A falta de tres días para regresar de Islandia, me encontraba en Stykkishólmur, a 214 kilómetros del aeropuerto internacional de Keflavik. Pueden parecer pocos, pero en la Tierra de Hielo las distancias son relativas. Mas aun con una sucesión de profundas borrascas invernales atravesando la isla incesantemente, mientras creaban el caos tanto en el tráfico aéreo como en el terrestre. Tenía que ir pensando en acercarme al aeropuerto.

Amanece en Stykkishólmur

Amanece en Stykkishólmur.

El día anterior, había logrado llegar a Stykkishólmur en alas de un intenso vendaval. En cambio, la mañana amaneció asombrosamente tranquila. Sabía que era una situación engañosa. En realidad, el ojo de la borrasca estaba atravesando el norte de Snæfellsnes, creando una pausa entre dos temporales. La decisión racional habría sido aprovechar la calma para ir al menos hasta Reikiavik. Pero no me gusta frecuentar la capital de Islandia y su entorno, excesivamente urbano. Prefería ir hasta Hveragerði. Desde allí, tendría un par de días para recorrer la costa meridional de Reykjanes hasta llegar al aeropuerto. Un plan perfecto, salvo por el pequeño detalle de que, en realidad, a esas horas era imposible llegar a Hveragerði. Tanto la Ring Road como las rutas alternativas estaban cerradas al tráfico.

En el puerto de Stykkishólmur

En el puerto de Stykkishólmur.

Decidí tomármelo con calma. Al fin y al cabo, la principal arteria que vertebra el país no podía permanecer cortada demasiado tiempo. Aprovecharía la mañana para realizar alguna visita en las inmediaciones de Stykkishólmur y, cuando las carreteras estuvieran de nuevo abiertas, me dirigiría hacia el sur. Comencé dando una vuelta por el puerto. La sensación de calma era asombrosa. El ferry Baldur, que une Stykkishólmur con los Fiordos del Oeste, estaba atracado en el muelle septentrional, con su proa abierta, esperando infructuosamente la llegada de algún vehículo. Parecía llamarme, como las sirenas a Odiseo. Pero aquel trayecto estaba completamente fuera de mis posibilidades. Ni me sentía preparado para adentrarme en una de las regiones más complicadas de Islandia, ni tenía tiempo suficiente para intentarlo. «El año que viene«, me prometí.

Una pausa junto a Berserkjahraun

Una pausa junto a Berserkjahraun.

Tan pronto como logré liberarme del embrujo del Baldur, enfilé hacia el oeste, sin un plan determinado. La carretera estaba razonablemente limpia y apenas nevaba. Poco después de las diez y media, llegaba al cruce de la 558, junto a Berserkjahraun. Uno de los campos de lava más hermosos de Islandia, que bajo la nieve parecía todavía más irreal. Había recorrido la 558 en el anterior verano, en unas condiciones deplorables. Ahora, ni tan siquiera tenía esa opción. La pista estaba cubierta por una gruesa capa de nieve.

Kirkjufell entre el temporal

Kirkjufell entre el temporal.

Seguí avanzando hacia el oeste, camino de Kirkjufell. Otro destino esquivo, que había podido visitar en mi primer periplo invernal por la isla, pero ante el que igualmente habíamos fracasado en el verano de 2021. Esta vez, tampoco pudo ser. Según me acercaba a la montaña más fotografiada de Islandia, se levantó un intenso vendaval, mientras comenzaban a caer algunos copos de nieve. Ni pude bajar del coche. Fue la señal inequívoca de que el día estaba cambiando y no precisamente a mejor. Debía salir de allí lo antes posible, desandando mis pasos.

De vuelta en Berserkjahraun

De vuelta en Berserkjahraun.

De regreso, volví a pasar frente a Berserkjahraun. Aproveché para hacer una breve pausa en el cruce de carreteras. El viento arreciaba por momentos, al igual que la nevada. Había que tomar una decisión. Lo más razonable era atravesar el paso de montaña de Vatnaleið, el último que se interponía en mi camino hacia Keflavik, antes de que fuera demasiado tarde. Una vez en el sur de Snæfellsnes, volvería a evaluar mis opciones. Recorrí Vatnaleið en medio de un intenso vendaval, que limitaba la visibilidad y contrastaba con el apacible amanecer en el que había atravesado el mismo puerto en mi anterior periplo invernal por Islandia.

Ventisca en Eldborg

Ventisca en Eldborg.

