Último día completo en Islandia. Tan solo teníamos que avanzar hacia el oeste los 129 kilómetros que separan el Hótel Vík, en Vík í Mýrdal, del Hotel South Coast, en Selfoss. Queríamos emplear la mañana recorriendo a fondo Dyrhólaey. Para el resto del día, no teníamos un plan preestablecido. Pararíamos en alguna de las espectaculares cascadas de la costa meridional de Islandia y, después, improvisaríamos.

Dyrhólaey.

El promontorio de Dyrhólaey es, sin ningún género de dudas, uno de los lugares más hermosos de Islandia. Una belleza que, al contrario que en muchos emplazamientos de la isla, aquí se podría calificar como bastante convencional. Unas espléndidas vistas sobre la costa circundante, varios arcos naturales de piedra y la abundancia de aves se conjugan para crear un espacio fascinante.

Skógafoss

Skógafoss.

Nuestra siguiente parada fue Skógafoss, una de mis cascadas favoritas de la isla. Apenas nos detuvimos quince minutos a sus pies. Los justos para hacer un par de fotografías, mientras disfrutábamos de un entorno mucho más tranquilo de lo habitual. Ni tan siquiera nos planteamos subir por la escalera metálica que permite contemplar la parte superior de Skógafoss.

Junto a Gljúfrabúi

Junto a Gljúfrabúi.

Parte de la culpa de nuestras prisas las tuvo Gljúfrabúi. Esta vez, estaba decidido a adentrarme en el angosto pasaje que conduce a los pies de la cascada. Dejamos el coche junto al camping de Hamragarðar y nos dirigimos hacia la estrecha grieta, por la que al final me adentré en solitario. Olga recelaba de la impermeabilidad de su calzado. Pese a tener tan solo 40 metros de altura, Gljúfrabúi es una visita interesante. Aunque la grieta se ensancha en el lugar donde cae el agua, éste sigue siendo un espacio angosto, que magnifica las dimensiones de la cascada. En cualquier caso, la gran cantidad de agua pulverizada que flota en el ambiente se une al ruido que retumba en las paredes para crear un ambiente en el que resulta incómodo permanecer más de unos minutos.

Seljalandsfoss

Seljalandsfoss.

Estando a medio kilómetro de Seljalandsfoss, no fuimos capaces de resistirnos a dar un paseo hasta una de las cascadas más populares de Islandia. También la encontramos bastante más tranquila de lo habitual, por lo que pensamos que era una buena ocasión para recorrer el sendero que pasa tras la cascada. En ese momento, nos dio por consultar el reloj, para comprobar que era casi la una de la tarde. Había que tomar una decisión sobre el resto de la jornada.

Acantilados en Heimaey

Acantilados en Heimaey.

El plan A era recorrer parte del valle del Markarfljót. Bien por su orilla meridional, avanzando por la temida F249 hasta que encontrásemos un vado infranqueable, bien por la F261, en la orilla norte, intentando explorar su primer tramo de cara a un posible itinerario en el verano siguiente. El problema era que, desde nuestra posición, podíamos ver claramente el aguacero que estaba descargando con furia sobre el gran recodo del río, junto a Stóra Dímon. Lo que estuviera pasando aguas arriba, quedaba fuera de nuestro ángulo visual, oculto tras las estribaciones occidentales del Eyjafjallajökull. No nos costó mucho decidirnos por el plan B, aunque nos obligó a partir de inmediato rumbo al puerto de Landeyjahöfn.

Una excursión a Heimaey​.

La isla de Heimaey, cuyo nombre se traduciría por «Isla del Hogar», es la más grande del archipiélago de Vestmannaeyjar y la mayor, tanto en extensión como en población, de todas las islas periféricas de Islandia. Al final, fue nuestra elección para la última visita del día y prácticamente de todo el viaje.

Tras regresar a la isla principal, acabamos el día en Selfoss, cenando estupendamente en Kaffi Krús. Al entrar, no pudimos evitar acordarnos de nuestra anterior visita al restaurante, apenas diez días atrás. En aquella ocasión, recién llegados de una España llena de restricciones y aforos limitados, nos quedamos paralizados al abrir la puerta y encontrar un local literalmente abarrotado, donde los camareros tenían problemas para avanzar entre los clientes, que llenaban hasta el último rincón. Esta vez, nos encontramos un salón medio vacío, en el que sobraban mesas, pese a que tan solo se utilizaba una de cada dos. Un recordatorio de lo mal que había evolucionado la pandemia en Islandia, por culpa de la irresponsabilidad de un grupo de turistas. El duro regreso a la realidad del COVID, tras varios días recorriendo libremente enormes espacios prácticamente vacíos, se unió a la perspectiva de regresar a España en poco más de 24 horas, para inducirnos un estado de melancolía que acabó arrastrándonos directamente de la cena al hotel.

Para ampliar la información:

Hay varias entradas sobre la zona en el blog. Mi reciente recorrido en primavera está en https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/un-dia-en-sudurland/. Mi visita invernal a Reynisfjara y Dyrhólaey en https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/reynisfjara/. Un par de entradas sobre dos visitas muy distintas a Seljalandsfoss: https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/seljalandsfoss-los-males-del-turismo-en-islandia/ y https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/a-solas-en-seljalandsfoss/. Y otra de mi primera experiencia en Skógafoss: https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/skogafoss/.

La ruta es una de las más trilladas de Islandia, por lo que no es difícil encontrar información. Por ejemplo, en el blog 2 guys,1 world describen el itinerario en sentido contrario: https://martisra24104.wixsite.com/2guys1world/single-post/2018/11/25/islandia-d%C3%ADa-3-de-selfoss-a-v%C3%ADk-%C3%AD-mýrdal. Al igual que en Preparar Maletas: https://www.prepararmaletas.com/2016/09/islandia-dia-2-recorrido-selfoss-vik.html.

En inglés, Guide to Iceland tiene una breve entrada sobre Gljúfrabúi: https://guidetoiceland.is/travel-iceland/drive/gljufrabui.