Tras regresar de un largo viaje por Islandia, podíamos pensar que, en plena pandemia del coronavirus, nuestro deseo de viajar estaría saciado por unos meses. Nada más lejos de la realidad. Volver a los calores y las restricciones de Madrid, después de pasar casi dos semanas recorriendo grandes espacios abiertos en casi completa soledad, fue una auténtica conmoción. Sobre la marcha, decidimos hacer un nuevo viaje, esta vez a una zona más cercana, tanto física como culturalmente, que además era una de las pocas con las que se mantenían los vuelos directos desde Madrid. Apenas tardé 48 horas en organizar un viaje de 10 noches al noreste de Italia.

Volando junto a los Alpes

Volando junto a los Alpes.

Salimos rumbo al aeropuerto a las 4:30 de la madrugada, cargados de papeles y certificados. Madrid parecía una ciudad fantasma, al igual que el aeropuerto de Barajas, en el que fuimos incapaces de tomar un mísero café de máquina. Unos minutos antes de las siete, estábamos sentados en un avión prácticamente vacío que, al menos, nos llevaría directamente a Venecia.

Aterrizando en Venecia

Aterrizando en Venecia.

La aproximación al Aeropuerto Marco Polo fue todo lo hermosa que podíamos esperar, pero ya desde el cielo era evidente la falta de tráfico en el canal de Giudecca y en el puente de la Libertad. Aunque, con diferencia, lo más impactante fue ver la terminal de cruceros de Tronchetto completamente vacía. Tras el PCR de rigor, recogimos el coche de alquiler y, sin prisa, salimos hacia Bolzano.

Paseando por Bolzano

Paseando por Bolzano.

Después de dejar las maletas en el hotel y comer en una terraza, decidimos dar un paseo por la ciudad. Ésta se encontraba en un punto medio entre la agobiante Madrid, con sus restricciones, y la laxa Islandia, donde la vida era prácticamente normal. En cualquier caso, nos llamó la atención la cantidad de viandantes que llevaba mascarilla, sin ser ésta obligatoria. Algo muy distinto de la narrativa oficial que nos ofrecían los medios en España, donde parecía que el resto de Europa estaba llena de irresponsables deseando contagiarse.

Via dei Portici

Via dei Portici.

Nunca he sabido cómo calificar a Bolzano. Bozen, para la mayoría de sus habitantes. ¿Una ciudad alemana con aires mediterráneos, o una urbe italiana con influencias germánicas? Cualquiera de las dos definiciones podría servir para un lugar que, aunque geográficamente sea parte de la península itálica, lingüística y culturalmente está mas cercana al Tirol austriaco. Algo que igualmente se puede decir de toda la provincia autónoma del Tirol del Sur, de la que Bolzano es capital. Otra demostración de lo absurdas que pueden llegar a ser las fronteras.

Via dei Grappoli

Via dei Grappoli.

Italiana o austriaca, Bolzano es una ciudad agradable, rodeada por una hermosa naturaleza. Con unos orígenes que se remontan a la época de la Roma republicana, comenzó a sentir la influencia de sus vecinos germánicos en el siglo VII, cuando cayó bajo la órbita bávara. Desde entonces, salvo un breve paréntesis durante las Guerras Napoleónicas, estuvo controlada por alguno de sus vecinos del norte de los Alpes hasta el final de la Gran Guerra. Ubicada en la ruta del estratégico paso del Brennero, siempre fue una via de comunicación entre Alemania y el puerto de Venecia. Un cruce de mercancías, lenguas y culturas.

Catedral de Bolzano

Catedral de Bolzano.

Tan solo hicimos tres visitas rápidas en la ciudad. La primera, en su Duomo, un edificio que resultó ser más interesante por fuera que por dentro. Parece ser que Maria Himmelfahrt (o Santa Maria Assunta) nació durante el siglo IV como una basílica paleocristiana consagrada a San Vigilio de Trento. Fue reemplazada por una iglesia carolingia y otra medieval, hasta que, entre los siglos XIV y XVI, se levantó el edificio del gótico tardío que ha llegado a nuestros días.

