La carretera 550, también conocida como Kaldadalsvegur, es la más corta de las tres antiguas rutas que atravesaban las Tierras Altas de Islandia. También es la más cercana a Reikiavik y la más sencilla de recorrer. Aquí no hay complicados vados y la longitud del tramo sin asfaltar, de apenas 40 kilómetros, la pone al alcance de cualquiera con un mínimo de soltura al volante. Por todos estos motivos, en numerosas ocasiones se refieren a ella como «las Tierras Altas para principiantes». Pero no pienses que por ello la ruta es menos interesante. Al contrario, si buscas conocer, aunque sea mínimamente, el agreste corazón de Islandia, Kaldadalsvegur es una carretera perfecta para iniciarte.

Kaldidalur

Kaldidalur en agosto de 2021.

Habíamos recorrido la carretera 550 cerca del final de nuestro periplo por Islandia del verano de 2021. Un largo viaje en el que, entre otras, habíamos atravesado alguna de las pistas míticas de las Tierras Altas, como Fjallabaksleið Nyrðri y la complicada Sprengisandsleið. A pesar de lo cual, Kaldadalsvegur nos había dejado muy buenos recuerdos. Tuvimos la suerte de acertar con un día duro y gris. Las nubes, que se deslizaban lentamente sobre el flanco occidental del Þórisjökull, daban al paisaje una majestuosidad que resultaba abrumadora. Incluso para el exigente nivel de Islandia. Dos años más tarde, teníamos que ir desde Haukadalur hasta Keflavik. Kaldadalsvegur no era, ni de lejos, la ruta más razonable. Pero podía ser un desvío interesante que, además de permitirnos visitar Hraunfossar y Reykholt, nos ayudaría a calmar nuestro insaciable apetito por las Tierras Altas de Islandia. El impresionante recorrido que habíamos realizado por Fjallabak, apenas dos días atrás, había sido insuficiente.

La carretera 52 al norte de Þingvellir

La carretera 52 al norte de Þingvellir.

Esta vez, atravesaríamos Kaldadalsvegur en sentido norte. Lo que nos ofrecería una perspectiva diferente del paisaje a recorrer. Además, el día era muy distinto de aquella nubosa jornada de agosto de 2021. En esta ocasión, disfrutábamos de un cielo predominantemente azul. Podríamos contemplar un paisaje mucho más luminoso y despejado, aunque a cambio nos perderíamos los cielos brumosos que tanto nos habían fascinado en nuestra anterior incursión por la zona. En cualquier caso, quince minutos antes de las once de la mañana, cruzábamos el límite septentrional del parque nacional de Þingvellir y nos adentrábamos en la carretera 52.

Cartel en el extremo meridional de la 428

Cartel en el extremo meridional de la 428.

Allí nos esperaba el clásico cartel advirtiendo que la ruta solo es apta para coches 4×4. Idéntico al que, por ejemplo, nos encontraremos en el extremo meridional de Vigdísavallavegur. Carteles que no son una señal de tráfico y que tienen todo el aspecto de estar colocados por determinadas agencias de alquiler de coches, buscando desincentivar el uso de sus vehículos en pistas. Por una parte, los 22 kilómetros del tramo meridional de la 52, hasta el cruce con la 550, están perfectamente asfaltados. Por otro, aunque Google se empeñe en lo contrario, Kaldadalsvegur no tiene calificación F (carretera de montaña). En principio, sería legal atravesarla con cualquier tipo de vehículo. Otro asunto serán las limitaciones que puedas tener en tu contrato de alquiler. Algunas agencias son muy restrictivas y prohiben el uso de sus vehículos, independientemente de su tipo de tracción, en carreteras sin asfaltar, sean éstas «de montaña» o no. También es interesante que averigües las condiciones de tu seguro. Sobre todo, si éste cubre los desperfectos por grava o arena.

Þórisjökull desde el sur

Þórisjökull desde el sur.

