En el año 939 se produjo una gran erupción en el sur de Islandia. La mayor que se conoce en época histórica. Se estima que expulsó 19,6 km³ de material fundido, que acabaron cubriendo una superficie cercana a los 840 km². Sus efectos fueron devastadores. En la isla, destruyó cosechas y contribuyó al proceso de deforestación. Más lejos, su nube de cenizas provocó el verano más fresco en 1.500 años. En lugares tan alejados como Asia Central las temperaturas bajaron 2ºC. También aceleró el proceso de cristianización de Islandia, pues fue interpretada como una señal de la ira de Dios, provocada por las creencias paganas de los antiguos nórdicos.

El Norđari Ófæra avanzando por el fondo de Eldgjá

El Norđari Ófæra serpenteando por el fondo de Eldgjá.

Cuando cesó el flujo de lava, dejó una gran herida abierta en el paisaje. Un cañón de casi 9 kilómetros de longitud, con una profundidad máxima de 270 metros y una anchura que llega a los 600. La zona había quedado prácticamente deshabitada y olvidada. Aunque la fisura era conocida por los escasos habitantes del distrito de Skaftafell, habría que esperar hasta 1893 para que el geólogo islandés Þorvaldur Thoroddsen la cartografiara, revelando al mundo la existencia del mayor cañón volcánico del planeta y bautizándolo como Eldgjá: el Cañón de Fuego.

La fisura, al suroeste del Norđari Ófæra

La fisura, al suroeste del Norđari Ófæra.

En realidad, el cañón es parte de un sistema de fisuras que se extiende en sentido suroeste – noreste, desde el Mýrdalsjökull hasta el Vatnajökull, en una de las zonas volcánicas más activas de Islandia. El sistema cubre al menos 57 kilómetros entre ambos glaciares, aunque en realidad no se sepa con certeza si se prolonga bajo las nieves perpetuas, que esconden dos de los mayores volcanes de la isla: el Katla y el Grímsvötn. En cualquier caso, los 8,5 kilómetros de su fisura oriental, rematados por el monte Gjatindur, son sin duda alguna los más espectaculares y los que más visitantes atraen.

Puente sobre el Norđari Ófæra

Puente sobre el Norđari Ófæra.

El acceso a Eldgjá no es sencillo. Tan solo se puede llegar por la F208. Una de las carreteras de montaña de Islandia, por las que tan solo es posible conducir vehículos 4×4. Nosotros llegábamos desde el sur. Tras atravesar el primer vado de la ruta, sobre el río Strangakvísl, tomamos el primer desvío a la derecha siguiendo la F223. La pista, de apenas 1.300 metros de longitud, serpenteaba por el fondo del cañón. Un anticipo de lo que nos esperaba más adelante. Nos llevó hasta una explanada de tierra, que hacía las veces de aparcamiento, justo antes del Norđari Ófæra. Un puente peatonal permitía atravesar el río y adentrarse en el impresionante entorno.

Camino de Ófærufoss

Camino de Ófærufoss.

Nuestro objetivo era ir hasta los pies de Ófærufoss, la espléndida cascada por la que el Norđari Ófæra se desploma en el fondo de Eldgjá. Para llegar, apenas teníamos que caminar un par de kilómetros, por una senda razonablemente cómoda que avanzaba entre la orilla izquierda del río y los grandes terraplenes del barranco. Mas allá del propio interés del paisaje, el paseo resultaba muy agradable, en una jornada sin viento y con una temperatura suave. Progresábamos lentamente, incapaces de resistirnos a los encantos del impresionante entorno que nos rodeaba. Nos llevó más de media hora llegar a nuestro destino.

Llegando a Ófærufoss

Llegando a Ófærufoss.

La cascada no nos decepcionó. Sin estar entre las mas espectaculares de Islandia, hacía honor a su fama. Es una pena que, en 1993, se desplomara el arco natural que hasta entonces la atravesaba. La única foto que he podido encontrar anterior a dicha fecha se puede ver en la Wikipedia. En cualquier caso, el doble salto era de una belleza indudable, realzada por el imponente entorno. La única persona con la que nos cruzamos durante la caminata, nos había indicado que una precaria escalera permitía llegar a una plataforma entre ambos tramos de la cascada. Pero, antes de recorrerla, decidí aprovechar la falta de viento y la absoluta soledad en la que nos habíamos quedado para volar el dron.