Iglesia de los Dominicos

Iglesia de los Dominicos.

Más interesante fue la visita a Iglesia de los Dominicos. En concreto, a su capilla de San Juan, adornada con frescos del siglo XIV. Aun siendo obras menores, de las escuelas de Giotto y otros artistas renacentistas, no dejan de tener su valor. Es una lástima que la capilla sufriera graves desperfectos durante los bombardeos aliados en la etapa final de la Segunda Guerra Mundial.

Convento de los Franciscanos

Convento de los Franciscanos.

Terminamos nuestro recorrido en el Convento de los Franciscanos. Las primeras noticias del complejo, formado por una iglesia, un convento y un claustro, son del siglo XIII. La reconstrucción, tras el incendio de 1291, dio lugar a los edificios góticos que podemos contemplar actualmente. Apenas ha sobrevivido una pequeña parte de los frescos que adornaban sus paredes. Una vez más, los estragos de la última guerra mundial. Al contrario que la mayor parte de Italia, Bolzano se mantuvo bajo control nazi hasta el final de la contienda. Aunque nominalmente formaba parte de la República de Saló, a efectos prácticos era la capital de la OZAV. El precio que pagó fue ser hasta el último momento objetivo de los bombarderos aliados.

Torre del duomo

Torre del duomo.

Pero habíamos ido hasta Bolzano para explorar los Dolomitas. En realidad, había sido una elección a medias. Intentamos alojarnos en un lugar más rústico, pero no fui capaz de encontrar ningún alojamiento decente a un precio razonable. El caso es que, tras llevar unas horas paseando por sus calles, decidimos hacer una primer excursión hacia el corazón de las montañas. En concreto, iríamos hasta San Giovanni in Ranui, en el cercano Val di Funes, apenas 50 kilómetros al norte del hotel. Nos serviría para airearnos y comenzar a familiarizarnos con el entorno.

San Giovanni in Ranui

San Giovanni in Ranui.

Llegamos justo al atardecer. A priori el momento perfecto para hacer fotos. Pero la visita no fue todo lo bien que esperábamos. La iglesia se encuentra en una propiedad privada, a la que hay que pagar para acceder. En cualquier caso, no tenía sentido entrar, pues lo que nos interesaba era la perspectiva del edificio con las impresionantes montañas de Seceda al fondo. Tuvimos la suerte de aparcar en la última «plaza» que quedaba disponible en el exterior. En realidad, un terraplén en una ladera que se despeñaba hacia un pequeño arroyo. En el lugar había varios grupos de fotógrafos, esperando que un claro entre las nubes obrase el milagro de iluminar la escena, ofreciendo una instantánea digna de Instagram. El milagro no llegó. La luz, aun siendo hermosa, nunca llegó a ser espectacular. En cualquier caso, la breve excursión nos marcó el tono que tendrían nuestros próximos días en los Dolomitas. Carreteras zigzagueantes, tráfico intenso, problemas para aparcar y lugares al borde de la saturación, cuando no directamente colapsados. Cansados y un tanto decepcionados, emprendimos el camino de regreso al hotel.

Para ampliar la información:

En Viajeros Ocultos hay un buen artículo sobre la ciudad: https://viajerosocultos.com/bolzano/.

También interesante la entrada en el blog Salta Conmigo: https://saltaconmigo.com/blog/2017/04/que-ver-en-bolzano-italia-tirol-del-sur/.

En viajandonuestravida se puede encontrar información sobre Val di Funes: https://viajandonuestravida.com/val-di-funes-iglesias-ruta-por-dolomitas/.

En inglés, hay una magnífica guía sobre la ciudad en https://www.bolzano.net/en/.

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