Se acercaba el final de nuestro lento peregrinar por la mitad occidental de Islandia. Aquel día, tocaba ir desde Reykholt hasta Garður, en las proximidades del aeropuerto internacional de Keflavik, donde pasaríamos las dos últimas noches en la isla. La distancia por la ruta más directa era de 160 kilómetros. Pero, como siempre, nuestros planes eran algo más complejos. Queríamos despedirnos de las Tierras Altas de Islandia, lo cual nos obligaría a dar un rodeo, elevando la distancia por encima de los 200.

Mañana de sol y lluvia en Reykholt

Mañana de sol y lluvia en Reykholt.

El día amaneció gris, pero no tanto como la tarde anterior. Entre los negros nubarrones, acertaba a filtrarse un sol extraordinariamente brillante que, según salíamos del hotel de Reykholt, nos recibió con un arco iris. Estuvimos tentados de dar otro paseo por uno de los lugares culturalmente más importantes de Islandia, pero sabía que, de hacerlo, acabaríamos empleando demasiado tiempo. Y teníamos por delante una jornada que presumíamos sería muy larga. Aunque en ese momento no sospechábamos cuánto.

Arco iris en Reykholtsdalur

Arco iris en Reykholtsdalur.

El arco iris fue a más, mientras nosotros avanzábamos hacia el este por el valle de Reykholtsdalur, entre las granjas que rodean la carretera 518. Recorríamos la misma ruta que, el día anterior, nos había llevado hasta la cueva de lava de Víðgelmir. Lentamente, el paisaje se iba haciendo más agreste, presagiando la proximidad del extremo occidental de las Tierras Altas de Islandia.

Hraunfossar y Barnafoss.

Nuestra primera parada fue para visitar dos cascadas apenas separadas por unos cuantos metros, Hraunfossar y Barnafoss. La primera, una de las más extrañas de Islandia. La segunda, asociada a una trágica leyenda.​

En el norte de Kaldadalsvegur

Más allá de Húsafell.

A continuación, bordeamos Húsafell, la última granja del valle, actualmente convertida en un centro turístico, con hotel, camping, segundas residencias, alojamientos turísticos, campo de golf y todo tipo de comodidades. La vocación de Húsafell como un lugar de descanso viene de antiguo, pues fue una especie de oasis en la ruta más occidental de las Tierras Altas, entre la meseta de Arnarvatnsheiði y Kaldidalur. Poco después, llegábamos al desvío de la carretera 550, que atraviesa éste último. Nos adentrábamos en terreno desconocido.

Kaldadalsvegur: en el oeste de las Tierras Altas.

La Ruta del Valle Frío es la más occidental de las tres que, antiguamente, permitían a los habitantes del norte de Islandia llegar hasta las reuniones anuales del Alþingi, el parlamento que actuaba como máximo órgano legislativo y judicial durante los tiempos de la Mancomunidad Islandesa.
Llegando a Garður

Llegando a Garður.

Por tentador que fuera, decidimos no detenernos en Þingvellir. Nuestro último objetivo del día era visitar, por segunda vez en el viaje, el volcán de Geldingadalr, en el sur de Reykjanes. Esta vez, si tomamos la ruta directa, atravesando Reikiavik para llegar al hotel poco antes de las tres de una tarde cada vez más gris. De camino, los chaparrones habían sido continuos. Pero, sabiendo que si hay algo errático en Islandia son sus condiciones atmosféricas, decidimos probar suerte en el volcán.

Una sorpresa en Nátthagi.

Para evitar la niebla, nos mantuvimos en la parte más baja de las coladas de lava. Pese a que el volcán parecía estar activo, o al menos eso indicaban los continuos tremores, Nátthagi aparentaba estar sumido en una extraña calma. Las apariencias resultaron ser engañosas.
Acabó siendo una de las jornadas más largas y provechosas de todo el viaje. En la que, entre otras cosas, logramos llevar el tópico de «Islandia, tierra de hielo y fuego», hasta sus últimas consecuencias. Por la mañana, pisando el hielo de un glaciar. Por la tarde, sintiendo el calor abrasador de la lava fundida. Extrañas cascadas, una pista solitaria recorriendo un remoto valle y un paseo por una dorsal oceánica completaron el día. Una magnífica muestra de lo que, cuando todo se pone de cara, puede llegar a dar de sí Islandia. Al día siguiente, veríamos la cruz de la moneda.

Para ampliar la información:

Atlas Obscura tiene un breve artículo sobre Snorralaug, en Reykholt: https://www.findinterestingplaces.com/places/snorralaug.

En El Club Digital hay una reseña sobre Kaldidalur: https://www.elclubdigital.com/foro/showthread.php?t=284881.

En inglés, la web oficial de Húsafell está en https://www.husafell.com.

La web oficial de turismo de Reykjanes tiene una página sobre Garður: https://www.visitreykjanes.is/en/destinations/munincipalities/gardur.