Introducción.

En un país famoso por su belleza natural, las islas Lofoten brillan con luz propia. Un archipiélago que se extiende por 180 kilómetros, flanqueado por el amplio Vestfjorden y el mar de Noruega. Con una naturaleza abrumadora de playas vírgenes, agrestes montañas, angostos fiordos y remolinos de leyenda. Con una larga tradición marinera, centrada en la pesca del bacalao, que humaniza sus duras aguas y su áspera costa. Y con una historia cuyas raíces se pierden en la bruma de la mítica era de los vikingos. Un lugar fascinante.

Raftsundet desde la proa del Finnmarken

Raftsundet desde la proa del Finnmarken.

Había atravesado brevemente las Lofoten durante mi viaje a bordo de Hurtigruten, en febrero de 2018. Hacia el norte, en una noche oscura como pocas, pude disfrutar de la primera aurora boreal de mi vida. Pero fue durante el regreso hacia el sur, atravesando el estrecho de Raftsundet durante un atardecer tan sereno como hermoso, cuando el impresionante paisaje de las islas me dejó sin aliento. Apenas dos años después, regresaba a las Lofoten con el firme propósito de conocerlas a fondo.

El Itinerario.

Los cinco días que pasé en el archipiélago fueron una especie de paréntesis en un largo viaje entre Copenhague y Tromsø que, al menos inicialmente, había previsto realizar exclusivamente en barco y ferrocarril. Un «road-trip» por un paisaje de ensueño, cubierto por una inmaculada capa de nieve.

Road-trip Lofoten

Itinerario en las islas Lofoten.

De Svolvær a Sørvågen.

Tras dormir la primera noche en Svolvær, salí por la mañana rumbo a Sørvågen, donde pasaría las dos noches siguientes. De camino, visité dos iglesias, un par de playas y dos de los miradores más famosos de las islas. Siete horas para recorrer 126 kilómetros. Una buena muestra del ritmo que llevaría en todo el viaje.

Una excursión a Uttakleiv.

Mi principal objetivo del día era visitar Uttakleiv, la playa más famosa de las Lofoten. Antes, me desvié hasta Nusfjord y paré en las playas de Vik y Hauklandstranda. Tras salir de Uttakleiv, todavía tuve tiempo de visitar el Museo Vikingo de Lofotr, en Borg.

Un caprichoso día de invierno en las islas Lofoten.

Finalizada mi estancia en Sørvågen, tocaba volver a Svolvær. Antes, quería visitar Å, el último lugar de las islas al que se puede llegar sin subir en ferry. Después, de camino a la capital de las islas, aproveché para recorrer Sund y la playa de Unstad. Acabé llegando a Svolvær al anochecer, en medio de la nevada más intensa de todo el viaje.

Invierno en Raftsundet.

Mi viaje invernal a las Lofoten se había comenzado a gestar cuando, desde la cubierta de proa del Finnmarken, había descubierto una carretera que recorría la sinuosa costa oriental de Raftsundet. Finalmente, había llegado el momento de volver a recorrer el estrecho, esta vez conduciendo por una Fv868 completamente cubierta de nieve.

Una excursión desde Svolvær.

Empleé la última jornada en una breve excursión hasta la preciosa localidad de Henningsvær, que sobre la marcha prolongué por la costa sureste de Vestvågøy. Tras regresar a Svolvær de forma un tanto precipitada, huyendo de un amenazante temporal, aún tuve tiempo de dar un breve paseo por la ciudad, antes de embarcar de nuevo, esta vez a bordo del Kong Harald.

El clima.

A pesar de estar al norte del círculo polar ártico, las Lofoten gozan de un clima relativamente templado, suavizado por la corriente del golfo.

El temporal desde Toppøya

El temporal desde Toppøya.

Pero la palabra clave es relativamente. No hay que olvidar que se está en la parte septentrional de Noruega. Svolvær, la capital de las islas, se encuentra a 68°14′ de latitud norte. Más cerca del polo que cualquier lugar de Islandia o que la mayor parte del territorio habitado de Groenlandia, incluida su capital. Por tanto, los inviernos pueden ser duros. No tanto por las temperaturas, que raramente bajan de los -10 grados, como por su asombrosa variabilidad. Como en todas las regiones próximas al ártico, un día espléndido se puede convertir en un infierno. O al revés. Y no una, sino varias veces durante la misma jornada. Es fundamental actuar con prudencia, sobre todo si vas a realizar caminatas por el campo o conducir por carreteras secundarias.