Al sur de las montañas la situación era algo más tranquila, pero no demasiado. Hasta tal punto, que no me pareció prudente acercarme hasta la célebre iglesia negra de Búðakirkja. El cráter de Eldborg, para muchos el más hermoso de Islandia, también estaba entre mis posibles objetivos. Era demasiado tarde para intentarlo y el día no era el más adecuado, pero me animé a hacer un breve desvío por la carretera de Snorrastaðir, donde arranca la senda que lleva hasta el antiguo volcán, con el fin de explorar mínimamente el entorno.

Alarma en safetravel.is

Alarma en safetravel.is.

Viendo su espléndida silueta y el estado del clima y las carreteras, sobre la marcha decidí quedarme a dormir en Borgarnes. Si la situación mejoraba, al día siguiente intentaría llegar a Eldborg. En caso contrario, al menos estaría mas cerca de Keflavik. Acabé reservando habitación en el hotel Hamar, algo al norte de la pequeña ciudad. El temporal aumentaba por momentos y los avisos en safetravel.is eran continuos. A pesar de que aún no eran ni las dos de la tarde, lo más prudente sería buscar la seguridad del hotel.

Una breve pausa en el temporal

Una breve pausa en el temporal.

Como ya esperaba, el hotel estaba casi vacío. En cambio, no contaba con que estuviera medio congelado. Según me dijo la chica de recepción, habían tenido un apagón de madrugada y estuvieron toda la mañana sin suministro eléctrico. La calefacción, de suelo radiante, se había enfriado y pasarían unas horas hasta que pudiera recuperar su temperatura normal. Acabé caldeando la habitación con un calefactor eléctrico que me prestaron en recepción. Algo realmente extraño en Islandia. Mientras tanto, aproveché para descansar, revisar las fotos del viaje y contemplar, desde el interior del hotel, el intenso temporal de viento y nieve que se desplegaba al otro lado de sus ventanas.

La previsión empeora

La previsión empeora.

Cené un espléndido cordero, en un restaurante del que era el único cliente, mientras la previsión meteorológica empeoraba y, por el ventanal, veía cómo el mundo se desvanecía lentamente, entre la ventisca y las incipientes sombras de la noche. Según me iba a la habitación, la chica de recepción me preguntó si quería apuntarme a la lista de aviso de auroras boreales. ¿Una aurora, en medio de este temporal? Asentí, sin la más mínima fe en recibir la llamada. Acababa de meterme en la cama, cuando sonó el teléfono: había aurora boreal. En uno de los clásicos giros del clima de Islandia, la ventisca había cesado, dando paso a una noche gélida, pero asombrosamente apacible.

Aurora boreal en Borgarnes

Aurora boreal en Borgarnes.

La aurora me había cogido completamente desprevenido. Sabía, por experiencia, que en esos casos no hay que perder la calma. Lo último que debes hacer es salir a la intemperie, en una fría noche de invierno, sin la debida preparación. Primero, monté el trípode y configuré la cámara. Algo que, en la oscuridad, sería bastante más complicado. Después, comencé a vestirme, capa sobre capa de ropa térmica. Finalmente, mas de quince minutos después de haber recibido la llamada, salí al exterior. ¿Seguirían las luces del norte danzando en el cielo?

Luces del norte

Luces del norte.

No fue una gran aurora, pero fue muy larga. Salí a la calle veinte minutos antes de las diez, para hacer la última foto sobre las 22:30. Tiempo de sobra para probar distintas opciones, hasta que logré algunas fotografías que, pese a la escasa intensidad de la aurora y la excesiva luminosidad del entorno, me parecieron más que aceptables. Además, era la primera vez que lograba ver las luces del norte en Islandia, donde las condiciones atmosféricas suelen ser bastante menos favorables que en Ártico noruego. Aquel momento mágico compensó con creces los sinsabores de una larga jornada de incertidumbre y mal tiempo.

Para ampliar la información.

En https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/un-dia-en-snaefellsnes/ se puede ver mi anterior recorrido invernal por la zona, durante una jornada bastante más calmada.

En https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/de-saelingsdalur-a-reykholt/, un itinerario en verano, también truncado por el mal tiempo.

En inglés, la web oficial de turismo de Snaefellsnes está en https://www.west.is/en/destinations/towns-regions/visit-snaefellsnes.

La página Getlocal tiene un par de entradas describiendo itinerarios por la península, en https://www.getlocal.is/blog/getlocals-guide-to-snaefellsnes y https://www.getlocal.is/blog/the-magnificent-snaefellsnes-the-alternative-route.

En guide.is hay una brevísima reseña sobre el paso de montaña de Vatnaleið: https://www.guide.is/places/detail/vatnaleid-mountain-pass-borgarnes-west-iceland.