Lo elevé a la altura máxima permitida en Islandia sin un permiso especial: 120 metros sobre mi ubicación. La vista era impresionante. El monte Ljónstindur creaba un fondo perfecto para el zigzagueante río, que acababa desplomándose por Ófærufoss. Hice varias fotos y un video volando el dron hacia atrás, que quedó razonablemente bien. Pero la cascada había quedado un poco descentrada. Animado por las espléndidas condiciones atmosféricas, decidí realizar otra toma. En esta ocasión, era casi perfecta. Impulsado por mi propio entusiasmo, sobre la marcha decidí seguir alejándome de la cascada, para tener una vista más general de su entorno. Hasta que, de repente, el dron dio un error de posicionamiento. Concentrado en la toma, había atravesado el cañón de lado a lado, sin advertir que su parte oriental era algo más alta que la occidental. Había estrellado el dron contra una de las rocas.

Recuperando el dron

Recuperando el dron.

Me costó más de una hora localizarlo. En un primer intento, subiendo por la ladera oriental del cañón, llegué hasta los pies de los riscos, que me impidieron seguir avanzando. Tuve que volver a descender y dar un rodeo siguiendo un sendero, hasta llegar al camino que recorre el cañón por encima de su pared este. Finalmente, sobre la una de la tarde, logré dar con el dron, que yacía boca arriba, con una pose curiosamente antropomórfica. Me limité a recogerlo y guardarlo en la mochila. Para mi sorpresa, esa misma noche pude comprobar que había sobrevivido al accidente con tan solo algún rasguño en su carcasa de plástico.

Vista desde la senda superior

Vista desde la senda superior.

Mientras, Olga se había quedado en el fondo del barranco. Decidimos reencontrarnos en el aparcamiento. Ella, regresando de nuevo por el fondo de Eldgjá, mientras yo utilizaba la senda que avanza por encima del borde oriental del cañón. Sin pretenderlo, acabé recorriendo las dos rutas principales que permiten adentrarse en Eldjá. Ambas me parecieron interesantes. La inferior permite apreciar mejor el tamaño del cañón, así como acercarse hasta los mismos pies de Ófærufoss. La superior, ofrece unas vistas magníficas sobre el paisaje circundante. Quizá lo más recomendable sea recorrer ambas, cambiando de senda por la «escalera» que las comunica, unos 500 metros al sur de la cascada.

Ófærufoss y el monte Ljónstindur

Ófærufoss y el monte Ljónstindur.

Al final, una excursión que habíamos previsto hacer en hora y media acabó llevándonos más del doble. Más allá del incidente con el dron, la espléndida naturaleza de Islandia había vuelto a trastocar nuestros planes. En cualquier caso, Eldgjá me pareció un lugar impresionante, que tuvimos la suerte de recorrer en una jornada con unas condiciones óptimas. Pero, por desgracia, nuestro tiempo en la F208 era limitado. Nuestra prolongada estancia en el cañón nos obligó a reconfigurar el resto de la jornada, impidiéndonos regresar a Landmannalaugar. No se puede tener todo.

Para ampliar la información:

Dondeviajar tiene una entrada sobre el cañón: https://dondeviajar.republica.com/viajes/eldgja-la-mayor-fisura-volcanica-de-islandia.html.

En https://www.findinterestingplaces.com/articles/when-did-eldgja-erupt-iceland describen la erupción desde el punto de vista histórico.

En inglés, la web oficial del Katla Geopark tiene una entrada sobre el cañón: https://www.katlageopark.com/geosites/eldgja-ofaerufoss/.

Quien quiera profundizar sobre los aspectos geológicos de Eldgjá, puede descargar un interesante PDF en https://nordvulk.hi.is/sites/nordvulk.hi.is/files/NVI_Reports_pdf/nvi_report_8903_low_text.pdf.

Más breve, pero también interesante la entrada en Geocaching: https://www.geocaching.com/geocache/GC3T6DF_eldgja-fissure?.