Había empleado mi primera excursión a Geldingadalir, en un día con unas condiciones meteorológicas nefastas, explorando la zona y familiarizándome con el entorno. Tras pasar el fin de semana en Suðurland, huyendo del mal tiempo y de la masificación junto al volcán, por fin llegaba el momento de regresar a Geldingadalir. La jornada prometía ser todo lo buena que se puede esperar en Islandia. La previsión para la estación meteorológica de Fagradalsfjall era de sol, una temperatura máxima de 9 grados y viento de 20 kilómetros hora, procedente del sureste. Un perfecto día de primavera.

Geldingadalir desde la carretera 42

Geldingadalir desde la carretera 42.

Mientras circulaba hacia el sur por la carretera 42, camino de Grindavik, a mi izquierda se elevaba el penacho de humo del volcán, mucho más visible que los días anteriores. Acabé deteniéndome brevemente en el aparcamiento de Dollan, un pequeño tubo de lava de la erupción de 1226, al que es posible descender por una precaria escalera de madera. Tanto Dollan como las vistas sobre la llanura de lava tenían su interés, pero mi objetivo del día era muy concreto. Hice un par de fotos a la columna de humo y seguí mi camino.

Camino al volcán

Camino al volcán.

Tras dejar el coche en el aparcamiento, emprendí la ruta hacia Geldingadalir. En esta ocasión, en lugar de la parafernalia fotográfica habitual, cargaba con un dron. Me lo había prestado un buen amigo, aun sabiendo que probablemente el dron no sobreviviría a mi viaje a Islandia. De hecho, había estado a punto de perderlo el día anterior, volándolo en unas condiciones mucho menos complicadas de las que esperaba encontrar junto al volcán, donde el margen de error era mínimo.

Llegando a Syðri-Maradalur

Llegando a Syðri-Maradalur.

Después de algo más de una hora de caminata, llegué frente al extremo meridional de la colada de lava, en Syðri-Maradalur. En vez de continuar hacia el volcán, me desvié, descendiendo hacia el valle. Por una parte, prefería hacer el primer vuelo desde un lugar tranquilo, en el que previsiblemente estaría solo. Además, pretendía utilizar el dron para explorar el entorno y ver si era posible llegar al cerro situado al este de los conos activos, al otro lado del frente de lava.

El vuelo fue mejor de lo que esperaba. Acabé haciendo llegar el dron hasta las proximidades del volcán y regresando sin ningún contratiempo digno de mención. Respecto a la exploración, pude ver que, en los dos días que llevaba sin visitar la zona, la lava había descendido por una quebrada rumbo al valle de Meradalir, haciendo inviable el recorrido que había planificado. Pasé al plan B.

Lava avanzando por Syðri-Maradalur

Lava avanzando por Syðri-Maradalur.

Éste era bien sencillo. Bordear el valle de Syðri-Maradalur por el oeste, hasta llegar a la ladera al sur del cono principal. Una vez más, de camino me entretuve observando la evolución de la masa amorfa de lava que, milímetro a milímetro, seguía invadiendo inexorablemente el valle. Los sonidos, los olores y el tremendo calor que desprendía la colada se combinaban para crear un espectáculo extraño, que pude disfrutar aún más que en mi anterior recorrido, ayudado por el espléndido día y la escasa presencia de visitantes.

Volcán y río de lava

Volcán y río de lava.

La ladera frente al volcán también estaba mucho menos concurrida. Hacía un sol espléndido y el viento era casi imperceptible. Me tumbé en la tierra, usando la mochila como respaldo y pasé más de una hora hipnotizado por el espectáculo, mientras aprovechaba para reponer fuerzas. El cono más activo expulsaba un flujo continuo de lava, que se veía incrementado por el aporte de otro pequeño manantial, apenas unos metros al norte. Más allá, había otro cono en erupción, pues de vez en cuando se veía alguna salpicadura de lava sobre su cima. Al norte y al sur, otros dos conos humeantes remataban la escena.

Lava fluyendo hacia Syðri-Maradalur

Lava fluyendo hacia Syðri-Maradalur.