Veinte minutos más tarde, llegábamos al fin del asfalto. Comenzaba nuestro segundo recorrido por Kaldadalsvegur. Al frente, sobre el horizonte, destacaba el Þórisjökull. Un pequeño glaciar, con apenas 32 km² de superficie y una altitud de 1.359 metros. Debe su nombre a un troll llamado Þórir que, según la saga de Grettir, vivía en las inmediaciones. Hasta finales del siglo XVIII, el Þórisjökull y el Langjökull formaban una masa de hielo única. Desde entonces, ambos han ido retrocediendo, en un proceso que parece estar acelerándose. Peor suerte ha corrido el Okjökull, al oeste de Kaldadalsvegur. El glaciar fue declarado «muerto» en 2014 por el glaciólogo Oddur Sigurðsson. Cuatro años más tarde, se instaló una placa conmemorativa cerca de su cima.

Flanco occidental del Þórisjökull

Flanco occidental del Þórisjökull.

La carretera se adentraba en un paisaje cada vez más áspero e irreal, camino del paso de Kaldidalur. El punto más elevado de la ruta, a 720 metros de altitud. Allí encontraremos un gran amontonamiento de piedras, haciendo las veces de mojón, y una amplia explanada, a modo de aparcamiento. Todo ello en medio de un paisaje impresionante, dominado por tres glaciares. Al sureste, el flanco occidental del Þórisjökull, que se descuelga desde las alturas en dos hermosas lenguas glaciares. Aunque la falta de nubes las privaba de la enigmática belleza de nuestra anterior visita, seguían siendo las estrellas indiscutibles del espectacular panorama.

Extremo suroccidental de Langjökull

Extremo suroccidental de Langjökull.

Al noreste, el extremo suroccidental del Langjökull. El segundo glaciar más extenso de Islandia, con 925 km² de superficie. Su nombre se traduciría al español como «Glaciar Largo». Alineado con la dirección predominante en los sistemas de fisuras del sur de la isla, se extiende unos 52 kilómetros en sentido suroeste – noreste. El glaciar nos era de sobra conocido. Tan solo unas horas antes, nos habíamos adentrado en su flanco oriental, durante una excursión a bordo de Sleipnir. También visitamos su extremo occidental, un par de años atrás, mientras recorríamos la carretera 551 hasta el punto en que ésta muere contra el hielo.

Kaldadalsvegur desciende hacia Geitlandshraun

Kaldadalsvegur desciende hacia Geitlandshraun.

Hacia el norte, la pista se perdía entre el paisaje, camino de Geitlandshraun (en español, el Campo de Lava del País de las Cabras). Mas allá del último recodo visible de Kaldadalsvegur (la Ruta del Valle Frío), se elevaba Eiríksjökull (el Glaciar de Eirik). Otro pequeño glaciar, con apenas 22 km² de superficie, que esconde bajo sus hielos la mayor tuya de Islandia. Hasta comienzos del siglo XVIII, el glaciar era conocido como Baldjökull. Las correrías de un forajido llamado Eiríkur, que buscó refugio en las montañas de esa zona, parecen estar detrás del cambio de nombre.

La pista comenzaba su lento descenso. Parecía un buen momento para volar el dron, intentando captar la magnitud y la desolación del paisaje que nos rodeaba. Esto último, en Islandia, suele resultar sencillo. Al contrario que lo primero. La falta de cualquier tipo de referencia visual hace extremadamente complicado apreciar, en cualquier fotografía o video, las dimensiones reales del entorno. Una lástima, pues precisamente esa desmesura en los espacios abiertos es uno de los mayores atractivos de la isla. Aquel día, intenté utilizar el coche que conducíamos como elemento de escala.

Descendiendo hacia Nyrðra-Hádegisfell

Descendiendo hacia Nyrðra-Hádegisfell.

Mientras avanzábamos hacia el norte, el paisaje lograba aquello que, unos metros atrás, parecía imposible. En las inmediaciones de Nyrðra-Hádegisfell, se volvía todavía más duro, áspero y alienígena. Las oscuras montañas, prácticamente desprovistas de vegetación, mostraban las descarnadas heridas de su proceso de formación, entrelazadas con aquellas provocadas por el inhóspito clima de Islandia. Cada vez resultaba más complicado conducir por Kaldadalsvegur. Y no precisamente por su firme o trazado, bastante razonables para ser una pista de las Tierras Altas. Lo realmente difícil era resistirse al fascinante entorno que recorríamos. Mantener la atención en la conducción rozaba lo imposible y las pausas eran continuas.

