Sassolungo es conocido en alemán como Langkofel y en ladino como Saslonch. En los tres casos, el nombre se traduciría al español como «Piedra Larga». Un topónimo apropiado para el macizo que, con una altura máxima de 3.181 metros, se extiende por aproximadamente un kilómetro entre los valles de Gardena y Fassa. Su característica silueta, una de las más hermosas y reconocibles de los Dolomitas, domina el paisaje del paso de Sella.

En la estación inferior

En la estación inferior.

Sassolungo iba a ser nuestra segunda visita del día. Acabó siendo la primera. A pesar de lo cual, los atascos y los problemas para aparcar hicieron que llegásemos a sus pies bien pasado el mediodía. Nuestro plan inicial era subir en el telecabina y descender rodeando el macizo por el norte, siguiendo la senda 526. Tan pronto como aparcamos, nos dirigimos sin perder un minuto a la estación inferior.

Bajando del telecabina

Bajando del telecabina.

El telecabina de Sassolungo, al que los italianos, con su habitual socarronería denominan «el sarcófago», es un medio de transporte cuando menos curioso. Lleva en funcionamiento desde 1972 y tanto su tecnología como su operativa parecen estar completamente desfasadas. Las diminutas cabinas, con una capacidad máxima de dos plazas, están unidas al cable por un enganche fijo. No hay posibilidad de desacoplar o desembragar, por lo que hay que subirse en marcha. Y bajar, lo que suele ser todavía más complicado. Por suerte, hay personal de sobra para echar una mano a los pasajeros.

Telecabina de Sassolungo

Telecabina de Sassolungo.

Pese a la falta de comodidades, el sistema funciona. Y, en tiempos de pandemia, tiene una ventaja indudable: no hay que compartir un espacio atestado con completos desconocidos, como en otros remontes más modernos. Con un desnivel de 493 metros, permite llegar al refugio Demetz, a una altitud de 2.685, en poco más de 10 minutos. Un viaje que, en cualquier caso, la impresionante belleza del entorno hace que pase en un suspiro.

Vista desde el refugio Demetz

Vista desde el refugio Demetz.

El refugio es un pequeño edificio, con un restaurante y alojamiento para 27 personas. Fue construido entre 1953 y 1954 por el guía de montaña Giovanni Demetz. A fecha de hoy, sigue gestionándolo su familia. Decidimos no entrar. Por una parte, estaba bastante lleno y las mesas exteriores completamente abarrotadas. Tampoco teníamos mucho tiempo disponible.

Sass Pordoi

Sass Pordoi.

Las vistas hacia el sur, desde la brecha de Saslonch, eran impresionantes. La enorme mole del Sass Pordoi, con 2.950 metros de altura, atrajo enseguida nuestra atención. Un teleférico llega prácticamente hasta su cima, remontando en tan solo 4 minutos desde Val di Fassa hasta un lugar con el sugerente nombre de «Balcón de los Dolomitas». Un trayecto que debe ser tan espectacular como vertiginoso y que nos tentaba desde una distancia que, en linea recta, apenas superaba los 5 kilómetros. Pero suponía desviarnos en exceso de nuestra ruta. Decidimos mantener, en la medida de lo posible, el plan inicial.

Vista hacia el sureste de Sassolungo

La Marmolada desde Sassolungo.

Más allá del Sass Pordoi, podíamos reconocer el paisaje que habíamos recorrido en la jornada anterior. La Marmolada, cubierta por las nieves perpetuas del último glaciar de los Dolomitas, era inconfundible. Justo sobre el horizonte, se adivinaba la agreste silueta del Monte Civetta, parcialmente velada por las nubes. El panorama era impresionante y la mezcla de nubes y claros, luces y sombras, que lo salpicaban no hacía más que resaltar su belleza.

Al otro lado del collado

Al otro lado del collado.

Pero el día iba avanzando. Nos adentramos en la brecha, con la idea de ver qué había al otro lado y tomar una decisión. Las vistas hacia el noroeste, siendo hermosas, no eran rival para las que acabábamos de contemplar. Lo más interesante era el propio collado, encajonado entre paredes casi verticales, que descendía rápidamente hacia las verdes praderas. Si decidíamos bajar y rodear el macizo por el norte, esa sería la primera y única excursión del día. No sin pena, optamos por regresar en el telecabina e intentar llegar a Seceda.

Hacia el norte de Sassolungo

Hacia el norte de Sassolungo.

El descenso fue, si cabe, más interesante que la subida. De alguna forma, nos habíamos familiarizado con el impresionante entorno y podíamos disfrutarlo más serenamente. Además, el telecabina se detuvo en un par de ocasiones, imagino que forzado por el traspié de algún pasajero. Nos entretuvimos disfrutando de las vistas hacia el norte, donde el grupo Puez-Geisler dominaba el horizonte. Aunque no podíamos verlo desde nuestra ubicación, en su extremo occidental estaba nuestro siguiente destino.

Paredes de Sassolungo

Paredes de Sassolungo.

Pese a los problemas con el tráfico y a no ser capaces de realizar la ruta prevista, nuestra breve excursión a Sassolungo fue muy interesante. El macizo montañoso es sin duda tan espectacular como las vistas que ofrece. Acertamos a visitarlo en una jornada con un hermoso cielo, donde alternaban las nubes y los claros, que realzaba la belleza del entorno. No conozco los Dolomitas lo suficiente como para afirmar que Sassolungo sea uno de sus lugares imprescindibles. Pero puedo afirmar, sin ningún género de duda, que fue una de las mejores visitas que hicimos en nuestro breve viaje por las montañas más hermosas de Europa.

Para ampliar la información:

El blog Más Rutas y Menos Rutinas tiene una buena entrada sobre Sassolungo: https://masrutasymenosrutinas.com/sassolungo/.

En Lugares de Nieve se puede consultar un artículo sobre el telecabina: https://www.lugaresdenieve.com/?q=es/reportaje/la-g-ndola-del-sassolungo-un-curioso-telecabina-que-resiste-el-paso-del-tiempo.

En inglés, la web oficial del refugio Toni Demetz está en https://www.tonidemetz.it/en/index.php.

Quien busque información sobre Sass Pordoi puede visitar https://www.fassa.com/EN/Viewpoint-Sass-Pordoi/.