Si de algo anda sobrado el río Skjálfandafljót es de cascadas hermosas. La más conocida, con mucha diferencia, es Goðafoss. Una de las más fotografiadas de Islandia, con la ventaja de estar a escasos metros de la Ring Road, desde la que es perfectamente visible. Mucho menos popular es Aldeyjarfoss, justo en el límite de las Tierras Altas, cerca del extremo septentrional de la F26. Aún menos conocida es Hrafnabjargafoss, situada poco más de tres kilómetros aguas arriba. Quizá no sea tan hermosa como sus dos hermanas, pero no deja de ser una visita interesante para cualquiera que se encuentre en las proximidades.

El acceso más sencillo a Hrafnabjargafoss es desde el norte, por la carretera 842. Una pista de tierra que enlaza con la F26, de nuevo una pista, pero en este caso clasificada como carretera de montaña. Lo que implica la imposibilidad de recorrerla en un vehículo sin tracción a las 4 ruedas. Nosotros llegábamos en dirección contraria, tras recorrer la F26 desde su comienzo en las proximidades de Hrauneyjar, casi 200 kilómetros al suroeste. Se llegue desde donde se llegue, los últimos 600 metros se deben recorrer por una pista que, al menos el día de nuestra visita, estaba en muy malas condiciones.

Llegando a Hrafnabjargafoss

Llegando a Hrafnabjargafoss.

Después de llevar más de ocho horas atravesando el áspero corazón de Islandia en una soledad casi absoluta, lo primero que nos llamó la atención, según llegábamos a la explanada de arena que hace las veces de aparcamiento, fue encontrarnos con un coche aparcado. Era evidente que estábamos regresando a la civilización. Más allá del aparcamiento, se escuchaba el tronar de la cascada y se veía un halo de espuma, que generaba un pequeño arco iris. A priori, nada especialmente llamativo.

Sin embargo, no podíamos estar más equivocados. Tras avanzar unos cuantos metros, pudimos apreciar la cascada en toda su plenitud. Hrafnabjargafoss, que se podría traducir como Cascada de las Rocas del Cuervo, no es un salto «limpio», como la elegante Skógafoss o la poderosa Dettifoss. Por contra, el río Skjálfandafljót parece perderse en un auténtico laberinto de piedra, partiéndose en varios brazos, entre los restos de la colada de lava de Báðardalshraun, de aproximadamente 9.000 años de antigüedad. Ninguno de sus brazos cae desde una altura elevada, pero el conjunto no deja de tener un extraño atractivo.

Extremo oriental de Hrafnabjargafoss

Extremo oriental de Hrafnabjargafoss.

Quizá el salto menos interesante sea el situado al este. Más que caer, el río, partido en dos por una gran roca, se desliza por una rampa, entre la orilla oriental del cañón y un farallón rocoso. Al final, acaba creando un pequeño salto, poco llamativo.

Parte central de Hrafnabjargafoss

Parte central de Hrafnabjargafoss.

En la parte central, una pequeña parte del caudal se despeñaba verticalmente en cuatro modestos caños. Imagino que, al igual que en el resto de Hrafnabjargafoss, la configuración concreta dependerá mucho del caudal de agua, según ésta vaya buscando uno u otro camino para sortear la zona.

Salto occidental de Hrafnabjargafoss

Salto occidental de Hrafnabjargafoss.

El extremo occidental es el más extraño de todos. Aquí el agua se precipita, por una cascada en forma de herradura, en una profunda poza, completamente rodeada de roca. ¿Dónde iba todo ese agua? Nos costó un rato dar con la solución. En el lado oriental de la poza había un arco natural de roca, completamente sumergido bajo las turbias aguas del Skjálfandafljót.

Vista cenital de Hrafnabjargafoss

Vista cenital de Hrafnabjargafoss.

Después de recorrer andando la zona, nos pareció una buena idea volar el dron. Por una parte, podría hacer una toma cenital, que nos ayudase a entender el auténtico galimatías que, visto a ras de suelo, aparentaba ser Hrafnabjargafoss.

Aun más interesante era la posibilidad de realizar un vuelo a media altura, recorriendo la cascada de lado a lado. Tras llegar a la orilla oriental, las condiciones eran tan buenas que decidí prolongar la toma, mientras el dron regresaba hasta nuestra ubicación.

Vista panorámica de Hrafnabjargafoss

Vista panorámica de Hrafnabjargafoss.

Al final, la escala en Hrafnabjargafoss duró algo más de media hora, que además nos sirvió para estirar las piernas y recuperarnos del continuo traqueteo de la F26. En un país con tantas cascadas que nadie sabe a ciencia cierta su número (se habla de unas 10.000), Hrafnabjargafoss pasa casi desapercibida, ayudada por la relativa dificultad de su acceso. Lo cual añade la ventaja de convertirlo en un lugar normalmente tranquilo. Un buen contrapunto para la masificada Goðafoss.

Para ampliar la información:

No he logrado encontrar nada interesante en español.

En inglés, la web Guide to Iceland tiene una entrada dedicada a la cascada: https://guidetoiceland.is/connect-with-locals/regina/the-picturesque-hrafnabjargafoss-waterfall-in-skjalfandafljot-river.

La misma web tiene otra reseña, más breve pero con fotos de la cascada en invierno: https://guidetoiceland.is/travel-iceland/drive/hrafnabjargafoss.

Todavía más corta, pero con algunas fotos interesantes, la página en https://icelandthebeautiful.com/hrafnabjargafoss/.