Pocos visitantes de Venecia saben que, en realidad, el peculiar modo de vida que acabó desembocando en el nacimiento de la fascinante ciudad no se originó en el emplazamiento actual de ésta. Al contrario, fue en la zona septentrional de la laguna, actualmente conocida por algunos como «Venecia Nativa», donde se establecieron sus primeros pobladores. Según la tradición, buscando refugio ante las invasiones bárbaras. Quizá sea este el motivo por el que todos los que amamos Venecia y su original entorno sintamos una irremediable atracción por las pequeñas poblaciones que la ocupan.

Torcello desde un vaporetto de la linea 12

Torcello desde un vaporetto de la linea 12.

En nuestra última excursión por la zona septentrional de la laguna habíamos recorrido Burano y la cautivadora Torcello, centrándonos en esta última. En esta ocasión, queríamos revisitar Burano y aprovechar para conocer alguna otra isla menos frecuentada. De paso, intentaríamos regresar a Venecia utilizando una linea secundaria de vaporetto, que nos llevaría por caminos menos trillados. Como siempre, arrancamos la excursión callejeando rumbo a los muelles de Fondamente Nove, haciendo todo lo posible para perdernos y acabar descubriendo algún lugar recóndito de la ciudad.

Mañana de agosto en Fondamente Nove

Mañana de agosto en Fondamente Nove.

Llegamos a Fondamente Nove sobre las nueve de una mañana que presagiaba una tarde de bochorno. Tan solo en el horizonte, sobre los lejanos Dolomitas, era posible adivinar algunas nubes. El aire tampoco se movía. Una extraña quietud envolvía la zona, normalmente saturada de turistas y venecianos intentando acceder a los vaporetti que llevan a Murano y más allá. No estábamos solos, pero la falta de turismo, en una ciudad golpeada duramente por la pandemia, era más que evidente.

Entre San Michele y Murano

Entre San Michele y Murano.

Subimos a un vaporetto de la linea 12, que debía llevarnos a nuestro primer destino, en la poco conocida  isla de Mazzorbo. El barco iba prácticamente vacío, lo que nos permitió disfrutar a nuestras anchas de las espléndidas vistas sobre la isla de San Michele y Murano. Nos llevó cuarenta minutos llegar a nuestra primera escala de la mañana.

Un paseo por Mazzorbo.

Mazzorbo, que hace siglos fue uno de los principales núcleos urbanos de la laguna, se ha convertido en un lugar tranquilo y relajado, principalmente ocupado por viñedos. Sus solitarias calles nos hablan de cómo pudo ser la vida en la laguna antes del auge comercial y político de Venecia.

Cruzamos de Mazzorbo a Burano por un puente de madera, conocido por los lugareños como Ponte Longo.

Los colores de Burano.

Si por algo destaca Burano, más allá de sus famosos encajes, es por los vivos colores que lucen las fachadas de sus edificios. Hasta tal punto, que las autoridades locales se encargan de gestionar la explosión cromática que podemos disfrutar entre sus canales y callejuelas.

Treporti

Treporti.

Tras un par de horas paseando por Burano, era el momento de regresar a Venecia. En realidad, la hora estaba predeterminada por nuestra intención de utilizar la linea 13 del vaporetto. Una linea secundaria, con escasa frecuencia de paso, pero que recorría la laguna entre medias de dos líneas que ya conocíamos, las 12 y 15. En cualquier caso, comenzamos nuestro regreso subiendo a la linea 12, que nos llevó hasta Treporti. Un embarcadero sin mayor interés, ubicado entre un aparcamiento y un puerto deportivo, en una de las islas del nordeste de la laguna.

Vaporetto de la linea 13

Vaporetto de la linea 13.

Poco después, llegó el barco de la linea 13, que nos llamó la atención por sus reducidas dimensiones. También era bastante cerrado. Afortunadamente, íbamos casi solos y pudimos acomodarnos en la primera fila de asientos, junto a las ventanas frontales del vaporetto. Al principio, la ruta retrocedía de nuevo hacia Burano, dando un rodeo por aguas relativamente profundas mientras buscaba la entrada al canal que bordea la isla de Sant’Erasmo por el noroeste. Durante un breve instante, volvimos a tener al frente la silueta de Burano, enmarcada por los primeros contrafuertes de los Alpes.