Justo bajo la ladera, la maraña de brazos de lava que el viernes anterior se desparramaba caóticamente desde el volcán, parecía haberse consolidado en un gran río que fluía lenta y majestuosamente, serpenteando camino de Syðri-Maradalur. El sol, reflejado sobre las placas de lava solidificada que flotaban a la deriva, teñía éstas con extraños brillos plateados, que contrastaban con las zonas más oscuras que las enmarcaban. La superficie se rompía aquí y allá, dejando ver la auténtica naturaleza del río: una masa de lava candente, cuyos tonos rojizos y anaranjados reflejaban la temperatura, por encima de los mil grados centígrados, que alcanzaba el material fundido.

Isla en el río de lava

Isla en el río de lava.

En medio del río, se distinguían algunos islotes de roca volcánica, sobresaliendo por encima de la corriente. Curiosamente, su solidez era engañosa. Por una parte, la lenta pero imparable corriente de lava los iba arrastrando de forma casi imperceptible. La única forma de apreciar su lentísimo desplazamiento era buscando un punto de referencia en la orilla. Además, las islas se iban deshaciendo tan lentamente como avanzaban, imagino que por el doble efecto de la fricción sobre el fondo y de la erosión provocada por el flujo de lava.

Desprendimiento en la orilla

Desprendimiento en la orilla.

Las orillas del río también sufrían una fuerte abrasión, que generaba derrumbes ocasionales. Además de provocar una pequeña polvareda, éstos rompían la superficie del río, dejando al descubierto la lava líquida, que chapoteaba y se retorcía durante unos segundos antes de recomponer una nueva costra y recuperar su aspecto anterior.

Vista cenital del río de lava

Vista cenital del río de lava.

El símil con un río no acababa aquí. También había rápidos, remolinos, reflujos y todos los fenómenos que, poniendo cierta atención, es posible apreciar en cualquier corriente de agua. Solo que aquí eran más visibles. La parsimonia del flujo, que parecía avanzar a cámara lenta, hacía más sencillo apreciar el movimiento de la materia viscosa que la formaba.

Trasiego de helicópteros

Trasiego de helicópteros.

Mientras, sobre la colina que había al otro lado del río de fuego, el trasiego de helicópteros era continuo. Llegaban procedentes del aeropuerto local de Reikiavik, daban un par de vueltas alrededor del volcán y aterrizaban sobre la cima. Tras una pausa de quince minutos, en los que el pasaje podía bajar y disfrutar de las vistas, volvían a despegar, repitiendo el ritual camino de Reikiavik. En el proceso, además de ruido, creaban fuertes remolinos que, según escuché, habían acabado con más de un dron.

Finalmente, sobre las dos y media, aprovechando una pausa en el ir y venir de los helicópteros, decidí que era un buen momento para volver a volar el dron, antes de que comenzaran a llegar los visitantes de la tarde, siempre más numerosos. Mi proximidad al volcán, prácticamente encima del río de lava, me permitió realizar cómodamente varias tomas cenitales de éste último.

Cono principal desde el aire

Cono principal a vista de dron.

El vuelo resultó ser algo más complicado de lo que esperaba. Se había comenzado a levantar un poco de viento y el dron tenía ciertas dificultades para mantener su posición fija sobre el terreno. Inicialmente, lo atribuí al hecho de que el lento movimiento del flujo de lava, unido al intenso calor que éste desprendía, podían confundir a los sensores de posicionamiento. Posteriormente averigüé que el alto contenido en hierro de la lava creaba alteraciones del campo magnético, que afectaban al comportamiento del sistema GPS de los drones. En cualquier caso, logré cumplir razonablemente bien mi objetivo. Además, disponía de baterías de reserva para intentar un tercer vuelo.

Cono meridional a vista de dron

Cono meridional a vista de dron.

Todo iba bien hasta que llegó el momento de aterrizar. En el último instante, una ráfaga de viento desvió el dron, cuando apenas estaba a un palmo de altura, estrellándolo contra la ladera. El golpe no fue especialmente fuerte y el terreno estaba formado por tierra suelta, pero la aplicación de control comenzó a mostrar un código de error. Contrariado por la forma tan absurda en la que había sufrido el percance, decidí recoger el dron y pasar lo que quedaba de tarde disfrutando del entorno, limitándome a hacer fotografías con el móvil.

Geldingadalir desde la cima

Geldingadalir y la costa desde la cima.

Aprovechando el espléndido día, decidí subir hasta la cima de la colina. La vista era magnífica. Hacia el suroeste se extendía el valle de Geldingadalir, que en aquella fecha todavía estaba en buena parte libre de lava. Más allá del extremo meridional del Fagradalsfjall, podía ver la costa meridional de Reykjanes y un mar azul como pocas veces he podido disfrutar en Islandia.

