Cuando Roma era un imperio, una sucesión de lagunas se extendía por la costa septentrional del mar Adriático, entre las actuales ciudades de Trieste y Rávena. Un entorno híbrido, entre el mar y la tierra, que durante los complicados años de las invasiones bárbaras ofreció refugio a numerosas comunidades de la llanura véneta, el pasillo natural por el que las sucesivas tribus accedieron a la península italiana. A su sombra prosperaron ciudades como Rávena y Venecia, que tendrían una importancia fundamental en el posterior desarrollo del occidente cristiano.

Bricola con gaviota

Bricola con gaviota.

Con el paso de los siglos, el paisaje fue cambiando y algunas lagunas desaparecieron. La mayor de todas, la de Venecia, ocupa en la actualidad 550 kilómetros cuadrados, con unos 50 kilómetros de longitud y 15 de anchura. Pero su supervivencia no es casual. En realidad, es el resultado de siglos de esfuerzos por parte de la Serenissima para mantener vivo un entorno que, en condiciones naturales, habría acabado convertido en una marisma o incluso en tierra firme. Sin el ingenio humano, la costa de Venecia sería en la actualidad muy parecida a la que podemos ver entre Rávena y el delta del Po.

Motonave Anna

Motonave Anna.

Parte de mi interés por conocer Chioggia también era curiosidad por visitar el extremo meridional de la laguna véneta. Cuando vimos la posibilidad de recorrer sus aguas en un barco turístico, no nos lo pensamos dos veces. Aunque no soy muy amigo de este tipo de actividades, viajar en el primer verano de la pandemia tenía la ventaja de poder disfrutar con tranquilidad de un recorrido que, en un año normal, habría estado masificado. Además, nos permitiría descansar y refrescarnos durante la hora de más bochorno del día.

Fondamenta Mario Merlin

Fondamenta Mario Merlin.

El Anna hacía un itinerario de aproximadamente una hora, partiendo de Fondamenta Merlin. Además de internarse brevemente en los dos canales de Chioggia que no habíamos conocido en nuestro primer paseo, costeaba por Sottomarina y se internaba hacia el norte de la laguna unos escasos tres kilómetros. No era un gran recorrido, pero tampoco había donde elegir.

Canal Lombardo

Canal Lombardo.

En contra de lo que especificaba el folleto publicitario, comenzamos navegando por el canal Lombardo. Creo que el motivo era evitar que el final de la ruta fuera por una zona bastante desvencijada, cuyo único interés parecía ser recordarnos que la más que evidente decadencia de Chioggia tenía poco que ver con el melancólico ocaso de Venecia. En Chioggia, las espléndidas fachadas góticas, llenas de desconchones, habían sido sustituidas por edificios modernos sin la menor gracia. La otra orilla era todavía peor, ocupada por las ruinas de edificios industriales en completo estado de abandono.

Canal San Domenico

Canal San Domenico.

Tras desandar el camino, rodeamos la iglesia de San Domenico para hacer otra breve incursión en el canal homónimo, donde estaba atracada buena parte de la flota pesquera de Chioggia. La importancia del sector en la ciudad hunde sus raíces en el siglo XVI, cuando la Serenissima decidió desplazar la producción de sal a otras áreas de la laguna. Los trabajadores y comerciantes de la sal comenzaron a dedicarse a la pesca. Después de que la sobreexplotación esquilmara las pesquerías de la laguna, extendieron su actividad por el Adriático. En la actualidad, el 10% de la flota pesquera italiana tiene su base en Chioggia, con una producción que supone la sexta parte del total nacional.

Sottomarina

Sottomarina.

El Anna dio un rodeo hacia el sur, hacia la Isola dell’Unione, para luego regresar hacia el norte navegando frente a la costa de Sottomarina. La antigua Chioggia Menor fue completamente destruida en 1379, durante la guerra de Chioggia, entre Venecia y Génova. Comenzó a recuperarse a mediados del siglo XVII. En la actualidad, a la pesca une una intensa actividad turística, aprovechando sus playas en la costa del Adriático.

