Terminada nuestra poco satisfactoria visita a Stuðlagil, quedaba por hacer la última excursión del día, en las impresionantes cascadas de Litlanesfoss y Hengifoss. El camino fácil era retroceder por la 923 y recorrer la Ring Road hasta el cruce de la 931, que lleva cerca del inicio de la senda que da acceso a los dos saltos de agua. Pero había otra ruta. Esa misma mañana, curioseando en uno de los interesantes paneles informativos que hay repartidos por las carreteras de Islandia, había podido averiguar que, atravesando las Tierras Altas, se podía llegar desde Stuðlagil hasta el extremo meridional del lago Lögurinn, muy cerca del aparcamiento de Hengifoss. Aunque había unos cuantos kilómetros menos, sabía que íbamos a tardar bastante más en recorrerlos. Pero parecía una ruta más interesante que la Ring Road.

El puente de Brú

El puente de Brú.

En realidad, no tomamos la decisión en aquel momento. Decidimos ir desde Stuðlagil hasta Brú, una granja situada apenas 13 kilómetros aguas arriba, donde había un puente sobre el Jökulsá á Dal, sucesor del precario sistema de cables que antiguamente permitía atravesar el río y del que aun se pueden apreciar algunos restos. Una vez en Brú, haríamos una pausa y estudiaríamos la situación.

El Jökulsá á Dal en Brú

El Jökulsá á Dal en Brú.

El lugar, además de un remanso de paz, era fiel reflejo de los cambios provocados por la gran presa de Kárahnjúkar. El antaño tumultuoso Jökulsá á Dal, remansado en el fondo de su antiguo cauce, parecía una balsa de aceite. Sus aguas, antes grises por la gran cantidad de sedimentos que transportaban, tenían ahora un extraño color turquesa. Era hermoso, pero no pudimos evitar sentir lástima, viendo en qué se había convertido uno de los ríos más salvajes de Islandia.

En la 907

En la 907.

Desde allí teníamos tres opciones. Regresar a la Ring Road, seguir por la 923 atravesando el puente o desviarnos por la 907 hasta la F910. Descartamos la primera opción, pues no queríamos recorrer dos veces la misma carretera. La segunda significaba acabar en la F923, una carretera de montaña con un par de vados, de los que desconocíamos su grado de dificultad. No parecía razonable. Quedaba la 907. Nos obligaba a recorrer el extremo oriental de la F910, una de las carreteras de montaña más complicadas de la isla. Los 227 kilómetros de pista que separan su arranque junto al vado del Hagakvislar, en la F26, de la presa de Kárahnjúkar, donde la F910 se convierte en una carretera asfaltada, forman uno de los trayectos legendarios de las Tierras Altas. Nosotros solo recorreríamos sus últimos 29 kilómetros donde, al menos en teoría, no deberíamos atravesar ningún vado. La posibilidad de regresar a las Tierras Altas y conocer, aunque fuera mínimamente, una de las rutas míticas de Islandia, era una tentación demasiado grande para resistirse.

Descendiendo hacia el el Reykjará

Descendiendo hacia el el Reykjará.

Unos minutos después, nos adentrábamos en la F910 con una mezcla de respeto y fascinación. La pista era muy similar a las que habíamos recorrido camino de Landmannalaugar o Kerlingarfjöll. Pero con mucho menos tráfico y atravesando un paisaje todavía más duro y desolado. Tras tomar altura, volvimos a descender hacia el valle del Reykjará, donde atravesamos el río por un «puente» formado por varios tubos metálicos cubiertos de tierra. Un sistema, simple pero eficaz, que se utiliza con relativa frecuencia en las carreteras secundarias de Islandia.

El Snæfell desde la F910

El Snæfell desde la F910.

Superado el río, la pista volvía a ascender, entre un terreno cada vez más impresionante. A nuestra izquierda, las cumbres nevadas de Snæfell parecían querer alcanzar las nubes. Más cerca, se intuía una profunda depresión, señal inequívoca de que nos aproximábamos a Hafrahvammagljúfur, el otro gran cañón del Jökulsá á Dal. Conducir por un lugar tan fascinante era una experiencia maravillosa. Me relajé, extasiado por el entorno. Y entonces, en una curva, el coche derrapó levemente. No nos salimos de la pista, pero pasamos sobre una gran piedra que había en su borde, provocando un sonido seco.

En la F910

En la F910.

Me detuve para comprobar si había algún daño, sin apreciar ningún desperfecto. Pero, unos minutos más tarde, sonó una alarma en el panel de mandos. La rueda que había impactado con la piedra estaba perdiendo aire. Volví a parar para examinarla, sin ver nada extraño. En ese momento, recordé que, al recoger el coche, no me había preocupado por la rueda de repuesto. Resultó que ésta era del tipo «galleta», con una sección ridícula, más aun para rodar sobre una pista de tierra, llena de baches. Me pareció mucho más sensato seguir con la rueda que llevábamos, al menos hasta alcanzar el asfalto.

Llegando a Kárahnjúkar

Llegando a Kárahnjúkar.

Poco después, comenzamos a ver una gran superficie de agua al frente, mientras la pista giraba y comenzaba a descender. Estábamos llegando a Kárahnjúkar y el asfalto. En el panel de mandos, se había activado automáticamente una visualización que permitía comprobar la presión de las cuatro ruedas. La que perdía aire, aún mantenía una presión superior a las ruedas delanteras. Tras setenta minutos conduciendo por la F910, decidimos hacer una breve pausa en el aparcamiento de Kárahnjúkar, estirar las piernas, contemplar el paisaje y volver a evaluar la situación con la cabeza más despejada.

