En algunos lugares, como la Wikipedia, se menciona Hengifoss como la segunda cascada más alta de Islandia, tan solo por detrás de Glymur. Otras webs la relegan al sexto lugar. Medir la altura de un salto de agua no es tan sencillo y, aunque parezca increíble, en pleno siglo XXI aún se siguen descubriendo nuevas cascadas en Islandia. En cualquier caso, no hay ninguna duda de que el espectacular salto, con 128 metros de desnivel, es uno de los más hermosos de la Tierra de Hielo.

Por un motivo u otro, Hengifoss parecía estar empeñada en esquivar todas mis visitas. Mi primer intento, en verano, se vio frustrado por un inoportuno pinchazo, mientras recorríamos el extremo oriental de la F910, en las Tierras Altas. El segundo, en el invierno de 2022, por el exceso de nieve. Conseguí llegar a su aparcamiento y utilizar el dron para explorar la senda. Ésta desaparecía completamente unos metros más allá del primer tramo de escaleras. No parecía prudente intentarlo en esas condiciones. Ahora sé que fue la decisión correcta.

En el comienzo de la ruta

En el comienzo de la ruta.

Regresé al aparcamiento de la cascada, junto al comienzo de la carretera 933, prácticamente un año más tarde. El día parecía bastante propicio. La capa de nieve que cubría los campos era muy tenue, la temperatura relativamente agradable y, lo que era más importante, ni nevaba ni hacía viento. Veinte minutos después de las nueve de la mañana, me ponía en marcha. La excursión a Hengifoss se puede hacer por dos sendas, una a cada lado del Hengifossá. Me decidí por la meridional, por el único motivo de que aparentemente era la más utilizada. A pesar de que la senda tenía tramos con cierta dificultad, creo que también fue una buena decisión.

Cartel informativo

Cartel informativo.

Básicamente, por los carteles informativos que había a lo largo de la ruta, en los que iban desgranando las características geológicas de la zona. Desde el lago Lagarfljót hasta las Tierras Altas orientales, pasando por las columnas basálticas que bordean el cauce del Hengifossá, las explicaciones, en islandés, inglés y alemán, resultaban sumamente instructivas. Además de ser la excusa perfecta para hacer breves pausas.

Llegando a Litlanesfoss

Llegando a Litlanesfoss.

Tardé casi 40 minutos en llegar frente a Litlanesfoss. Un salto con apenas 45 metros de altura, enmarcado por una de las formaciones de columnas basálticas más hermosas de Islandia. Tras visitarlas en 1842, el poeta romántico islandés Jónas Hallgrímsson se refirió a ellas como «el castillo de roca».

El camino desaparece

El camino desaparece.

Más allá de Litlanesfoss, el camino se volvía más complicado. Hasta tal punto que, en una ladera, todo un tramo desaparecía completamente bajo la nieve. Ésta no era demasiado compacta, por lo que al avanzar llegaba a hundir las piernas hasta 30 centímetros. Viendo el estado de la senda durante un invierno relativamente benigno, era evidente que en mi anterior visita, en uno especialmente duro, habría sido muy complicado realizar la ruta.

Llegando al puente superior

Llegando al puente superior.

Aproximadamente una hora después de haber salido del aparcamiento, tenía a la vista el puente que atraviesa el Hengifossá, uniendo ambas sendas. Casi un kilómetro más allá, Hengifoss se desplomaba desde las alturas. Visitar cualquier cascada en Islandia durante los meses de invierno es una lotería. En algunas ocasiones, pueden llegar a estar completamente congeladas. Sabía previamente que no sería el caso, pues el Hengifossá mantenía cierto caudal. En otras, la mezcla entre hielo y agua crea espectáculos tan sublimes como irrepetibles. En esta ocasión, la cascada se quedaba en un término medio un tanto soso. El hielo y la nieve acumulados no aportaban demasiada espectacularidad al entorno, pero lograban robar parte de su belleza. A los pies de Hengifoss, un tramo del salto permanecía oculto tras una gran acumulación de hielo. Lo mismo ocurría con las características franjas rojas de la pared por la que se descuelga la cascada.

En cualquier caso, me pareció un momento adecuado para volar el dron. No había el menor rastro de viento y, desde que había salido del aparcamiento, tampoco había visto una sola persona. Acercaría el dron hacia Hengifoss, buscando tanto alguna toma aérea como explorar los 700 metros de senda que aún tenía por delante. Los últimos 300 metros del cañón se consideran demasiado inestables como para recorrerlos, sobre todo en invierno. Aunque alguna parte del sendero estaba completamente cubierto por la nieve o el hielo, la pasarela de madera del tramo final era perfectamente visible. Llevaba puestos los crampones y tenía bastones de senderismo. No parecía tan difícil.

El sendero se complica

El sendero se complica.

Hasta que llegué al primer tramo congelado. Jamás había intentado caminar sobre hielo de una dureza semejante. Era imposible clavar los bastones y hasta los crampones tenían dificultad para afianzarse sobre la superficie helada. Avanzaba a paso de tortuga. Llegué a las inmediaciones del Efri-Sellækur, donde la cascada que forma el afluente del Hengifossá estaba completamente congelada. El hielo se prolongaba, hasta cubrir completamente el camino con una capa tan gruesa como sólida. Aquel fue el punto final de mi avance, a 700 metros de Hengifoss. Había tardado 20 minutos en recorrer menos de 300 metros. Me llevó otro tanto regresar a las inmediaciones del puente.

