Después de tres días atravesando el interior de Islandia por sus fascinantes carreteras de montaña, llegaba la hora de regresar a la costa y comenzar el recorrido por el noroeste de la isla. El plan para nuestra quinta jornada era hacer un par de breves excursiones en las inmediaciones del Mývatn, para a continuación dirigirnos al Eyjafjörður, que rodearíamos hasta cerca de su desembocadura en el mar de Groenlandia. Desde allí, un breve trayecto atravesando tres túneles nos llevaría a nuestro destino en Siglufjörður.

Un paseo por Dimmuborgir.

La primera excursión del día consistió en un largo paseo por las extrañas formaciones de lava de Dimmuborgir. Un lugar en el que habíamos estado cuatro años atrás, pero que queríamos visitar con más profundidad.

Un paseo hasta Klasar.

Los pilares de lava de Klasar, surgiendo desde las aguas del lago Mývatn, nos habían llamado la atención durante una visita a la cercana península de Höfði. Dado que comparten origen con los de Dimmuborgir, decidimos convertirlos en nuestra siguiente visita.
Pseudocráteres de Skútustaðagígar

Pseudocráteres de Skútustaðagígar.

Terminadas las dos visitas en el entorno del Mývatn, rodeamos el lago por el sur, siguiendo la carretera 848 camino de la Ring Road. La mañana era tan espléndida como las vistas sobre el lago y el laberinto de islotes y penínsulas que puebla sus someras aguas. Tan solo hicimos una breve parada en las inmediaciones de los pseudocráteres de Skútustaðagígar. Un lugar interesante, pero que no teníamos tiempo de recorrer.

Goðafoss, o la urbanización de Islandia.

Tampoco pensábamos visitar nuevamente Goðafoss. El día anterior, bajando desde las Tierras Altas, incluso habíamos evitado pasar por sus inmediaciones. Pero, según llegábamos a su desvío, la doble visión de su hermosa estampa y de unos aparcamientos casi vacíos fue suficiente para hacernos cambiar de planes.
Valle del Fnjóská

Valle del Fnjóská.

Realizada la parada imprevista del día (algo por otra parte bastante común en Islandia), reanudamos nuestra ruta, camino del Eyjafjörður y Akureyri, la principal ciudad del norte de la isla. Recorríamos un paisaje familiar, atravesando de nuevo la primera carretera por la que había conducido en Islandia. Según llegábamos al túnel de Vaðlaheiðargöng, inaugurado en 2018, decidimos rememorar nuestra primera jornada en la isla recorriendo el antiguo trazado de la Ring Road, rebautizado como carretera 84, por el valle del Fnjóská y el paso de Víkurskarð.

Akureyri desde la orilla opuesta del Eyjafjörður

Akureyri desde la orilla opuesta del Eyjafjörður.

Tras superar este último y llegar a la orilla del fiordo, la carretera giraba hacia el sur, recorriendo la orilla oriental del Eyjafjörður. Poco antes de reincorporarnos a la Ring Road, hicimos una breve pausa en un mirador sobre el fiordo. Frente a nosotros estaba Akureyri, el primer lugar que conocimos de Islandia, cuando llegamos a su puerto a bordo del MS Rotterdam en el verano de 2017. Entonces, nos detuvimos en el mismo mirador y habíamos hecho una foto casi idéntica. Más allá de un cielo ligeramente más despejado, la principal diferencia era la ausencia de barcos de crucero.

Hafnarstræti

Hafnarstræti.

La siguiente parada fue en el centro de Akureyri. La última vez que nos detuvimos en sus calles, apenas un año atrás, llovía a cántaros, por lo que nos habíamos limitado a tomar un café y seguir nuestro camino hacia el este. Ahora recorríamos la ruta en sentido contrario y en una jornada cada vez más soleada. Dimos un tranquilo paseo por su calles, subimos la escalinata hasta la puerta de Akureyrarkirkja, que encontramos cerrada, y aprovechamos para comprar un par de guías en Penninn Eymundsson, la espléndida librería que hay en la esquina entre Hafnarstræti y Kaupvangsstræti.

Costa occidental de Flateyjarskagi

Costa occidental de Flateyjarskagi.