Presa de Kárahnjúkar

Presa de Kárahnjúkar.

La gran presa de Kárahnjúkar fue construida entre 2003 y 2006. Está formada por un gran talud de material suelto, con una membrana de hormigón que protege e impermeabiliza el costado sumergido. Con 192 metros de altura y 730 de longitud, es la mayor de su tipo en Europa. Su propósito es retener y desviar el curso del Jökulsá á Dal, que se canaliza hacia el noreste, por medio de un gran túnel de 50 kilómetros de longitud excavado en la roca, hacia la central hidroeléctrica de Fljótsdalur. El proyecto, cuyo fin último es dotar de energía a la planta de producción de aluminio de Alcoa en Fjarðaál, provocó una fuerte polémica, que aún sigue viva. No es para menos, dado el fuerte impacto que ha tenido en lo que antes era una de las regiones más remotas y vírgenes de Islandia.

Hafrahvammagljúfur

Hafrahvammagljúfur.

Justo a los pies de la gran presa está el imponente cañón de Hafrahvammagljúfur, con 200 metros de profundidad y 8 kilómetros de longitud. Su anchura oscila entre 100 y 150 metros, dándole la apariencia de una grieta gigantesca que algún cataclismo hubiera abierto en medio del áspero terreno. En realidad, fue excavado a lo largo de millones de años por el antes poderoso Jökulsá á Dal. En la actualidad, el río parece un arroyo, avanzando con dificultad por el fondo del enorme cañón. Aunque, ocasionalmente, el gran aliviadero de la presa, con una capacidad de 2.200 m³/s, puede crear una gran cascada artificial, devolviendo temporalmente al río su pasada gloria. La efímera cascada, de 90 metros de altura, ha sido bautizada como Hverfandi, que en español se traduciría como «Desapareciendo». Un nombre muy apropiado.

Embalse de Hálslón

Embalse de Hálslón.

Hacia el sur se extiende el gran embalse de Hálslón. Con una superficie de 57 kilómetros cuadrados, es el más extenso de toda la isla. Más allá de sus aguas grisáceas, podíamos ver las lejanas nieves perpetuas del gran Vatnajökull, que al principio habíamos tomado por nubes bajas. A pesar de saber que el lago es artificial, la vista no dejaba de ser impresionante. Pero no pudimos disfrutarla tranquilamente. Nos estaba esperando un neumático deshinchándose lentamente.

Vatnajökull y Kverkfjöll

Vatnajökull y Kverkfjöll.

Resultó que la rueda aún mantenía la mayor parte de su aire. Estábamos a 97 kilómetros de Egilsstaðir, pero todos eran de carretera asfaltada. Con suerte, precaución y un ojo puesto en el indicador de presión, quizá podríamos llegar. De camino, aun nos permitimos el lujo de hacer una última parada, aunque breve, en un mirador unos 12 kilómetros al este de la presa. No era lo más prudente, pero no pudimos resistir la tentación. La amplia vista abarcaba desde el páramo de Fljótsdalsheiði hacia el norte, hasta el lejano Vatnajökull y las montañas de Kverkfjöll hacia el sur. Fue una buena forma de despedirnos de las tierras altas.

Llegando al Lagarfljót

Llegando al Lagarfljót.

Aunque la rueda apenas perdía aire, nos pareció demasiado arriesgado volvernos a detener. Comenzaba a hacerse tarde y teníamos que resolver el problema ese mismo día. Además, empezó a llover. Tuvimos que renunciar a visitar Litlanesfoss y Hengifoss, conformándonos con disfrutar del paisaje que nos encontrábamos sobre la marcha. Una lástima, pues el descenso hacia el Lagarfljót y la posterior ruta por la orilla oriental del lago hubieran merecido más de una parada.

Reparando el pìnchazo en Egilsstaðir

Reparando el pìnchazo en Egilsstaðir.

La excursión terminó en un taller de reparación de neumáticos en Egilsstaðir. Según nos dijo el operario, todo el problema venía de una inapreciable deformación en la llanta, que provocaba una leve pérdida de aire. De no haber sido por los sensores del vehículo, probablemente nos hubiéramos dado cuenta demasiado tarde, con la rueda completamente deshinchada. A pesar del incidente, que trastocó nuestro plan para esa tarde, la breve excursión por las Tierras Altas mereció la pena. Además de los imponentes paisajes que pudimos disfrutar, fue otra valiosa experiencia de cara al viaje del año siguiente, que ya estaba tomando forma en mi cabeza.

Para ampliar la información:

En Saving Iceland se puede consultar un artículo oponiéndose a Kárahnjúkar, escrito antes de la construcción de la presa: https://www.savingiceland.org/es/2004/01/nacion-condenada-2/.

En inglés, el blog Smarttrippers describe un recorrido bastante más amplio que el nuestro por la parte oriental de las Tierras Altas: https://www.smartrippers.com/en/article/f88-and-f910-discovering-the-highlands-of-north-east-iceland.

En Hit Iceland hay una entrada sobre el cañón de Hafrahvammagljúfur: https://hiticeland.com/hafrahvammagljufur-canyon-in-the-deep-highland-iceland.

Quien quiera profundizar sobre el debate creado por la planta de aluminio en Fjarðaál, puede visitar https://archive.nordregio.se/en/Metameny/About-Nordregio/Journal-of-Nordregio/Journal-of-Nordregio-no-2-2011/Lessons-from-Alcoa-in-East-Iceland/index.html.