S. Erasmo Punta Vela

S. Erasmo Punta Vela.

En apenas unos minutos, viramos hacia el suroeste, rumbo a S. Erasmo Punta Vela, el primero de los embarcaderos que jalonan la costa de la isla. Con 3,26 km² ésta es la segunda en extensión de la laguna, tan solo superada por la propia Venecia. Aunque, si consideramos que en realidad Venecia es un conjunto de 117 pequeñas islas unidas por puentes, Sant’Erasmo sería la mayor de todas. A pesar de lo cual, su población tan solo asciende a 610 habitantes. Se piensa que, antes de la formación de Punta Sabbioni, pudo ser una de las franjas costeras que protegían la laguna del mar abierto, al estilo del actual Lido. En aquella lejana época, en torno al siglo XI, habría sido un activo puerto, dando servicio a Torcello y Murano.

San Francisco del Desierto

San Francisco del Desierto.

A estribor quedó San Francisco del Desierto, un islote de apenas 4 hectáreas en el que se levanta un monasterio. Según la tradición, fue fundado por el propio San Francisco de Asís, que habría pasado por la isla en 1220, durante su regreso de Egipto. Actualmente, se piensa que en realidad sus orígenes estarían en la edificación de una primera iglesia en 1228. En 1233 los franciscanos levantaron un primer monasterio, que abandonarían dos siglos más tarde, debido a las malas condiciones de salubridad. En 1453 se establecieron los Frailes Menores Reformados, que perdurarían hasta la ocupación napoleónica de 1806, cuando el lugar acabó siendo utilizado como depósito de explosivos. Finalmente, en 1856 la isla volvió a manos de los franciscanos, que dos años más tarde comenzarían a restaurar los viejos edificios.

El embarcadero de Chiesa

El embarcadero de Chiesa.

La siguiente parada fue en Chiesa. Un lugar asombrosamente mortecino, en el que tan solo subió un pasajero. La parada debe su nombre a una iglesia, sin mayor interés, edificada en la década de 1920. El único edificio con cierto valor de Sant’Erasmo parece ser la Torre Massimiliana, una fortificación levantada entre 1843 y 1844 cerca del extremo meridional de la isla. Por lo demás, Sant’Erasmo es una isla agrícola, con una atmósfera relajada. Lo último que uno esperaría ver en la laguna veneciana.

Llegando a Capannone

Llegando a Capannone.

La última escala en Sant’Erasmo era en el embarcadero de Capannone, junto al extremo occidental de la isla. Al llegar, nos encontramos con un vaporetto atracado. En una maniobra que jamás había visto en la laguna, tras abarloar en el otro vaporetto, que tenía unas dimensiones similares a las habituales en los canales de Venecia, todos los pasajeros pasamos directamente de un barco a otro. Terminada la maniobra, el pequeño vaporetto en el que habíamos llegado regresó hacia el este. Nuestro nuevo transporte seguía estando prácticamente vacío y nuevamente pudimos sentarnos junto a la proa, con una vista todavía mejor que en el anterior trayecto. Mientras tanto, a estribor podíamos ver la isla del Lazzaretto Nuovo, así llamada por haber alojado un hospital para enfermedades infecciosas desde 1468. El vaporetto tan solo se detiene en la isla si alguien lo solicita previamente. No fue el caso.

De paseo por la laguna

De paseo por la laguna.

Seguimos hacia el oeste, ahora por una zona de la laguna bastante más abierta, con la isla de Murano a nuestro costado de estribor. La laguna estaba llena de pequeñas embarcaciones de recreo. Al igual que los habitantes de cualquier ciudad del mundo salen a disfrutar del aire libre con sus coches, motos o bicicletas, los venecianos lo hacen con sus embarcaciones. Había quien se dedicaba a nadar plácidamente en la laguna, tomar el sol en la cubierta de sus lanchas o simplemente ir tranquilamente de un lado a otro en sus pequeños botes. Incluso vimos personas buscando algo (¿quizá algún tipo de marisco?) en las someras aguas junto a los islotes que salpican la laguna.

