Nuestra breve estancia en Islandia se aproximaba rápidamente a su fin. Pasaríamos la última noche en Keflavik, a un par de kilómetros del aeropuerto. Aunque, en realidad, no pensábamos subir a un avión. Al día siguiente embarcaríamos rumbo a Groenlandia y el hotel había sido elegido por la naviera. A nosotros nos quedaba escoger la mejor ruta para llegar hasta su puerta. La más directa suponía un recorrido de tan solo 147 kilómetros, aunque también era la más sosa. Entre las diversas opciones que se nos presentaban, finalmente decidimos dar un rodeo por la carretera 550. La ruta elegida duplicaba la distancia, hasta los 293 kilómetros. A cambio, podríamos despedirnos de las Tierras Altas recorriendo Kaldadalsvegur, en su extremo occidental. No necesitábamos más argumentos.

Tras dar el paseo de rigor hasta Strokkur y grabar algún video en el géiser, salimos del hotel pasadas las nueve de la mañana. En realidad, no teníamos prisa. El día era espléndido y conocíamos todas las carreteras que teníamos por delante. Además, tan solo nos interesaba el tramo central de la ruta. Los aproximadamente 100 kilómetros entre el lago Þingvallavatn y Reykholt. El resto, no era más que una mera formalidad.

Hrafnagjá

Hrafnagjá.

Tardamos casi una hora en llegar al lago, donde hicimos una pausa en el mirador de Hrafnagjá. Suele decirse que la gran fisura de Almannagjá es el límite entre las placas de Norteamérica y Eurasia. Como casi siempre, la realidad no es tan simple y la división entre dos enormes placas tectónicas, cada una con millones de kilómetros cuadrados de superficie, no es una grieta relativamente pequeña, con apenas unas decenas de metros entre sus bordes. En la zona de Þingvellir donde son claramente visibles las fisuras, éstas se extienden por un corredor con un ancho superior a los 6 kilómetros. Hrafnagjá formaría parte del grupo oriental.

Þingvallavatn desde Hrafnagjá

Þingvallavatn desde Hrafnagjá.

Más allá de Hrafnagjá, las vistas sobre Þingvallavatn eran espléndidas. El lago natural más extenso de Islandia tiene una superficie de 84 km². En su génesis hay una mezcla de hielo y fuego genuinamente islandesa. Parece que tan solo tendría una antigüedad de 12.000 años. Apenas un suspiro en términos geológicos. Unos milenios antes, una lengua glaciar de un kilómetro de espesor cubría la zona. El hielo se retiró tras el final de la última glaciación, creando una gran laguna glaciar, al estilo de las que hoy podemos ver en el sur de Islandia. Dos milenios mas tarde, entraría en erupción el Hrafnabjörg. Þingvallahraun, el campo de lava resultante, llegó hasta Sogshorn. Al bloquear el río Sog, hizo subir el nivel del lago, que alcanzó así su actual profundidad de 112 metros.

Nuestra siguiente parada estaba a menos de 7 kilómetros de distancia, junto a Hvannagjá. En lugar de ir a su aparcamiento principal, nos detuvimos algo más al norte, justo antes de salir del parque nacional de Þingvellir. Quería hacer una toma aérea de la fisura y prefería un lugar tranquilo. Además, ya habíamos visitado la grieta en el verano de 2020. Tras recuperar el dron, reemprendimos la ruta, ahora recorriendo la carretera 52 hacia el norte.

Recorriendo la carretera 550​.

Atravesamos Kaldadalsvegur en una jornada radicalmente distinta a aquella en la que habíamos conocido la carretera, durante el verano de 2021. Esta vez, un cielo prácticamente despejado nos permitió contemplar el paisaje en toda su inmensidad. A cambio, tuvimos que renunciar a la abrumadora majestuosidad de aquella mañana.
Larga exposición en Hraunfossar

Larga exposición en Hraunfossar.

Tras atravesar las Tierras Altas, llegamos a Hraunfossar poco antes de las tres. La idea era grabar algún video desde el aire y hacer alguna toma de larga exposición. Una vez más, Islandia decidió hacer de las suyas. Según descendíamos por el amplio valle del Hvitá, comenzó a levantarse viento. Al igual que en mis dos visitas anteriores a la cascada, no pude volar el dron. Tan solo, y no sin dificultad, conseguí alguna toma con el trípode.

Barnafoss bajo el arco

Barnafoss bajo el arco.

Para hacer tiempo, dimos un breve paseo hasta Barnafoss. Más allá de su trágica leyenda, nunca ha sido una cascada que me parezca especialmente atractiva. De hecho, ni tan siquiera me parece una cascada. Mas bien sería un conjunto de rápidos, encajonados en el estrecho corredor que el Hvitá ha abierto en Hallmundarhraun. Su principal interés es el arco de piedra que atraviesa el río y la sensación de fuerza salvaje que éste trasmite. Pero el día no parecía tener ganas de mejorar. Decidimos seguir nuestro camino.

Reykholt, en el hogar de Snorri Sturluson​.

Nuestro principal interés en Reykholt era el museo del Snorrastofa. Un lugar que se me había resistido en mis anteriores visitas y en el que intentaríamos conocer la vida y obra de Snorri Sturluson, uno de los personajes más importantes de la historia medieval en el norte de Europa.
Finalizada la visita a Reykholt y su museo, tan solo quedaba el trámite de llegar hasta el hotel en Keflavik. Un trayecto de 149 kilómetros, en el que tendríamos que atravesar la periferia de Reikiavik. Para mi gusto, la zona menos islandesa de Islandia, llena de edificios, autovías, rotondas y tráfico. A media tarde ya estábamos registrados en el hotel. Con un largo atardecer subártico por delante, parecía una pérdida de tiempo quedarnos en las inmediaciones de Keflavik, rodeados de polígonos industriales y terrenos a medio urbanizar. Sobre la marcha, decidimos improvisar la última excursión de la jornada. En realidad, sería la última de nuestro breve tránsito por el suroeste de Islandia.

Para ampliar la información.

Si no tienes experiencia conduciendo en Islandia, te puede venir bien leer esta otra entrada del blog: https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/conducir-en-islandia-la-guia-completa/.

En https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/de-reykholt-a-gardur/ se puede ver una ruta alternativa por la misma zona.

Nuestra primera visita a Hraunfossar está en https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/hraunfossar-y-barnafoss/.

La segunda, en invierno, en https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/hraunfossar-y-barnafoss-en-invierno/.