El conjunto formado por la laguna glaciar de Jökulsárlón y su vecina playa de Breiðamerkursandur siempre me ha generado sentimientos contrapuestos. Por una parte, es un lugar fascinante. La belleza de la laguna, los icebergs que flotan en su interior, el impresionante fondo de glaciares (no siempre visible) y la espléndida playa, llena de fragmentos de hielo, conforman uno de los espacios mas deslumbrantes de Islandia. Pero ese atractivo es también el origen de su problema. Jökulsárlón suele marcar el límite oriental de muchos viajes por el sur de la isla. Por tanto, se encuentra en la difusa frontera entre la Islandia masificada y la parte más salvaje y solitaria de la isla.

Regreso a Jökulsárlón

Jökulsárlón en el verano de 2020.

Había visitado dos veces Jökulsárlón, una en invierno y otra en verano. En ambas, llegando desde el este. Incluso en el viaje de 2020, con el turismo de Islandia mermado por la pandemia, había sido el lugar en el que había pasado de la espléndida soledad de los Fiordos del Este a la relativa masificación del sur de la isla. Regresaba de nuevo en invierno, pero esta vez recorriendo el sur de Islandia en sentido contrario. Además, tenía un plan, fruto de mis dos visitas anteriores. Me centraría en los miradores que hay al oeste de la laguna, antes de atravesar el puente de la Ring Road sobre el Jökulsá. Sabía que eran mucho más tranquilos. En la playa, visitaría Vestri-Fellsfjara, su parte occidental, también menos transitada que Eystri-Fellsfjara.

Nieva en Jökulsárlón

Nieva en Jökulsárlón.

Tras una espléndida mañana, visitando Fjaðrárgljúfur y rodeando el perímetro meridional del Öræfajökull, el siempre voluble clima de Islandia parecía haber decidido regresar a la normalidad. En los escasos 9 kilómetros que separan el aparcamiento de Fjallsárlón del mirador más occidental de Jökulsárlón, pasé de una tarde espléndida a una intensa nevada. Afortunadamente, había un coche parado en la pequeña explanada que hace las veces de aparcamiento. De no haberlo visto, seguramente me habría pasado de largo, pues estaba completamente cubierto de nieve.

Las nubes avanzan al oeste de Jökulsárlón

Las nubes avanzan al oeste de Jökulsárlón.

Llegué a la orilla meridional de Fjallsárlón en un momento curioso. En el interior de la laguna, nevaba con intensidad. Por contra, hacia el oeste, apenas caían algunos copos. Mirando con atención, era posible observar el avance del frente del temporal invernal, devorando lentamente el paisaje circundante. En apenas unos minutos, un telón gris dominaba todo el horizonte. Me había quedado completamente solo junto a una laguna que, por otra parte, se desvanecía ante mis ojos por momentos. No tenía ningún sentido permanecer en su orilla, arriesgándome además a quedar bloqueado en el aparcamiento.

Hielo en el interior de Vestri-Fellsfjara

Hielo en el interior de Vestri-Fellsfjara.

Dudaba sobre qué hacer a continuación, cuando la tarde pareció dar un nuevo giro. Mientras recorría los 1.300 metros que me separaban del desvío al aparcamiento de Vestri-Fellsfjara, la nevada comenzó a dar señales de flaquear. Además, la pista que se adentraba hacia la playa estaba bastante pisada. A pesar de la nieve, parecía seguro recorrerla.

Bloque de hielo en Vestri-Fellsfjara

Bloque de hielo en Vestri-Fellsfjara.

Sobre las dos y media de la tarde, estaba en la playa, popularmente conocida como Diamond Beach, la Playa de los Diamantes. El sobrenombre procede de los bloques de hielo que suelen repartirse por su arena negra, formando un extraño contraste con ésta. Proceden de la cercana laguna glaciar. Su canal de desagüe no es demasiado profundo, lo que impide que los icebergs más grandes salgan a mar abierto. Una vez se reduce suficientemente su tamaño, son empujados por las corrientes y mareas. Muchos terminan varados en la playa, donde se van derritiendo lentamente, formando una de las estampas más extrañas de Islandia.