Nyrðra-Hádegisfell

Nyrðra-Hádegisfell.

Poco antes de las dos de la tarde, decidimos que era inviable seguir así. Llevábamos más de hora y media en la carretera y aún no habíamos sido capaces de llegar a su extremo septentrional. Haríamos una última pausa y no nos volveríamos a detener hasta alcanzar el asfalto en el cruce con la 518, junto a la orilla del río Hvitá. El lugar elegido fue un pequeño apartadero, en las inmediaciones del Nyrðra-Hádegisfell. Su mole negra dominaba el horizonte hacia el este, ocultando las nieves perpetuas del Langjökull.

Kaldadalsvegur a vista de dron

Kaldadalsvegur a vista de dron.

Una vez más, volvimos a volar el dron. En esta ocasión, con la intención de conseguir desde las alturas aquello que, a ras de suelo, resultaba casi imposible. Alguna fotografía en la que se mostrara la belleza y las dimensiones de la desolación que estábamos recorriendo. A continuación, reemprendimos la ruta.

El Langjökull desde el oeste

El Langjökull desde el oeste.

Esta vez, fuimos incapaces de mantener la promesa que nos habíamos hecho. Poco después del cruce con la 551, era la blanca silueta del Langjökull la que dominaba el horizonte hacia el este. Volvimos a parar, junto a la orilla del Geitá. Más allá del río y de Geitlandshraun, Langjökulsvegur zigzagueaba por el paisaje, mientras se elevaba hacia el hielo. También podíamos distinguir los edificios de Klaki Basecamp y, a su derecha, una delgada linea recorriendo el glaciar en diagonal. Era la «carretera» que, por encima del hielo, enlaza la 551, en el oeste del Langjökull, con la 336, en el este. Una forma oscura, con aspecto de ser un «mountain truck», descendía hacia Klaki. Aún más a la derecha, un par de grupos de puntos se movían sobre la superficie helada. ¿Motos de nieve? Tal como habíamos podido comprobar el día anterior, para bien o para mal, el Glaciar Largo es el más civilizado de Islandia.

Esta sí fue nuestra última pausa en Kaldadalsvegur. Poco después de la una y media, llegábamos al asfalto de la 518. La carretera estaba rodeada por una vegetación que, viniendo de Kaldidalur, parecía un vergel. Habíamos tardado dos horas y media en recorrer los 40 kilómetros de Kaldadalsvegur. Una ruta que, por segunda vez, nos había sorprendido. Aunque ni sus paisajes, ni su dificultad, ni las sensaciones que trasmite, puedan compararse con lo que experimentarás en otras zonas de las Tierras Altas, como la mágica Fjallabak, no quiere decir que no merezca la pena recorrerla. Más bien al contrario. Si ya estás acostumbrado a recorrer rutas más complicadas, la carretera 550 será un agradable divertimento, sin mayor dificultad. En caso contrario, es una magnífica forma de comenzar a descubrir los secretos de la región más dura y hermosa de Islandia.

Para ampliar la información.

Se puede ver nuestro anterior recorrido por la carretera, de norte a sur, en https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/kaldadalsvegur-en-el-oeste-de-las-tierras-altas-de-islandia/.

Aunque Kaldadalsvegur no tenga la dificultad de otras pistas de las Tierras Altas de Islandia, si no tienes experiencia en la zona, quizá te interese leer otra entrada de este mismo blog: https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/conducir-en-islandia-las-tierras-altas/.

En Islandia 24 hay un buen artículo sobre la carretera: https://www.islandia24.com/f550-la-ruta-de-kaldidalurkaldidalsvegu/.

En inglés, antes de aventurarte por Kaldadalsvegur puedes averiguar si la ruta está abierta visitando https://www.road.is/travel-info/road-conditions-and-weather/west-iceland-road-conditions-map/.

En YouTube hay numerosos videos sobre la ruta. Quizá uno de los mejores, tomado de sur a norte, aparentemente a principios de verano, sea https://www.youtube.com/watch?v=cf50ogDHc-c.

También se puede ver la ruta completa, en sentido norte – sur, en el canal de Ervin Drives Around: https://www.youtube.com/watch?v=SONFidfyOsg.