Más allá del extremo meridional de Austvågøy, protegida de los gélidos vientos del norte por la mole de roca del Vågakallen, existe una diminuta localidad, con apenas medio millar de habitantes, cuyas hermosas casas de madera se reparten por un rosario de islas. Un antiguo puerto pesquero, con casi quinientos años de historia a sus espaldas. Un centro de actividad cultural, rodeado por uno de los paisajes más espectaculares de toda Noruega. Un imán para los turistas que, cada vez en mayor número, acuden a disfrutar del hermoso paisaje de las islas Lofoten.

Heimsundet y el Vågakallen

Heimsundet y el Vågakallen.

Aunque el hallazgo arqueológico más antiguo realizado en su entorno son unos esquís de hace dos milenios, las primeras referencias escritas que nos han llegado sobre el lugar proceden de 1556. En cualquier caso, Henningsvær tuvo que esperar hasta el siglo XVIII para comenzar a cobrar cierta relevancia. En 1842, estaba compuesto por 13 casas y 79 rorbuer. Ese mismo año, un hacendado local llamado Henrik Dreyer, adquirió el terreno con la idea de convertirlo en un próspero puerto, dedicado tanto a la pesca como al comercio. Se instaló un ambulatorio, con médico residente, un faro, una iglesia y la primera linea de telégrafo del norte de Noruega. Pero no todo salió según sus planes. Un persistente descenso en la pesca de bacalao obligó a Dreyer a hacer caja, vendiendo parte de sus activos a inversores británicos. En 1882, cuando Dreyer murió sin herederos, el condado de Norland adquirió el resto, para evitar que acabara cayendo en manos extranjeras.

Barcos de pesca en Heimsundet

Barcos de pesca en Heimsundet.

La prosperidad regresó con la década de 1920, de la mano de un nuevo incremento en la pesca. Henningsvær superó el millar de habitantes, mientras llegaban la energía eléctrica y el agua corriente. Tras alcanzar su punto culminante en la década de 1950, un nuevo descenso en las capturas de bacalao, unido a la industrialización de la pesca, provocó una acusada caída de la población, que desde la década de 1990 se ha estabilizado en el entorno de los 500 habitantes.

Regresando a Heimsundet

Regresando a Heimsundet.

Pero la herencia recibida por Henningsvær de sus años de prosperidad, además de un hermoso conjunto de edificios, ha sido una asombrosa capacidad de adaptación y un enraizado espíritu emprendedor. Sin haber renunciado completamente a sus raíces tradicionales, ligadas al mundo de la pesca, ha sabido reconvertirse en uno de los principales focos turísticos y culturales de las islas Lofoten. Tal como atestiguan las diversas galerías de arte que se reparten por sus calles, algunas desdobladas como museos, o sus numerosas empresas de actividades turísticas.

Día de invierno en Henningsvær

Día de invierno en Henningsvær.

Había dejado la visita para mi último día en las Lofoten. En cierto modo, era una decisión arriesgada, pues cabía la posibilidad de que las condiciones meteorológicas truncaran mis planes. Pero era la mejor forma de poder visitar Henningsvær con la calma y tranquilidad que, según tenía entendido, el lugar merecía. En cualquier caso, la fortuna acabó estando de mi parte, regalándome el que, sin ninguna duda, fue el mejor día de los que pasé en las islas. Una jornada fría, como era de esperar visitando el ártico en el mes de febrero, pero sin nieve ni viento. Y en la que, aunque de forma efímera, incluso llegué a ver algún que otro rayo de sol.

Secaderos de bacalao al sur de Henningsvær

Secaderos de bacalao al sur de Henningsvær.

En cualquier caso, moverse en coche por Noruega en invierno no es sencillo. Aun más que las carreteras cubiertas de nieve, es su espectacular paisaje el que suele ralentizar el viaje. Acabé tardando una hora y cuarto en recorrer los escasos 23 kilómetros que separaban mi hotel en Svolvær del Henningsværbruene, el puente que une Henningsvær con el resto del mundo. Sin tener muy claro dónde aparcar, acabé dejando el coche entre los secaderos de bacalao al sur de Hellandsøya, cerca de su famoso campo de fútbol.

Faro de Henningsvær

Faro de Henningsvær.

Estando cerca del extremo meridional de Henningsvær, me pareció buena idea acercarme hasta el faro. Donde me encontré una valla con un cartel advirtiendo que era propiedad privada y el acceso estaba prohibido. Me tuve que conformar con contemplarlo desde lo alto de una pequeña colina, en la costa occidental de la isla. Más tarde, descubrí que la erosionada roca sobre la que había estado era la más antigua de las Lofoten, con 2.850 millones de años de antigüedad. A pesar de mi ignorancia, el paseo mereció la pena. Hacia el sur, un frente nuboso avanzaba lentamente desde el mar hacia el oeste, descargando una oscura cortina de nieve contra la que se recortaba silueta del faro.