Syðri-Maradalur desde la cima

Syðri-Maradalur desde la cima.

Hacia el otro lado, la vista sobre Syðri-Maradalur no era menos interesante. Aunque tampoco este valle estaba completamente cubierto por la lava, aquí su avance era mucho más evidente. El gran río de fuego desaparecía entre lo que, en cierto modo, recordaba la forma de un delta. Aunque la lava seguía su avance, abandonaba la superficie, para continuar a través de conductos ocultos bajo la anárquica corteza de la colada. Algunos retazos de lava líquida, los penachos de humo que se elevaban en diversas zonas y los frentes de lava, más o menos líquida, que avanzaban lentamente sobre el valle, eran los únicos indicios aparentes de su progreso. Pero, como había podido comprobar en mi anterior visita, toda la inmensa masa de lava estaba en movimiento. Si, a nivel del suelo, había que prestar mucha atención para percibirlo, desde la altura era completamente inapreciable.

El volcán desde la cima

El volcán desde la cima.

Al norte, además de los cinco conos más o menos activos, la vista se extendía a lo lejos, hasta unas montañas nevadas, difuminadas entre la bruma. La distancia, unida a los vapores que expulsaban la lava y el volcán, hacían complicado distinguirlas claramente, pero por su ubicación podía ser la cadena de montañas volcánicas presidida por el monte Esja, en Kjalarnes.

Lava sobre Syðri-Maradalur

Lava sobre Syðri-Maradalur.

Comencé el regreso minutos antes de las seis de la tarde. Llevaba varias horas en la zona y, además de comenzar a acusar cierto cansancio, el día soleado y el relativo calor me habían hecho quedarme sin agua. Lo cual no impidió que, entre unas cosas y otras, acabase tardando más de media hora en atravesar Syðri-Maradalur, mientras bordeaba por el oeste la masa de lava, entreteniéndome en varias ocasiones a observar su avance, tan lento como hipnótico. Llegué al aparcamiento sobre las siete, casi exactamente diez horas después de haber comenzado la excursión. En total, acabé recorriendo algo más de 11 kilómetros. La mayor parte en los trayectos de ida y vuelta entre el coche y el volcán, ya que en esta ocasión apenas hice algún breve rodeo.

El Snæfell desde Keflavik

El Snæfell desde Keflavik.

Después de cenar, en un prolongado y tardío crepúsculo subártico, todavía me aguardaba una última sorpresa. Hacia el noroeste, mientras el sol se acercaba al horizonte, pude distinguir claramente la silueta de una lejana montaña que, esta vez, reconocí sin mayor problema. Se trataba del Snæfell, el estratovolcán de 1.446 metros de altura que ocupa el extremo occidental de la península de Snæfellsnes, al otro lado de la amplia bahía de Faxaflói, a más de 107 kilómetros de distancia. Un final muy adecuado para un día tan largo como intenso.

Geldingadalir

Para ampliar la información:

Las demás entradas del blog sobre el volcán se pueden encontrar en https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/category/europa/escandinavia/islandia/reykjanes/geldingadalir/.

El blog de Jordi Pujolá tiene una entrada sobre el volcán: https://escritorislandia.com/volcan-geldingadalir-islandia/.

En inglés, la página de safetravel.is sobre la erupción está en https://safetravel.is/eruption-in-reykjanes. Es imprescindible consultarla antes de emprender el camino.

Se puede encontrar el pronóstico meteorológico para el Fagradalsfjall en https://en.vedur.is/weather/forecasts/areas/#group=58&station=7365.

La previsión sobre dispersión de gases del volcán se puede consultar en https://en.vedur.is/volcanoes/fagradalsfjall-eruption/volcanic-gases.

En Views of the World hay varias fotos y mapas que ayudan a entender la evolución de la erupción: http://www.viewsoftheworld.net/?p=5783.

A todo el que quiera volar un dron en Islandia, le recomiendo consultar https://uavcoach.com/drone-laws-in-iceland/ y https://iceland-photo-tours.com/articles/aerial-and-drone-photography/5-mistakes-to-avoid-when-flying-your-drone-in-iceland.

Quien pretenda volarlo junto al volcán, debería visitar antes https://www.almannavarnir.is/flug/.

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