Habíamos conocido Aldeyjarfoss en el verano de 2020. En nuestro recorrido por el norte de la isla, la cascada fue el destino final de una breve incursión hasta el límite de las Tierras Altas, recorriendo la carretera 842 y un corto tramo de la F26. El día, gris y lluvioso, había añadido una dosis extra de dureza a la excursión, realzando la belleza de la cascada. Pero las nefastas condiciones atmosféricas nos obligaron a partir aceleradamente, dejándonos con la miel en los labios.

Columnas de basalto junto a Aldeyjarfoss

Columnas de basalto junto a Aldeyjarfoss.

Regresábamos un año más tarde, esta vez procedentes del lejano sur, tras pasar 9 horas recorriendo la F26 por el árido corazón de la isla. De alguna forma, este viaje se había originado en aquél, cuando contemplamos la misteriosa pista perdiéndose entre la bruma, mientras regresábamos a la Ring Road y la Islandia más civilizada. Pasando otra vez tan cerca de su aparcamiento, parecía descortés no visitar nuevamente Aldeyjarfoss.

Oquedad junto a Aldeyjarfoss

Oquedad junto a Aldeyjarfoss.

El día no podía ser más distinto. La atmósfera, limpia y cargada de luz, parecía dar una nueva vida al lugar. Por contra, el sol y la ausencia de niebla restaba dramatismo y fuerza al entorno. Además de crear duros contrastes entre las zonas iluminadas y las que permanecían en sombra. Personalmente, me gustaba más la Aldeyjarfoss brumosa, fría y llena de misterio del año anterior, con una luz perfecta, tamizada por una espesa capa de nubes. Aunque, todo hay que decirlo, esta vez era mucho más agradable estar al aire libre.

Aldeyjarfoss

Aldeyjarfoss.

Nuestras sensaciones subjetivas también eran distintas. De ser el extremo más remoto de una excursión, a una mera escala en una jornada realmente dura, atravesando el mayor desierto de Europa. Del lugar más solitario del día, a la visita en la que coincidimos con más personas. En consecuencia, Aldeyjarfoss nos pareció mucho menos áspera, dura y remota que la vez anterior. Pero no por ello menos bella.

No logré ninguna foto comparable a la larga exposición de nuestra visita precedente. Tampoco lo pretendía, por lo que ni había bajado el trípode. En cambio, sí cargaba con el dron, con la idea de hacer alguna foto de la cascada desde una perspectiva diferente y, sobre todo, grabar un video. Intenté llegar con el dron desde Aldeyjarfoss hasta Ingvararfoss, la siguiente cascada aguas arriba en el Skjálfandafljót. Estaba a punto de conseguirlo, cuando el dron comenzó a perder la señal. Recordando mis peripecias para recuperarlo tras el accidente en Eldgjá, decidí no arriesgar más.

El río Skjálfandafljót, aguas abajo de Aldeyjarfoss

El río Skjálfandafljót, aguas abajo de Aldeyjarfoss.

Al final, nuevamente acabamos quedándonos solos en Aldeyjarfoss. Comenzaba a ser tarde para los horarios de Islandia y las dos o tres familias que había por la zona se marcharon rumbo al norte. Habría sido un buen momento para recorrer el entrono de la cascada pero, logrados los dos objetivos que nos habíamos marcado, estábamos demasiado cansados. Nosotros también seguimos nuestro camino hacia el norte, rumbo a la comodidad de la civilización.

Para ampliar la información:

La entrada sobre nuestra anterior visita a la cascada está en https://www.depuertoenpuerto.com/wordpress/aldeyjarfoss/.

En inglés, hay una larga entrada en Guide to Iceland: https://guidetoiceland.is/connect-with-locals/regina/the-extraordinary-aldeyjarfoss-waterfall-in-north-iceland-in-beautiful-basalt-column-settings-2.

Más breve, pero también interesante, la reseña en arctic adventures: https://adventures.is/iceland/attractions/aldeyjarfoss/.

Iceland The Beautiful también tiene una breve entrada sobre Aldeyjarfoss: https://icelandthebeautiful.com/aldeyjarfoss/.

Quien quiera profundizar en las posibilidades fotográficas de la cascada, puede ver el video de Mads Peter Iversen en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=35MxTUc4yzM.