Tras seguir unos kilómetros hacia el norte por la Ring Road, nos desviamos en el cruce con la 82, que avanzaba más o menos en paralelo a la orilla oeste del Eyjafjörður. Uno de los mayores fiordos de Islandia, con 60 kilómetros de longitud. Nosotros recorríamos la península de Tröllaskagi, que forma su orilla oeste. En la orilla oriental está la península de Flateyjarskagi, una de las más salvajes de la isla. A pesar de estar a tan solo unos kilómetros de Akureyri, hasta 2011 ni tan siquiera tenía denominación oficial y era conocida con nombres diversos en cada lugar circundante. En algunos, todavía se la sigue llamando Gjögraskagi o Flateyjardalsskagi.

Hrísey, en el Eyjafjörður

Hrísey, en el Eyjafjörður.

El centro del fiordo está ocupado por la isla de Hrísey, cuyo bajo perfil contrasta con las montañas circundantes. Mide 7,5 por 2,5 kilómetros y tiene una población de apenas 120 habitantes. Estuvo habitada desde la época del Landnáma, siendo tradicionalmente un asentamiento pesquero, hasta el colapso de las pesquerías en la segunda mitad del siglo XX. En la actualidad, la isla es considerada uno de los mayores santuarios de aves de Islandia.

Costa oeste de Ólafsfjörður

Costa oeste de Ólafsfjörður.

Poco después de las cinco llegábamos a Múlagöng, uno de los curiosos túneles de un carril que hay en Islandia en los que, cuando no tienes preferencia, debes ir saltando de apartadero en apartadero, mientras cedes el paso a los vehículos que vienen de frente. Al otro lado está Ólafsfjörður, una pequeña localidad que no llega a los 800 habitantes, unida a Siglufjörður en 2006 para formar el nuevo municipio de Fjallabyggð. El curioso contraste entre la relativa pujanza de Siglufjörður y las mortecinas calles de Ólafsfjörður daría para un estudio sobre el correcto aprovechamiento económico de las infraestructuras y de los equipamientos y actividades culturales.

Héðinsfjörður

Héðinsfjörður.

No nos detuvimos en Ólafsfjörður. El primero de los dos túneles de Héðinsfjarðargöng nos llevó a Héðinsfjörður, un fiordo deshabitado que, antes de la apertura de los túneles era únicamente accesible por mar. En los apenas 650 metros que separan ambos túneles hay un pequeño aparcamiento, que aprovechamos para hacer una pausa. Pese a estar a escasos metros de la carretera, la sensación de calma era absoluta, tan solo rota brevemente en las escasas ocasiones en que algún vehículo emergía de una de las bocas de los túneles. El río Héðinsfjarðará zigzagueaba por una verde pradera camino del lago Héðinsfjarðarvatn. A lo lejos, la barra que separa éste del mar abierto nos impedía ver el horizonte.

Siglufjörður.

Llegamos a Siglufjörður poco después de las seis de una tarde cada vez más gris. La pequeña población nos sorprendió, tanto por la belleza de su entrono como por el interés de su historia y su núcleo urbano. Algo muy poco común en Islandia.
Habíamos llegado al norte de Islandia y a la orilla del mar de Groenlandia. El plan para los días siguientes era avanzar hacia el oeste, procurando ceñirnos a la costa, para llegar hasta el final de la última pista antes de Hornstrandir, la salvaje península que corona los Fiordos del Oeste. Pensábamos que, viniendo de atravesar de lado a lado las Tierras Altas de Islandia, el resto del itinerario por la isla sería pan comido. No podíamos estar más equivocados.
Para ampliar la información:

En Viajeros Ocultos dan algunos consejos sobre actividades en Akureyri y sus alrededores: https://viajerosocultos.com/akureyri-la-capital-del-norte-de-islandia.

En inglés, la página oficial de turismo de Akureyri es https://www.visitakureyri.is/en.

La web de turismo del norte de Islandia está en https://www.northiceland.is/.

También es interesante visitar la página oficial de Norðurstrandarleið en https://www.arcticcoastway.is/.

La península de Tröllaskagi también tiene web oficial: http://www.visittrollaskagi.is.