En la actualidad, Rávena es una pequeña ciudad de provincias con una población que apenas supera los 150.000 habitantes, ligeramente a desmano de las principales vías que articulan la Italia moderna. Estar algo apartada parece formar parte de la esencia de la ciudad. Ya durante la conquista de la Galia Cispadana, los habitualmente meticulosos romanos se «saltaron» lo que entonces debía ser un asentamiento sin importancia, rodeado de marismas. Rávena tuvo que esperar al 89 AEC para ser aceptada como ciudad federada por la República. Siglos más tarde, cuando llegó la decadencia del Imperio y los bárbaros campaban a sus anchas por la península itálica, ese relativo aislamiento pasó a ser su principal activo. En el 410, Flavio Honorio Augusto la convirtió en capital del Imperio Romano de Occidente. Después, bajo los hérulos, sería capital del Reino de Italia, título que conservaría con los ostrogodos. Para terminar como cabeza del Exarcado de Rávena, dependiente del Imperio Romano de Oriente. Hasta que, en el 751, cayó en manos de los lombardos y, lentamente, volvió a apartarse del curso principal de la historia. De los 341 años en que Rávena fue una de las principales ciudades de Italia y del occidente cristiano, nos ha quedado un espléndido legado artístico, que en 1996 fue incluido por UNESCO en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Ofrendas de Abel y Melquisedec

Ofrendas de Abel y Melquisedec.

Visitábamos Rávena durante el primer verano del COVID-19. Por una parte, esperábamos disfrutar de una ciudad mucho más vacía de lo habitual. Lo malo, además de que encontraríamos algún monumento cerrado, era la obligatoriedad de ceñirse a un horario previamente concertado a la hora de visitar los lugares gestionados por la Obra de Religión de la Diócesis de Rávena: la basílica de San Vital, el mausoleo de Gala Placidia, la basílica de San Apolinar el Nuevo, el baptisterio neoniano y el museo y capilla arzobispales. Afortunadamente, el casco histórico de Rávena no es demasiado extenso y habíamos elegido para dormir el hotel Palazzo Bezzi, situado en pleno centro. El plan era no utilizar el coche en todo el día.

Santa María in Porto

Santa María in Porto.

Apenas nos separaban 120 metros de nuestro primer destino, San Apolinar el Nuevo, al que no podíamos acceder antes de las 10 de la mañana. Para hacer tiempo, dimos un rodeo hasta la basílica de Santa María in Porto. El edificio se comenzó a levantar en 1553 y fue consagrado en 1606, aunque las obras se prolongarían hasta 1784. Su pieza más interesante es una madonna, considerada como la patrona de la ciudad, que según la tradición llegó milagrosamente desde Constantinopla en el 1100. En realidad, parece ser bastante más antigua. Según algunos expertos, sería anterior al Concilio de Éfeso.

San Apolinar el Nuevo.

El interior de San Apolinar el Nuevo alberga algunos de los mosaicos más notables de Rávena. Un conjunto que, además, nos cuenta la turbulenta historia de la ciudad en los inciertos años de la Alta Edad Media, cuando oriente y occidente pugnaban por la posesión de Rávena y de toda Italia.

Claustro de los franciscanos

Claustro de los franciscanos.

De camino a nuestra siguiente visita, nos acercamos hasta la tumba de Dante, que encontramos cubierta por un gran toldo. Estaba en proceso de restauración. Tampoco pudimos acceder al vecino claustro de los franciscanos, actualmente gestionado por una fundación. Esto trastocó algo nuestros planes, pero aprovechamos la pausa para entrar brevemente en la basílica de San Francisco, un templo que hunde sus raíces en el siglo V, aunque el edificio actual sea del IX. Parece que el suelo de su cripta, situado bajo el nivel freático y por tanto parcialmente inundado, tiene unos mosaicos interesantes. Pero el estricto horario que teníamos que cumplir nos impidió visitarlo.

El Museo Arzobispal de Rávena.

Tras la destrucción de la basílica Ursiana, se decidió recopilar las obras que sobrevivieron a la reforma y parcial hundimiento del antiguo templo en el que sería el primer museo diocesano creado en Italia. Entre todas, destacan dos que, por sí mismas, justificarían la visita al museo.
Baptisterio neoniano

Baptisterio neoniano.