Nieva en Breiðamerkursandur

Nieva en Breiðamerkursandur.

Breiðamerkursandur tiene dos problemas. El primero, sus numerosos visitantes, que sobre todo en verano pueden superar en número a los bloques de hielo, privando a la playa de su encanto. El otro es precisamente la cantidad y tamaño del hielo, que varía mucho según las estaciones del año o incluso de una jornada a otra. Pero aquel día parecía tenerlo todo de cara. El invierno y las nefastas condiciones atmosféricas se habían combinado para que apenas hubiera visitantes en la playa. Por otra parte, la acumulación de bloques de hielo era asombrosa. Con diferencia, la mayor que he podido disfrutar en Breiðamerkursandur. Había tantos, que en algunas partes de la playa era difícil caminar entre ellos.

La orilla se congela

La orilla se congela.

Aunque nevaba con menos intensidad que en la laguna, también estaba disminuyendo la temperatura. Cada vez hacía más frío. Hasta tal punto, que la espuma de las olas se congelaba sobre la negra arena, creando formas extrañas. Mientras, el continuo rugido del agua apagaba cualquier otro sonido y la nieve iba cubriendo lentamente la parte superior de los bloques helados. Sí, en condiciones normales, Breiðamerkursandur es un lugar insólito, aquel día rozaba lo increíble.

Fotografiando Vestri-Fellsfjara

Fotografiando Vestri-Fellsfjara.

Pese a que apenas había visitantes, decidí buscar algo más de soledad. Comencé a caminar hacia el suroeste. Habría avanzado unos doscientos metros, cuando me encontré con dos fotógrafos. Con sus trípodes clavados en la arena, soportaban estoicamente las nefastas condiciones atmosféricas, buscando fotografiar las olas que, cada vez con mas fuerza, rompían contra la primera linea de bloques de hielo. Me dio apuro interceptar su ángulo de visión. Además, la tarde comenzaba nuevamente a empeorar. Lo más prudente sería volver al coche.

Hacia el suroeste de Vestri-Fellsfjara

Hacia el suroeste de Vestri-Fellsfjara.

Antes de regresar, hice una última fotografía hacia el suroeste, en una parte de la playa donde no había la más mínima huella de presencia humana. Era difícil enfocar y más difícil mantener la cámara estable, pero logré una foto extraña. Para mi gusto, la mejor que hice aquel día en Breiðamerkursandur, en una tarde de una belleza salvaje, pero con muy malas condiciones para la fotografía. Podría pasar por la imagen de un planeta alienígena, con sus océanos al borde de la congelación.

En la desembocadura del Jökulsá

En la desembocadura del Jökulsá.

Me costó emprender el regreso, pero la tarde empeoraba por momentos. La nevada arreciaba y la playa se había quedado prácticamente vacía. Hasta los fotógrafos comenzaron a recoger su equipo. El entorno era de una fuerza arrebatadora. El frío, el rugiente mar, los bloques de hielo, la arena negra, cada vez mas tamizada por la nieve, el cielo, casi tan negro como la arena . . . Difícilmente logre volver a estar en la playa de Jökulsárlón en un día a la vez tan adverso y tan increíblemente hermoso como aquella gélida tarde de invierno.

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Para ampliar la información:

En este mismo blog, mi primera visita invernal está en https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/jokulsarlon/.

Mi regreso durante el verano de 2020, en https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/regreso-a-jokulsarlon/.

En inglés, quien quiera sacar todo el partido fotográfico a la zona, debería visitar previamente las webs iceland photo tours: https://iceland-photo-tours.com/articles/photography-tutorials/tips-for-photographing-jokulsarlon-glacier-lagoon y https://iceland-photo-tours.com/articles/photography-tutorials/how-to-photograph-at-the-diamond-ice-beach.

También es interesante photogtaphylife: https://photographylife.com/landscapes/how-to-photograph-jokulsarlon.

En Photo Wonders hay algunas buenas fotos de la playa: https://www.photowonders.com/post/diamond-beach.