Islandia es una joya de la naturaleza, llena de lugares tan fascinantes como insólitos. Que, en dicho entorno, un espacio reciba especial protección por su «geología única y extraña» da una pista de la excepcionalidad de Kerlingarfjöll. Sus montañas de riolita, llenas de humeantes manantiales geotermales, forman uno de los conjuntos más deslumbrantes de la isla. Su relativo aislamiento, al final de una de las pistas de las Tierras Altas, añade una dosis extra de atractivo al lugar.

Loðmundur

Loðmundur.

No se sabe a ciencia cierta cuándo se originó Kerlingarfjöll. Las rocas más antiguas encontradas en su suelo tienen 336.000 años. Las más modernas, apenas 79.000. Todo indica que sus extrañas montañas nacieron en erupciones subglaciares, que tan solo en dos ocasiones lograron imponerse a las gruesas capas de hielo que tenían encima, dando lugar a un par de montañas consideradas una rareza geológica: Loðmundur y Höttur. La primera, es perfectamente visible a la izquierda de la pista de acceso, un par de kilómetros antes de llegar a Kerlingarfjöll. Siempre que las nubes no lo impidan.

Aguas termales descendiendo hacia el Ásgarðsá

Aguas termales descendiendo hacia el Ásgarðsá.

Las incógnitas sobre el lugar no acaban aquí. Hubo que esperar a la última década del siglo XX para que los geólogos se dieran cuenta de que Kerlingarfjöll es, en realidad, la combinación de dos calderas volcánicas. Por contra, no se ponen de acuerdo sobre si el volcán sigue activo. Para unos, la elevada temperatura de su superficie, que en algunos puntos llega a alcanzar los 150°C, es una prueba irrefutable de su actividad. También apuntan a su posición, justo en el borde del cinturón volcánico que atraviesa la isla. Para otros, que no haya entrado en erupción desde el final de la última era glaciar parece ser un sólido argumento en contra. En lo único que ambos bandos están de acuerdo es en la necesidad de seguir profundizando en el conocimiento de la zona.

Llegando a Kerlingarfjöll

Llegando a Kerlingarfjöll.

Llegamos a Kerlingarfjöll prácticamente al mediodía de una jornada gris. La ausencia de sol, la altura sobre el nivel del mar y la lejanía de la costa se combinaban para crear un ambiente frío, con una temperatura por debajo de los 8ºC. El paisaje que nos rodeaba era extraño, formado por colinas de suaves tonos ocre, que se iban elevando hasta convertirse en montañas parcialmente cubiertas de nieve. Aquí y allá, surgían del suelo nubes de vapores. Todo bajo un cielo plomizo. Irreal, pero tan solo un anticipo de lo que nos esperaba apenas unos metros más allá.

Descendiendo a Neđri-Hveradalir

Descendiendo a Neđri-Hveradalir.

El sendero salía del aparcamiento hacia el suroeste, por la cresta de una colina. Mientras avanzábamos, el paisaje se fue desvelando ante nuestros ojos. Hasta que, tras andar poco más de 300 metros, llegamos al final de la cresta. Allí, la senda se convertía en una precaria escalera. Apenas unos tablones de madera clavados en el suelo, formando peldaños desiguales. Mas allá, un laberinto de senderos se retorcía por el paisaje, compuesto por una caótica sucesión de colinas, fuentes hidrotermales, arroyos y restos de nieve. La visión nos dejó sin palabras. Una de las virtudes de Kerlingarfjöll es precisamente que, al llegar desde su parte superior, la impresionante vista te seduce desde el primer momento, predisponiéndote a disfrutar del lugar.

Neđri-Hveradalir

Neđri-Hveradalir.

La escalera conduce a Neđri-Hveradalir, una pequeña zona geotermal junto a un recodo del Ásgarðsá. Un par de puentes permiten atravesar cómodamente el río y adentrarse en la maraña de senderos que hay al otro lado. Es difícil decidirse por uno u otro, pero la elección es trivial. Todos son interesantes. Además, acabarás recorriendo la mayoría de ellos. Salvo que quieras aventurarte en otras zonas mas lejanas, como Efri-Hveradalir o Hverabotn, Neđri-Hveradalir no es demasiado extenso. Es posible explorarlo en unas cuantas horas.

Reparando la escalera

Reparando la escalera.

Kerlingarfjöll es una zona en constante mutación y Neđri-Hveradalir no iba a ser una excepción. En los últimos años, a los cambios habituales en su orografía se ha unido el lento pero constante retroceso de las nieves perpetuas que salpican la parte alta del lugar. En consecuencia, los trabajos de mantenimiento de los senderos son continuos durante la corta temporada estival, la única en la que la zona es accesible. Dichos trabajos nos impidieron realizar Hveradalahringur, la ruta circular que habíamos previsto inicialmente, pues esa senda en concreto estaba cerrada por mantenimiento. Aunque, en cualquier caso, no creo que hubiéramos sido capaces de completarla. A pesar de no haber grandes barrancos, algunos senderos de Kerlingarfjöll son bastante complicados, debido a las fuertes pendientes y al material completamente suelto sobre el que se asientan. Cuando intentamos hacer parte de Hveradalahringur en sentido contrario, intentando llegar a Snorrahver, alcanzamos un punto en el que fuimos incapaces de continuar.