Nuestro siguiente objetivo, el baptisterio neoniano, se encontraba prácticamente a las puertas del museo. Una vez más, el exterior del edificio apenas llamaba la atención. Un octógono de ladrillo visto, con arcos ciegos y sin apenas elementos destacados. Fue construido a principios del siglo IV por orden del obispo Urso, el mismo que levantó la basílica Ursina, destruida en el XVIII. Por tanto, el baptisterio es el edificio más antiguo de Rávena incluido en el listado del Patrimonio de la Humanidad. Posteriormente, entre los años 450 y 475, el obispo Neone ordenaría ampliarlo y decorarlo con los espléndidos mosaicos que han llegado a nuestros días. En el siglo XII se decidió elevar en tres metros el nivel del suelo, por lo que hoy es imposible apreciar la magnitud real del edificio ni las cuatro entradas que tenía inicialmente.

Pila bautismal

Pila bautismal.

Como tantas veces pasa en Rávena, la sorpresa llega al cruzar el umbral y encontrar un interior deslumbrante. En el centro, una gran pila bautismal de mármol. La que podemos ver en la actualidad es del siglo XVI. Tan solo se conserva el ambón original. Las paredes están formadas por cuatro ábsides, con mosaicos inspirados en formas vegetales y cuatro figuras humanas que actualmente no sabemos identificar.

Mosaicos del baptisterio neoniano

Mosaicos del baptisterio neoniano.

En los mosaicos de la cúpula, una vez más encontramos una jerarquía claramente definida. En la parte inferior los profetas, representados con códices en la mano. Por desgracia, los bajorrelieves originales se perdieron a principios del siglo XX, durante una restauración poco acertada. En el centro, los doce apóstoles. Por encima de todos, el bautismo de Cristo en el río Jordán, en clara alegoría al propósito del edificio.

San Vital de Rávena.

En el año 527, mientras Rávena era la capital del reino ostrogodo de Italia, el obispo Ecclesio ordenó la construcción de un templo, sufragado por un banquero llamado Juliano, de quien sabemos que gastó la suma de veintiséis mil sólidos. Tras las conquista bizantina, fue adornada con un excepcional conjunto de mosaicos.

El Mausoleo de Gala Placidia.

Entre los grandes pinos del jardín que se extiende al nordeste de la iglesia de San Vital, hay un pequeño edificio de ladrillo visto, que apenas llama la atención. Sin embargo, su interior atesora un impresionante conjunto de mosaicos y una historia fascinante.
Terminada la visita a los monumentos gestionados por la Obra de Religión de la Diócesis de Rávena, decidimos regresar al hotel y hacer una breve pausa durante las horas de más calor del día. De camino, aprovecharíamos para visitar otro par de monumentos.

Baptisterio arriano

Baptisterio arriano.

El primero fue el baptisterio arriano, construido durante el reinado de Teodorico, en una fecha desconocida entre finales del siglo V y principios del VI. Como su nombre indica, estaba destinado al bautismo de los seguidores del culto arriano. Principalmente miembros de la élite gobernante de origen godo. Tras la caída del reino ostrogodo y la condena del arrianismo, fue reconvertido en oratorio católico. Pese a que supuestamente la mayor parte de los mosaicos que decoraban su interior acabaron destruidos por fomentar creencias heréticas, se conservan los de la cúpula. Por desgracia, nos encontramos el monumento cerrado, aparentemente debido a la pandemia. Quisimos acceder a la cercana iglesia del Espíritu Santo, la antigua catedral arriana, pero aquí fueron los preparativos de una boda los que nos impidieron entrar.

Palacio de Teodorico

Palacio de Teodorico.

A continuación, intentamos visitar el palacio de Teodorico, pero nos tuvimos que contentar contemplándolo desde fuera de su valla. En cualquier caso, tampoco parecía que hubiera mucho que ver en su interior, ya que solo se conservan la primera crujía y la fachada. No sabemos la fecha en que fue construido. Incluso hay quien afirma que no fue ordenado levantar por Teodorico, quien simplemente habría embellecido un palacio preexistente. En cambio, sabemos que buena parte de su destrucción fue culpa de Carlomagno, quien con el beneplácito del papa Adriano I expolió sus suelos y mármoles durante la construcción del palacio imperial en Aquisgrán. Por ejemplo, las columnas de pórfido de la galería superior de la capilla palatina salieron de Rávena.