La luz.

La principal preocupación de cualquiera que viaje por primera vez al ártico en invierno suele ser la luz. O más bien su ausencia. Es fácil imaginarse los largos días sin sol como una especie de noche eterna, al estilo de lo que se ve en algunas películas ambientadas en el profundo norte. Pero es una imagen que no se corresponde con la realidad en un lugar como las Lofoten, alejado del ártico más extremo. Incluso el 21 de diciembre, el día más corto del año, aunque no salga el sol es posible disfrutar de cuatro horas y media de luz crepuscular en Svolvær. A mediados de febrero, ya son casi diez, una menos que en Madrid por esas fechas.

Kjerkvågen

Kjerkvågen.

Pero, a diferencia de latitudes más meridionales, de esas diez horas, dos y media corresponden al amanecer y otras tantas al atardecer. Media jornada con una luz asombrosamente hermosa, que embellece aún más el paisaje, haciendo las delicias de cualquier aficionado a la fotografía. En mi experiencia, lo ideal es planificarse y renunciar a comer al mediodía. Un desayuno fuerte, que te permita aguantar unas cuantas horas sin probar bocado, y una cena temprana tras el ocaso, permiten optimizar el tiempo y sacar todo el partido al día.

Otra opción es atrasar el viaje hasta marzo. A mediados de mes disfrutarás de trece horas de luz, de las cuales un par serán de amanecer y otras tantas de atardecer. Eso sí, según avanzan las horas de sol, se reducen tus opciones de ver auroras boreales. Posibilidad que desaparece completamente a finales de abril, a la vez que la noche tal como la entendemos más al sur.

Conducir en invierno.

Otra preocupación bastante común, sobre todo para los que vivimos en lugares más cálidos, en los que apenas pisamos la nieve, es el estado de las carreteras y la dificultad para desenvolverse en un entorno a priori complicado. Desde luego, no es imposible que las carreteras acaben cortadas, sobre todo después de una gran nevada, pero no es lo normal. El servicio de quitanieves es asombrosamente eficaz y, como es natural, tanto los noruegos como sus vehículos están preparados para conducir en esas condiciones.

Llegando a Svolvær

Llegando a Svolvær.

No hay que asustarse por las fotos de carreteras completamente cubiertas de nieve. Al igual que en otros países donde, en determinadas fechas del año, son obligatorios los neumáticos de invierno, siempre dejan sin retirar la capa inferior de nieve. Por una parte, protege el asfalto de las heladas extremas y de los tacos metálicos de las ruedas. También facilita el trabajo de las quitanieves, sin reducir significativamente el agarre de los neumáticos. Lo que no implica que no sea necesario tomar ciertas precauciones y tener claras unas cuantas reglas.

Curvas en la Fv868

Curvas en la Fv868.

La principal es nunca salirse de la zona pisada de la carretera. Un arcén nevado, que aparentemente es un lugar perfecto para aparcar y hacer unas fotos, puede ser una hondonada oculta bajo la nieve virgen. Cuando lo descubras, será demasiado tarde. Es mejor seguir adelante y buscar un aparcamiento en el que puedas ver las rodadas que hayan dejado otros coches. En este sentido, ten en cuenta que está prohibido aparcar en las zonas señalizadas con una M. Por muy tentadoras que parezcan, te arriesgas a una multa.

También hay que tener especial precaución si comienza a llover. Algo que, gracias a la corriente del golfo, no es completamente descartable ni en pleno invierno. El agua puede convertir la superficie de la carretera en una pasta sobre la que tus flamantes neumáticos de invierno, pensados para el hielo y la nieve dura, pierden buena parte de su eficacia. Si llueve, reduce tu velocidad y prepárate para frenadas más largas.

Llegando a Gimsøybrua

Llegando a Gimsøybrua.