Fuerte San Felice

Fuerte San Felice.

El recorrido comenzó a ponerse interesante al pasar frente al fuerte de San Felice. Aunque hay constancia de un antiguo fortín de madera, que fue destruido durante la guerra de Chioggia, los orígenes de la actual fortaleza se remontan a 1384, cuando el senado de la Serenissima aprobó la construcción de un fuerte de mampostería para defender la entrada meridional de la laguna. Posteriormente, sería reforzado por franceses, austriacos e italianos, hasta su abandono en 1979. Veinte años más tarde, se decidió recuperar sus ruinas, muy deterioradas por el ambiente húmedo y salino de la laguna. Como ocurre demasiadas veces en Italia, todo ha ido demasiado lento. El día de nuestra visita, en 2020, seguían los trabajos de restauración.

Boca de Chioggia

Boca de Chioggia.

Tras superar San Felice, nos encontramos con la más meridional de las tres bocas que conectan la laguna de Venecia con el mar Adriático. Aquí también había grúas, en este caso de otro proyecto aparentemente eterno: MOSE. El sistema de compuertas sumergibles está destinado a evitar las inundaciones que, periódicamente, crean los episodios conocidos en Venecia como acqua alta. Aunque se utilizó por primera vez el 3 de octubre de 2020, según escribo estas lineas aun no ha sido finalizado.

Frente a Ca'Roman

Frente a Ca’Roman.

La boca está flanqueada en su lado norte por Ca’Roman, en el extremo meridional del Lido de Pellestrina​. El lugar es una reserva natural, aunque ha sido intensamente modificado por la mano del hombre, desde los diques que han favorecido la acumulación de arena en su playa hasta las más recientes obras del proyecto MOSE. En cualquier caso, su relativo aislamiento hace que Ca’Roman esté habitado por numerosas especies de aves.

Ottagono Ca' Roman

Ottagono Ca’ Roman.

Finalmente llegamos al extremo septentrional del recorrido, junto al Octógono Ca’ Roman. La fortaleza fue construida en el siglo XV, durante las largas guerras entre Venecia y el Imperio Otomano. Reformada durante la ocupación austriaca del Véneto, fue definitivamente abandonada tras la Segunda Guerra Mundial. Según parece, está tan deteriorada que resulta peligroso adentrarse entre sus ruinas.

Regresando a Chioggia

Regresando a Chioggia.

Comenzamos el regreso hacia Chioggia, esta vez entre instalaciones de acuicultura. A la tradicional actividad pesquera, la ciudad ha añadido una próspera industria de cría de mejillones. Más recientemente, también se han comenzado a «cultivar» ostras y almejas. La principal amenaza a este pujante sector es la contaminación de las aguas de la laguna.

Madonna de los Pescadores

Madonna de los Pescadores.

Unos minutos después de pasar frente a la Virgen de los Pescadores, colocada sobre una bricola en 1956, regresábamos a los muelles de Chioggia. El paseo había sido sin duda agradable y nos había permitido dar un respiro a nuestras cansadas piernas. Pero nos dejó cierta sensación de decepción. Quizá fue nuestra culpa, esperando recorrer un entorno más fascinante, como el que se puede encontrar apenas unos kilómetros al norte, en el corazón de la laguna veneciana. Algo que, claramente, está por encima de las posibilidades de Chioggia.

Para ampliar la información:

En https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/entre-los-dolomitas-y-ravena/ se puede ver todo nuestro itinerario por el nordeste de Italia.

La pagina de la Wikipedia sobre el sistema MOSE se puede consultar en https://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_MOSE.

En inglés, la web de la motonave Anna está en http://www.motonaveanna.com/2/.

En italiano, puede visitarse la web de Ca´Román en http://www.lipu.it/oasi-naturale-ca-roman.