Pudimos conocer Hverir durante nuestro primer día en Islandia, en el verano de 2017. Entre sus solfataras, fumarolas y volcanes de lodo, descubrimos la extraña geología de la isla y «disfrutamos» por primera vez de sus extraños aromas. Fue una visita breve. Teníamos poco tiempo y un barco esperándonos en Akureyri. Aunque tuvimos suerte, pues acertamos a llegar entre dos autobuses cargados de turistas, nunca dejó de haber pequeños grupos de personas andando por todas partes. Apenas pude hacer un puñado de fotografías, ninguna de ellas realmente limpia.

Namafjall

Namafjall.

Hverir no estaba en los planes para nuestro periplo por Islandia del verano de 2020. Habíamos pasado junto a su desvío, camino de Leirhnjúkur, sin prestarle atención. La siguiente jornada, volvimos a superar el paso de Námaskarð, mientras nos dirigíamos por la Ring Road hacia el este de la isla. Según descendíamos por una carretera sin tráfico, mi vista se fue hacia la humeante planicie que se extiende a los pies del Namafjall, para descubrir que su aparcamiento estaba completamente vacío. La posibilidad, quizá irrepetible, de estar a solas en uno de los lugares emblemáticos de Islandia fue superior a nuestra fuerza de voluntad. Esta vez, tomamos el desvío.

Vapores de Hverir

Vapores de Hverir.

Hverir se asienta sobre el sistema de fisuras que recorre la zona volcánica del norte de Islandia, en el área de transición entre las placas europea y norteamericana. En concreto, está en el grupo de fisuras del Krafla, que comienza en la costa del Öxarfjörður y se extiende casi un centenar de kilómetros hacia el sur, más allá del cráter de Hverfjall. La zona es increíblemente activa desde el punto de vista geológico y, en sus inmediaciones, se encuentran dos grandes instalaciones de aprovechamiento geotérmico. Siete kilómetros al norte, la gran planta de Kröflustöð, la mayor de toda la isla. Tan solo 1.500 metros al oeste, la más modesta Bjarnarflag.

Fumarola

Fumarola H-10.

El aprovechamiento económico de Hverir viene de antiguo. No en vano Námaskarð se podría traducir como «el paso de la mina». Se tienen noticias de que, en el siglo XVI, unos hermanos residentes en la vecina Reykjahlíð se enriquecieron extrayendo el sulfuro de la zona. En 1563, el rey de Dinamarca se hizo con la propiedad del terreno, que siguió explotándose hasta mediados del siglo XIX. El último intento de extracción se realizó en 1939, pero acabó mal, pues los costes resultaron ser superiores al valor de mercado del material. A medidos del siglo XX se hicieron varios taladros para explorar las posibilidades energéticas del lugar. También terminó en fracaso. La tecnología de la época no era lo suficientemente avanzada. Dos fumarolas, rodeadas por extraños conos de escoria coronados por piedras, son un recuerdo de este último intento. La conocida como «H-10» comenzó a perforarse el 31 de julio 1953, alcanzándose los 53 metros de profundidad. Tras desistir, se intentó taponar con una válvula, pero ésta no fue capaz de resistir la elevada acidez de los gases.

Charco de lodo

Volcán de lodo.

Hverir debe su existencia al agua que se filtra hasta una intrusión magmática, relativamente superficial, situada bajo su suelo. El agua vuelve a ascender convertida en vapor, acompañada por otros gases sulfurosos, responsables del característico olor a huevos podridos que predomina en toda la zona. Los mismos gases, al reaccionar con la atmósfera, crean superficies de extraños colores que contrastan con el terreno ocre. En cambio, cuando la reacción se produce con el agua de la superficie, se genera ácido sulfúrico, que a su vez disuelve la roca circundante, creando volcanes de lodo.

Depósitos sulfurosos

Depósitos sulfurosos.

Todo esto hace de Hverir un lugar frágil y relativamente peligroso. Las zonas más sensibles están marcadas con cuerdas, que no es recomendable sobrepasar. En muchas ocasiones, lo que parece un suelo sólido es poco más que una frágil corteza, que se romperá bajo nuestro peso. Por una parte nos pondremos en peligro, al poder caer en una zona extremadamente caliente (la superficie puede estar a 100ºC) o en un charco ácido. Además, dejaremos una huella en el terreno que puede tardar siglos en desaparecer.

Vista hacia el este de Hverir

Vista hacia el este de Hverir.

Nuestra segunda visita a Hverir fue diferente a la primera. Ya estábamos acostumbrados a los extraños olores de las zonas geotermales de Islandia. En los cinco días anteriores habíamos visitado por segunda vez Haukadalur y por primera Hveravellir, dos serios rivales de Hverir. Por tanto, habíamos perdido el factor sorpresa de nuestra anterior visita. A cambio, logramos hacer ésta en la más completa soledad. Perfecto para hacer fotografías. En cualquier caso, también acabó siendo una visita breve. No estaba prevista y teníamos que regresar, una vez más, al borde de las Tierras Altas. Esta vez, quien nos esperaba era uno de los cañones más hermosos de Islandia.

Para ampliar la información:

El blog Diversidad y un Poco de Todo tiene una buena entrada sobre el lugar: https://www.diversidadyunpocodetodo.com/islandia-namafjal-hverir-solfataras-fumarolas-lodos-hirvientes/.

Quien tenga interés en subir hasta el Námafjall puede encontrar información en R&S Wanderlust: https://randswanderlust.com/hverir-namafjall-482/.

En inglés, muy completa la entrada en Sim1 Travels: https://www.sim1.se/ice/hverir/hverir.html.

El blog Julie Journeys tiene una entrada con bastantes fotos y algunos videos: https://juliejourneys.com/2018/11/21/exploring-namaskard-geothermal-area-in-myvatn-iceland/.

 

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