Otro problema que puedes encontrar es el viento. Las ráfagas pueden ser tan fuertes como imprevisibles, sobre todo cuando pases de estar protegido por una montaña a conducir por un valle más abierto. También puede ser un problema en alguno de los numerosos puentes. El Gimsøybrua, en la E10, tiene un sistema de señalización que corta el tráfico cuando las ráfagas alcanzan los 28 m/s. Lo he atravesado con vientos de 20 m/s y no fue divertido. Otro problema, sobre todo en carreteras secundarias, puede ser la nieve arrastrada por el viento, que tiende a crear montículos en los lugares más expuestos.

Una pausa en el camino

Una pausa en el camino.

Entonces, ¿necesito alquilar un SUV o un 4×4? En mi opinión, no. Influenciado por mi experiencia en Islandia, había reservado un SUV, pero hubo un problema en la agencia y no tenían ninguno listo. Al final, recorrí las islas con un Volkswagen Golf sin tener el más mínimo problema. A pesar de «sufrir» varias nevadas bastante intensas, algunas en carreteras secundarias.

Carretera junto a Rafsundet

Carretera junto a Rafsundet.

En cualquier caso, ten en cuenta que las carreteras en las Lofoten no cunden, por lo que deberás planificar los trayectos con tiempo de sobra. Por una parte, los trazados son mejorables y las carreteras estrechas, sobre todo según avanzas hacia el suroeste, donde hasta la E10 a veces tan solo tiene un carril. Además, están los estrictos límites de velocidad. Pero, por encima de todo, será el paisaje el que te haga progresar mucho más lento de lo que pensabas.

Conclusiones.

Recorrer las Lofoten en pleno invierno no es un viaje cualquiera. Tendrás que estar dispuesto a ajustarte al ritmo del ártico, con sus peculiaridades y sus caprichos. A pasar frío, a mojarte y a sufrir la furia del viento, por muy bien equipado que vayas. También tendrás que renunciar a visitar algunos lugares icónicos, inaccesibles en esa época del año. Pasarás horas estudiando y planificando tu itinerario, pues el ártico no es buen lugar para la improvisación. Tendrás que hacer varios planes, al menos dos para cada día, por si las circunstancias te impiden realizar el principal. Y, sobre todo en los últimos días del viaje, cuando ya no puedas permitirte el lujo de quedarte bloqueado, consultarás obsesivamente todas las aplicaciones meteorológicas que tengas a mano.

Heimsundet y el Vågakallen

Heimsundet y el Vågakallen.

A cambio, disfrutarás de uno de los paisajes más bellos del mundo. De un entorno tan duro como hermoso, que te hará sentir la fuerza de la naturaleza. De los hermosos pueblos de pescadores, aferrados a la intrincada costa. De una atmósfera asombrosamente limpia, libre de cualquier tipo de contaminación. Con suerte, de un cielo estrellado que, al menos en buena parte de España, apenas es un recuerdo del pasado. Y, con un poco más de suerte, del impresionante espectáculo de la aurora boreal. Un fenómeno tan asombroso como difícil de describir. En resumen: harás un viaje que recordarás el resto de tu vida.

Mapa.

Svolvær

Iglesia de Buksnes

Iglesia de Flakstad

Skagsanden

Hamnøy

Sørvågen

Nusfjord

Uttakleiv

Museo Vikingo de Lofotr

Å

Sund

Unstad

Digermulen

Henningsvær

Malnesvika

iglesia de Valberg

Dónde ampliar la información.

En el blog El Guisante Verde Project hay una larga entrada describiendo un itinerario invernal por las Lofoten: https://www.guisanteverdeproject.com/2020/02/invierno-islas-lofoten-auroras-bacalao.html.

En inglés, la web oficial de turismo de las islas está en https://lofoten.info/lofoten.

Viajando en invierno, es fundamental visitar a diario la web noruega de información del tráfico: https://www.vegvesen.no/trafikk?lat=68.18723&long=14.16080&zoom=8&listView=false.

En thetravelblog hay una buena entrada sobre un road-trip invernal por las islas: https://thetravelblog.at/lofoten-winter/.

También es interesante la entrada en Heart My Backpack: https://www.heartmybackpack.com/norway/lofoten-road-trip/.

Por último, se puede visitar la entrada sobre el archipiélago en Life in Norway: https://www.lifeinnorway.net/lofoten-islands/.

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