Tras el segundo fracaso, estábamos a menos de 50 metros de la puerta del hotel. Nos pareció un momento perfecto para ir a descansar. La pausa acabó siendo más larga de lo que habíamos previsto. Salimos del hotel para ir directamente a cenar a la Osteria Il Paiolo. Un pequeño restaurante sin demasiadas pretensiones pero con una magnífica cocina de la Romagna.

Basílica de San Francisco

Basílica de San Francisco.

Después, nos limitamos a dar un paseo sin rumbo por las calles de Rávena. Era viernes. Según avanzaba la noche y la temperatura se iba haciendo más agradable, la pequeña ciudad comenzaba a cobrar vida. Recorrimos sus calles sin rumbo fijo, disfrutando del relajado ambiente, un tanto provinciano, que éstas respiraban. El paseo nos llevó hasta San Vital y el mausoleo de Gala Placidia. Pese a la cuidada iluminación nocturna, sus exteriores de ladrillo siguieron pareciéndonos anodinos. En Rávena, se puede afirmar con rotundidad que la auténtica belleza está en el interior.

Puerta Adriana

Puerta Adriana.

Sin pretenderlo, acabamos saliendo del recinto amurallado por la puerta Adriana, al final de la Vía Camillo Benso Cavour. Pese a que el tráfico en el Viale Francesco Baracca no era nada del otro mundo, el contraste con las tranquilas calles peatonales del centro histórico nos hizo dar media vuelta. Al día siguiente nos esperaba otra jornada intensa, entre Rávena y Venecia. Era un buen momento para regresar al hotel.

Interior de San Vital

Interior de San Vital.

Rávena me pareció una ciudad sumamente interesante, con un conjunto de monumentos de primer orden. Más allá de sus hermosos mosaicos y sus templos paleocristianos, la ciudad permite profundizar en uno de los periodos más interesantes y menos conocidos de la historia de occidente. Aquel en en el que desaparecieron los últimos restos del mundo clásico, mientras daba sus primeros pasos la Alta Edad Media. Una época de profundos cambios y de grandes rivalidades políticas y religiosas, que tienen su reflejo en las obras de arte de la ciudad. Obras que, más allá de su belleza, eran un instrumento propagandístico de los distintos grupos en pugna por el poder. En una época en que la inmensa mayoría de la población era analfabeta, los mosaicos y los edificios monumentales se convertían en una magnífica forma de impresionar y adoctrinar al pueblo llano. Aunque, como consecuencia del triunfo final del catolicismo romano, se perdiera una parte, es imposible no preguntarse si, de no haber existido dicha rivalidad, habría visto la luz un legado tan extraordinario.

Para ampliar la información:
Breve pero interesante la entrada del blog Dos a la deriva: https://dosaladeriva.com/que-ver-en-ravena-lugares-de-interes/.

Más completo el artículo en Salta Conmigo: https://saltaconmigo.com/blog/2019/10/que-ver-en-ravena-italia/.

El post de Magia en el camino está centrado en los mosaicos: https://magiaenelcamino.com.ar/los-mosaicos-de-ravenna-y-sus-secretos-i.html.

En Rotondas encontraremos una entrada con una galería fotográfica del baptisterio neoniano: https://plantacentral.wixsite.com/home/italia-battistero-neoniano.

Quien quiera profundizar sobre la relevancia histórica de la ciudad, debería visitar la web de la Fundación Juan Marchhttps://www.march.es/es/madrid/conferencia/ciudades-antiguedad-mediterranea-ravena-espacio-tiempo-ciudad-entre-oriente.

Igualmente, en http://openaccess.uoc.edu/webapps/o2/bitstream/10609/9561/1/rpalacioss_TFC_0611.pdf se puede descargar un interesante PDF centrado en la influencia de la política y la religión en el legado artístico de la ciudad.

En inglés, la web oficial de turismo de Rávena está en https://www.turismo.ra.it/en/.