiordos del Oeste. A priori, teníamos que recorrer 159 kilómetros, pero también queríamos hacer un desvío hasta el final de Snæfjallastrandarvegur, la carretera 635, con lo que la distancia se elevaba hasta los 240 kilómetros.

Amanecer en Djúpavík

Amanecer en Djúpavík.

Cuando despertamos, desde la ventana de nuestra habitación el día era perfecto. Un manto gris cubría el cielo a media altura, aunque no parecía demasiado espeso. Hacia el este, el sol intentaba romper entre las nubes, tiñéndolas con tonos anaranjados, que se reflejaban en las tranquilas aguas del fiordo. Pero era un espejismo. Mientras desayunábamos y nos preparábamos para dejar el hotel, una espesa niebla se descolgó desde las montañas, hasta quedar flotando a escasos metros de altura. Queríamos recorrer el paso entre Reykjarfjörður y Veiðileysufjörður con buena visibilidad, que nos permitiera contemplar el hermoso paisaje. Sobre la marcha, improvisamos una excursión para hacer tiempo, confiando en que la niebla acabaría levantando según avanzase la mañana.

Una excursión imprevista a Norðurfjörður.

Nuestra única opción era recorrer nuevamente la 643 en sentido contrario. Esta vez, en lugar de tomar el desvío por la 649, llegaríamos hasta el final de Strandavegur, en un lugar llamado Norðurfjörður. Las nubes bajas nos privaron del hermoso paisaje que habíamos disfrutado el día anterior, pero nos compensaron con una última sorpresa, durante nuestro regreso a Djúpavík.

Al final, nos tuvimos que rendir. Tras detenernos por última vez en el hotel Djúpavík a tomar un café bien caliente, nos resignamos a atravesar el paso entre ambos fiordos en medio de la niebla. Nuestra última esperanza, que los 250 metros de altitud de la carretera fueran suficientes para salir por encima de las nubes, tampoco se cumplió. Acabamos recorriendo la pista en medio de un manto grisáceo, que nos impedía ver mucho más allá del capó del coche.

En la orilla del Veiðileysufjörður

En la orilla del Veiðileysufjörður.

Al otro lado, la niebla parecía ser igual de espesa, pero al menos se mantenía unos metros por encima del mar. Hicimos una breve pausa en la orilla meridional del Veiðileysufjörður, donde nos despedimos de uno de los fiordos más fotogénicos de Islandia.

A continuación, recorrimos la parte meridional de la pista con toda la calma del mundo. Pese a que las nubes bajas nos impedían disfrutar del impresionante paisaje que habíamos contemplado el día anterior, la costa seguía siendo de una belleza salvaje. No teníamos ninguna prisa en despedirnos de Strandir.

En la carretera 61, entre Steingrímsfjörður e Ísafjarðardjúp

En la carretera 61, entre Steingrímsfjörður e Ísafjarðardjúp.

Llegamos al asfalto poco después de la una de la tarde. En unos kilómetros la 643 daba paso a la 61, mientras el día, por fin, iba abriendo lentamente. El paisaje era interesante, pero palidecía en comparación a la remota costa que habíamos recorrido en las últimas horas. Estábamos de vuelta a la Islandia más civilizada. Además, según atravesábamos el istmo que separa el Ísafjarðardjúp del Steingrímsfjörður, las nubes comenzaron a desaparecer, dejando grandes manchas de cielo azul. Una vez más, el clima de Islandia haciendo de las suyas.

A los pies del Drangajökull.

Nuestro siguiente desvío nos llevó a recorrer Snæfjallastrandarvegur. Una pista que bordea el pequeño fiordo llamado Kaldalón, junto al glaciar Drangajökull. El plan era intentar aproximarnos lo máximo posible al Kaldalónsjökull, la lengua mas meridional del único glaciar que hay en los Fiordos del Oeste.

En la carretera 633

En la carretera 633.

Terminada la última excursión del día, tan solo nos restaba llegar hasta nuestro alojamiento, en la granja de Heydalur, cerca del Mjóifjörður. Un fiordo que comparte nombre con otro situado en el extremo oriental de Islandia. De camino, aun tuvimos tiempo para dar un breve rodeo por la carretera 633. Las vistas sobre el Ísafjarðardjúp eran bonitas, pero no rivalizaban con las que habíamos disfrutado por la mañana.

Piscina geotermal en Heydalur

Piscina geotermal en Heydalur.

Acabamos llegando a la granja sobre las seis y media de la tarde. Con el tiempo justo de asearnos y dar un breve paseo antes de cenar. Heydalur es una de las numerosas granjas de Islandia que complementan sus ingresos con el turismo. Se ubica en un apacible valle, cerca del final del fiordo. El lugar dispone de dos manantiales de aguas geotermales. Uno más civilizado, justo al lado de la granja, y otro más asilvestrado, al otro lado del río. Como casi todas las granjas islandesas, era un tanto destartalada. Lo mismo podías encontrar una escena bucólica, con los caballos pastando en libertad al lado de tu habitación, como una retroexcavadora oxidándose junto a un cobertizo. A pesar de lo cual nuestra estancia fue bastante gratificante. A lo que ayudaron tanto la amabilidad de las tres generaciones de la familia que trabajaban en el lugar, como las estupendas cena y desayuno, con fresquísimos productos locales, que pudimos disfrutar. Al día siguiente estábamos como nuevos, listos para una nueva jornada recorriendo los Fiordos del Oeste.

Para ampliar la información:

El blog beats of my trips tiene una entrada que describe parcialmente la zona: https://www.beatsofmytrips.com/islandia-fiordos-oeste/.

En inglés, Guide to Iceland tiene un largo artículo sobre la costa de Strandir: https://guidetoiceland.is/connect-with-locals/regina/the-remote-strandir-in-the-westfjords-of-iceland.

También hay una entrada en Hit Iceland: https://hiticeland.com/iceland/notes/strandir-in-the-westfjords-is-a-perfect-road-trip-for-a-twoday-scenic-drive.

La página oficial de turismo de los Fiordos del Oeste está en https://www.westfjords.is/en.

Se puede encontrar la web de Heydalur en https://www.heydalur.is/en.