Islandesas camino de Hengifoss

Camino a Hengifoss.

Aproveché para tomar un refrigerio, hacer algunas fotos desde el puente y disfrutar de la espléndida soledad en la que me encontraba. Hasta que llegó un animado grupo de excursionistas. Seis mujeres, ascendiendo a buen paso por la orilla opuesta del río. También hicieron una pausa para reponer fuerzas. Mientras tanto, nos hicimos mutuamente algunas fotos y entablamos una breve conversación, en la que comenté lo complicado que era el siguiente tramo del camino. «Somos islandesas, sabemos caminar sobre el hielo», se limitó a decirme la mayor de ellas. Después, emprendieron la marcha. En cinco minutos, superaban el lugar en el que yo había dado media vuelta. En otros cinco, desaparecían tras un saliente rocoso, adentrándose en el tramo final del cañón. Estuve tentado de realizar un segundo intento. Al final, decidí rendirme a la evidencia: «soy de Alicante».

Desde el norte del Hengifossá

Desde el norte del Hengifossá.

Había llegado la hora de comenzar el regreso. Decidí volver por la orilla opuesta del río. Aquella que habían elegido las islandesas. De momento, parecía estar en mejores condiciones que la senda meridional, además de ser más ancha. Hasta me permití el lujo de quitarme los crampones. Además, el nuevo camino me permitiría contemplar un paisaje diferente.

El cañón del Hengifossá

El cañón del Hengifossá.

Aquí no había paneles informativos, pero las vistas me parecieron mucho más interesantes. Permitía apreciar mucho mejor el fondo del cañón, donde el agua, la nieve y la roca formaban extrañas escenas, a cuál más sugerente. Mientras tanto, el sol comenzaba a romper la cortina de nubes, iluminando tímidamente el paisaje.

Parte alta de Litlanesfoss

Parte alta de Litlanesfoss.

Descendía a buen ritmo, hasta que llegué a las inmediaciones de Litlanesfoss. La vista sobre la cascada era insuperable. El sol teñía las columnas basálticas con tonos dorados, mientras realzaba el blando de la nieve y arrancaba tintes turquesa a los remolinos del Hengifossá. Solo por esa vista, podría decir sin la menor duda que el camino septentrional resulta más atractivo que el meridional. Casi me atrevería a afirmar que, al menos aquel día, fue el punto más atractivo de la excursión.

Columnas basálticas junto a Litlanesfoss

Columnas basálticas junto a Litlanesfoss.

Pero aquello no era todo. Río abajo, un poco mas al este, estaba una de las paredes de columnas de basalto mas hermosa que jamás he podido contemplar. La esbeltez de las columnas se unía a la espléndida luz y a la nieve, para componer una estampa de una asombrosa belleza.

A partir de ese punto, mi avance se volvió mucho más lento. Por una parte, el camino tenía bastante más nieve y un tramo congelado, que me obligó a ponerme nuevamente los crampones. Por otra, la combinación entre el paisaje y la luz me hacían parar continuamente. Incluso me animé a volar otra vez el dron, aprovechando la poca batería restante. Fue una toma breve, pero pude grabar Litlanesfoss desde un ángulo bastante interesante, con una iluminación casi perfecta. Fue una lástima que, por subir lo mas ligero de equipaje posible, no cargara con una batería de repuesto.

Hengifossá

Hengifossá.

Después, tan solo quedaba recorrer el tramo inferior del río. Un tramo en el que cada poza, cada pequeña cascada o cada piedra cubierta de nieve, brindaban infinitas posibilidades de composición fotográfica. Por puro azar, acabé eligiendo la ruta perfecta. Cuesta arriba por el camino más complicado, leyendo los carteles informativos que me ayudaban a poner en contexto el lugar que estaba visitando. Cuesta abajo por el más sencillo, disfrutando de unas vistas espléndidas y con mucha mejor luz.

El puente inferior del Hengifossá

El puente inferior del Hengifossá.

A las dos y cuarto volvía a cruzar el Hengifossá, esta vez por su puente inferior. Había empleado casi cinco horas en completar una excursión de apenas 4.500 metros. Es cierto que el tramo final de la senda me había ralentizado. Pero lo que realmente hizo que progresara a paso de tortuga fue el entorno, increíblemente hermoso, que había visitado. Además, con la fortuna de acertar a recorrerlo en una mañana espléndida. Los largos inviernos de Islandia suelen ser tan duros como inclementes. Los días apacibles acaban siendo totalmente excepcionales. Y no solo por su escasa frecuencia. Recorrer el campo islandés en una jornada sin viento, nieve o lluvia, mientras el suave sol subártico realza la belleza del paisaje, es una experiencia tan hermosa como gratificante. Hasta tal punto, que acaba siendo adictiva. Habiendo tenido la suerte de experimentarla en varias ocasiones, comprendo perfectamente la afición, casi obsesiva, que tiene los islandeses por su deslumbrante naturaleza.

Para ampliar la información.

El blog Viajeros Lowcosteros tiene una buena entrada sobre Hengifoss en verano: https://viajeroslowcosteros.com/como-visitar-la-cascada-hengifoss/.

También es interesante el artículo en Viajablog: https://www.viajablog.com/como-visitar-hengifoss-islandia/.

En inglés, la página web de la cascada está en https://hengifoss.is/en/.

Hit Iceland tiene una entrada sobre Hengifoss: https://www.hiticeland.com/post/hengifoss-waterfall-east-region.