Llegando a Vignole

Llegando a Vignole.

Nuestro trayecto nos llevó hacia el sur, pasando por Vignole, un islote donde hicimos otra breve parada. Creo que fue el lugar más destartalado de todo el itinerario. Un pequeño edificio y un contenedor de obra flanqueaban el muelle, junto al que había atracada una draga. Tan solo una persona esperaba pacientemente nuestra llegada, refugiada del calor cada vez más intenso a la sombra del embarcadero. Pero la sensación de quietud que se respiraba era increíble. Por un instante, pudimos pensar que estábamos en una remota marisma, muy lejos de la normalmente masificada Venecia.

El faro de Murano

El faro de Murano.

Tras Vignole, el rumbo cambió hacia el norte, dirigiéndonos a Murano, cuyo faro dominaba el horizonte. Según dicen, en tiempos de la Serenissima existía una torre de madera, sobre la que había un rudimentario faro, alimentado por la quema de leña. En 1912 se instaló el primer faro propiamente dicho, consistente en una estructura metálica que se sustentaba mediante pilotes clavados en el fondo de la laguna. Fue desmontado cuando, en 1934, comenzó a funcionar el actual faro de piedra. Su foco está a 37 metros sobre el nivel del mar y la torre, de piedra blanca, tiene tres franjas de pintura negra en su parte superior, que facilitan su identificación durante el día.

Regresando a Fondamente Nove

Regresando a Fondamente Nove.

Una breve parada en el embarcadero de Murano – Faro fue la última escala de nuestro largo recorrido en la linea 13. Tras rodear nuevamente la isla de San Michele, cerca de las dos y media de la tarde llegábamos a Fondamente Nove. Habíamos tardado poco más de una hora en llegar desde Treporti hasta la capital de la laguna. Sesenta minutos recorriendo una laguna extraña, en la que muchas veces las únicas señales de que estábamos en uno de los entornos más mágicos de Europa eran el propio vaporetto, las bricole que marcaban los canales y alguna palina solitaria.

Paline en Sant'Erasmo

Paline en Sant’Erasmo.

Terminaba así nuestra atípica excursión por el norte de la laguna. Una excursión en la que, con la excepción de Burano, recorrimos lugares que quizá se podrían calificar como anodinos. Podría parecer una pérdida de tiempo, estando junto a un lugar tan fascinante como Venecia. Y puede que lo sea, para alguien que esté visitando la ciudad por primera o segunda vez. Pero, si realmente quieres conocer Venecia y ver cómo es su extraño entorno, aquel que ha favorecido el nacimiento de una ciudad única en el mundo, merece la pena recorrer, aunque sea brevemente, parte de su periferia. Te ayudará a comprender los orígenes de Venecia y a imaginar cómo pudo ser la laguna antes de que la ciudad se convirtiera en uno de los principales nudos comerciales de Europa y, después, en uno de sus centros culturales.

Para ampliar la información:

En https://depuertoenpuerto.com/entre-los-dolomitas-y-ravena/ se puede ver el itinerario completo de nuestro viaje por el nordeste de Italia.

En http://espanol.venice-guide.info/isla_sant_erasmo/ encontraremos un artículo sobre Sant’Erasmo.

En la misma web hay una entrada sobre Vignole: http://espanol.venice-guide.info/isla_vignole/.

En inglés, para moverse en transporte público por la laguna, es imprescindible visitar https://muoversi.venezia.it/en/content/consult-map.

En Images of Venice hay un interesante artículo sobre la laguna y su ecosistema: https://imagesofvenice.com/the-venetian-lagoon-and-its-ecosystem/.

Se puede encontrar información sobre el Lazzaretto Nuovo en https://lazzarettiveneziani.it/en/lazzaretti/history-lazzaretto-nuovo.

En italiano, la web oficial de San Francisco del Desierto está en http://www.sanfrancescodeldeserto.it/index.html.