Nubes en Vestvågøy

Nubes en Vestvågøy.

La vista hacia el oeste no era menos imponente. Las nubes chocaban contra las montañas de la vecina Vestvågøy, descargando sobre ésta toda su furia. La parte meridional de la isla había desaparecido, oculta tras el temporal. Observando las duras condiciones atmosféricas que había a tan solo unos kilómetros de distancia, parecía increíble que en Henningsvær el día fuese tan apacible.

Heimsundet

Heimsundet.

A continuación, decidí acercarme el extremo sur de Heimøya. Antiguamente, las dos islas estaban separadas por Heimsundet, el estrecho que hace las veces de puerto pesquero. Entre 1929 y 1934 se levantó un dique que, al cerrar Heimsundet por el sur, lo resguarda de los embates de mar abierto, además de servir como vínculo de unión entre las dos orillas del puerto.

Un breve paseo me llevó junto a la oxidada torre de comunicaciones que hay al sur de la isla. Una escalera, parcialmente cubierta de nieve congelada, permitía subir a su base, desde donde las vistas eran impresionantes. Hacia el norte y el este, la pequeña ciudad, enmarcada por innumerables cumbres nevadas, parecía la escena de una postal navideña. Hacia el sur, el faro y la inmensidad del Vestfjorden, por el que continuaba el incesante desfile de frentes nubosos. Por último, hacia el oeste, más allá del Henningsværstraumen, los rayos de sol jugaban al escondite sobre las blancas montañas de Vestvågøy. Por si fuera poco, al espléndido panorama se unía la sensación de paz, reforzada por el remoto ronroneo de los motores de un par de barcos de pesca que regresaban lentamente a puerto.

Gammelskola

Gammelskola.

En las inmediaciones de la torre están los restos de las fortificaciones construidas por los alemanes durante la ocupación de Noruega en la Segunda Guerra Mundial. Pero, en un terreno completamente cubierto por la nieve, fui incapaz de encontrarlos. En cambio, de regreso al centro de Henningsvær pasé junto al edificio conocido como Gammelskola. Tiene una curiosa historia, pues fue levantado en 1877 en Engøya, uno de los islotes que hay entre Henningsvær y Austvågøy. En 1900, se decidió que la ubicación no era la más adecuada, pues la mayor parte de los alumnos debía ir a la escuela en barco, no siempre en las mejores condiciones meteorológicas. El edificio fue desmontado y trasladado a su ubicación actual, donde siguió en uso hasta 2017. Al año siguiente, fue remodelado y convertido en apartamentos de alquiler.

Renergården

Renergården.

La vieja escuela no es el único edificio histórico de Henningsvær. El más antiguo es Renergården, levantado en 1828. La gran casa de madera fue construida por orden de Lars Nicolai Rener, el empresario procedente de Finnesset que precedió a Henrik Dreyer como dueño de la tierra sobre la que actualmente se asienta la pequeña localidad. En 1862 se convirtió en la primera oficina de telégrafo del norte de Noruega.

Paseando por Henningsvær

Paseando por Henningsvær.

Otros edificios tradicionales han sido reconvertidos en hoteles, galerías de arte, tiendas o pequeños museos. Viajaba en temporada baja, con su cara y su cruz. Por una parte, el lugar rebosaba tranquilidad, con unas calles prácticamente vacías en las que el tráfico rodado era casi inexistente. Por otra, buena parte de los comercios y lugares de interés estaban cerrados. En el fondo, no me importó. Hacía un día espléndido y preferí aprovecharlo para pasear tranquilamente por las nevadas calles de Henningsvær. Uno de los lugares más hermosos que he tenido la suerte de conocer en Noruega.

Para ampliar la información:

TodoSobre.Travel tiene una breve página con información sobre Henningsvær: https://www.todosobre.travel/lofoten-henningsvaer-un-paraiso-singular/.

En inglés, la página sobre Henningsvær en la web de turismo del norte de Noruega está en https://nordnorge.com/en/artikkel/henningsvaer/.

También es interesante visitar Life in Norway: https://www.lifeinnorway.net/henningsvaer/.

En https://kultursti.com hay información sobre diversos lugares de interés histórico y cultural.

Aunque no pude visitar ninguna, las páginas de las tres principales galerías de arte de Henningsvær están en https://www.galleri-lofoten.no/en/, https://www.engelskmannsbrygga.no y http://www.kaviarfactory.com.

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