Haukadalur podría ser una de las zonas más fascinantes de Islandia, pero tiene un problema: es uno de los lugares más populares de la isla. La carretera 35 pasa justo al lado del área geotermal, que está situada entre Gullfoss y Þingvellir, las otras dos joyas del Círculo Dorado. El resultado es un área bastante urbanizada, en la que los aparcamientos se alternan con campings, tiendas de recuerdos y hoteles. Haukadalur está lejos de ser una muestra de la Islandia más salvaje.

Suelo junto a Strokkur

Suelo junto a Strokkur.

Había conocido Haukadalur en un largo día de julio. Pese a ir a última hora de la tarde, el lugar estaba bastante concurrido. Sobre todo Strokkur, su atracción principal. Tampoco tuve mejor suerte durante mi visita invernal. En realidad, encontré casi tanta afluencia como en verano, pero concentrada en las escasas horas de luz. Sabiendo por experiencia que el mejor momento para visitar cualquier espacio concurrido es la primera hora de la mañana, pensamos que era buena idea dormir en uno de sus hoteles e intentar ser los primeros visitantes del día.

Haukadalur desde el mirador

Haukadalur desde el mirador.

Llegamos al hotel Geysir a media tarde, tras una larga jornada descendiendo desde las Tierras Altas de Islandia. Cansados, polvorientos y con un hambre voraz. Tras asearnos y cenar, aprovechamos el largo atardecer para dar un primer paseo por la zona. Había muchos menos visitantes que en las dos ocasiones anteriores. Al fin y al cabo, comenzaba a ser tarde y estábamos en el primer verano de la pandemia, con el turismo en Islandia reducido a la cuarta parte de un año normal. Pero no estábamos solos. Sobre la marcha, decidimos subir al punto panorámico que hay en la cima de una colina cercana. El mirador brindaba una vista general de Haukadalur y su entorno parcialmente urbanizado, así como del vecino valle de Helludalur, bastante más rural. Interesante, pero nada excepcional. Agotados y un tanto decepcionados, nos fuimos a dormir.

Strokkur rompiendo la burbuja

Strokkur rompiendo la burbuja.

Al día siguiente, estábamos frente a Strokkur antes de las siete de la mañana. El tiempo había cambiado y la espléndida tarde de la jornada anterior se había convertido en una mañana gris, en la que la lluvia parecía inminente. Además, fracasamos en nuestro intento de llegar los primeros frente al géiser. Se nos había adelantado un fotógrafo, con su trípode instalado al borde del área acordonada. Pero no nos importó. La mañana era asombrosamente serena y el fotógrafo permanecía en silencio, sentado en un banco cercano, dejando que la cámara hiciera su trabajo. Además, Strokkur nos recibió expulsando un imponente chorro de agua hirviente, seguido de una erupción secundaria cuando el agua de la primera estaba aún suspendida en el aire. La mayor, con diferencia, de las erupciones que he podido disfrutar en el géiser.

Geysir

Geysir.

También nos acercamos a hacer una visita al venerable Geysir, que yacía durmiendo en lo alto de su promontorio. Su nombre procede de geysa, un verbo del noruego antiguo, de difícil traducción pero que podría equivaler a nuestro salir a chorros o a borbotones. Al contrario que Strokkur, que se activa con una frecuencia máxima de 10 minutos, Geysir es completamente impredecible, pudiendo pasar años entre dos erupciones. A cambio, éstas son mucho más violentas, habiendo llegado a alcanzar los 170 metros de altura. Ese día, más allá de los vapores que emanaban de su superficie, la única señal de actividad era el agua que lentamente rebosaba sobre el borde del géiser, tiñendo de blanco las rocas circundantes.

Charca junto a Strokkur

Charca junto a Strokkur.

Seguimos paseando por la zona, recorriendo varias charcas hidrotermales. Algunas, con extraños colores, creados por las sustancias químicas que contiene el agua. Otras, engañosamente claras. Sus aguas transparentes transmitían una falsa sensación de calma. Tan solo los vapores que flotaban sobre la superficie delataban su peligrosa naturaleza, con una temperatura cercana al punto de ebullición.

Mientras, Strokkur seguía a lo suyo, con sus erupciones periódicas. Antes de regresar al hotel, pasamos una vez más junto al géiser. El fotógrafo se había marchado, dejándonos completamente a solas en el lugar. Pero el entorno, lleno de construcciones humanas, hacía prácticamente imposible encontrar esa extraña mezcla de sentimiento de insignificancia y comunión con la naturaleza que tantas veces he sentido en otros lugares de Islandia. En cualquier caso, el paseo matutino cumplió nuestro propósito de, por una vez, lograr recorrer Haukadalur con tranquilidad.

Para ampliar la información:

El blog Los Viajes de Wircky tiene una buena entrada sobre la zona: http://wircky.com/gran-geysir-y-strokkur-geisers-islandia/.

En la web Guia de Islandia hay una página bastante completa dedicada a Haukadalur: https://www.guiadeislandia.es/haukadalur-el-valle-de-los-geisers/.

En inglés, la web Arctic Adventures tiene una página con abundante información: https://adventures.is/information/geysir-geothermal-area/.​

La entrada sobre Haukadalur en la página oficial de turismo del sur de Islandia está en https://www.south.is/en/place/geysir-geothermal-area.

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