Vapores en Kerlingarfjöll

Vapores en Kerlingarfjöll.

Vértigos aparte, el lugar nos deslumbró. Perdimos completamente la noción del tiempo recorriendo sus senderos, subiendo y bajando escaleras, asombrándonos con el extraño colorido, «disfrutando» sus extraños olores y haciendo una notable cantidad de fotografías. Además de ser increíblemente extraño y bello, nuestra percepción de Kerlingarfjöll cambiaba sin cesar. Las grandes nubes de vapor que se elevaban del suelo mutaban a una velocidad asombrosa. Tan pronto ocultaban una formación rocosa como súbitamente desvelaban una extraña mancha de nieve en una ladera. Aunque hubiéramos pasado anteriormente por el mismo lugar, a veces era complicado reconocerlo.

Manchas verdes en Kerlingarfjöll

Vegetación en Kerlingarfjöll.

Otra de las rarezas de Kerlingarfjöll es su vegetación. Pese a estar en una zona de montaña, cerca del círculo polar ártico, es posible ver extrañas manchas verdes repartidas por el árido terreno. La precaria vegetación, básicamente musgos y líquenes, subsiste como puede al calor de las aguas termales. Siempre en un difícil equilibrio entre acabar congelada o morir abrasada por la misma fuente que le da la vida. Esa misma fragilidad, que se extiende a todo el lugar, hace que sea fundamental respetar cuidadosamente el entorno, manteniéndose siempre dentro de los caminos marcados.

El Hofsjökull desde el valle del Ásgarðsá

El Hofsjökull desde el valle del Ásgarðsá.

A pesar de ser claramente visible desde buena parte del occidente de las Tierras Altas, Kerlingarfjöll permaneció casi inexplorado durante siglos. Envuelto en el misterio, era considerado un lugar peligroso, guarida de seres míticos y forajidos, entre los que el más destacado sería Fjalla-Eyvindur. Su proximidad era uno de los motivos por los que apenas se utilizaba el cercano paso de Kjölur, que permaneció prácticamente olvidado hasta bien entrado el siglo XIX. Los primeros científicos en visitar el lugar lo hicieron en 1890. Tras la apertura de la actual carretera 35, en 1936 se logró llegar por primera vez con un vehículo motorizado a la parte baja del valle de Ásgarður. Fruto de este aislamiento secular y al contrario de lo habitual en Islandia, muchas de sus características geográficas aun no tienen nombre.

Monte Mænir

Monte Mænir.

Que haya sido un lugar remoto no quiere decir que no tenga una leyenda asociada. Kerlingarfjöll se traduciría por «Montañas de la anciana» y hace referencia a una vieja y fea mujer troll, hija del gigante de fuego Surtur, que merodeaba por la zona. Como todo buen troll islandés, hizo honor a la más ancestral de sus tradiciones y se dejó sorprender por el amanecer en campo abierto. El resultado es un pilar de roca volcánica, de 25 metros de altura, que todavía existe en la ladera del monte Kerlingartindur. Pero no esperes verlo desde Neđri-Hveradalir, donde el monte Mænir bloquea la perspectiva hacia el oeste.

Descendiendo Hveradalahringur

Descendiendo Hveradalahringur.

Pasamos casi cinco horas recorriendo Kerlingarfjöll. No son muchas, pero acabamos agotados. El continuo subir y bajar escaleras, bastante precarias e irregulares, drenó nuestras fuerzas. Pero, de todos los lugares que visitamos en Islandia durante el verano de 2020, fue el que más me impactó. Llegué pensando que, tras haber pasado justo antes por Landmannalaugar y Haukadalur, no quedaba nada en la isla que pudiera sorprenderme. Apenas tuve que separarme unos metros del coche para darme cuenta de lo equivocado que estaba.

Para ampliar la información:

Llama la atención la poca información que hay en español sobre un lugar tan fascinante. Una de las pocas excepciones es la entrada en el blog de Jordi Pujolá: https://escritorislandia.com/kerlingarfjoll-islandia/.

En Islandia24 hay un breve artículo con alguna información práctica: https://www.islandia24.com/20-rutas-de-senderismo-por-highlands/.

En inglés, muy completa la guía de adventures.com: https://adventures.com/iceland/attractions/mountains/kerlingarfjoll/.

También interesante el artículo en Guide to Iceland: https://guidetoiceland.is/connect-with-locals/regina/mt-kerlingarfjoell-a-fascinating-hike-through-the-colourful-geothermal-area-of-hveradalir.

La web de la zona mas cercana en la que es posible dormir está en https://www.kerlingarfjoll.is.

En https://ust.is/library/sida/Nattura/Kerlingarfjoll%20-%20trail%20guide.pdf se puede descargar un fichero muy útil, con información y mapas de las distintas rutas.

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