Casi despoblados, mal comunicados con el resto de la isla y todavía poco frecuentados por la creciente avalancha turística que sufre Islandia, los Fiordos del Oeste son, sin embargo, una de las regiones más fascinantes de la tierra de hielo y fuego. Mas allá de estar a desmano de la Ring Road, la carretera preferida por la mayor parte de los que recorren Islandia, quizá sea la aparente falta de lugares deslumbrantes lo que desanime a muchos posibles visitantes. Aquí no encontraremos géiseres, volcanes o campos geotermales. Sin embargo, el laberinto de mar y roca que forma el extremo noroeste de Islandia está lleno de sitios tan interesantes como poco visitados. Tantos, que por sí solos justificarían un viaje a la isla.

Pista en Suðureyri

Pista en Suðureyri, durante nuestro viaje de 2017.

Habíamos conocido fugazmente la región en nuestro primer viaje a Islandia. Una escala en Ísafjörður bastó para que cayéramos rendidos ante su etéreo embrujo. Entre las persistentes nieblas y brumas de sus fiordos se consolidó la fascinación de nuestro primer contacto con la isla, durante la escala del día anterior en Akureyri. Sin embargo aquella jornada, además de breve, tuvo su lado amargo. Nuestra falta de experiencia conduciendo por sus complicadas carreteras nos impidió llegar a Dynjandi, la impresionante cascada que nos habíamos marcado como objetivo principal del día. Tuvieron que pasar cuatro años para que regresáramos a intentar enmendar aquel fracaso.

Puerto de Ísafjörður

Puerto de Ísafjörður.

Organizamos nuestro retorno a Vestfirðir, el nombre islandés de los Fiordos del Oeste, como un viaje dentro de otro viaje, mucho más amplio, por la mitad occidental de Islandia. Entraríamos en la región por su extremo oriental, en las inmediaciones del Hrútafjörður. Desde allí, recorreríamos su intrincada geografía en sentido levógiro. La idea era visitar la mayor parte posible de la costa. Sabíamos que era imposible recorrerla entera. No hay carreteras en Hornstrandir y, en otras zonas, éstas tenían fama de ser complicadas. Ya veríamos lo que lográbamos.

Dynjandi

Dynjandi.

En cualquier caso, el planteamiento del viaje era muy similar al del resto del recorrido por Islandia: saltar de hotel en hotel, realizando trayectos no demasiado largos, que nos dejaran tiempo suficiente para ir visitando los lugares que quedaran de camino. La única excepción sería Patreksfjörður, donde pasaríamos dos noches, utilizando la pequeña población como base para recorrer el extremo suroccidental de Vestfirðir. Y, por supuesto, no nos olvidaríamos de Dynjandi. En realidad, la joya de los Fiordos del Oeste era el eje sobre el que pivotaba todo el itinerario por la región. A priori, su punto culminante.

El recorrido, día por día, quedó como sigue:

Día 1. Rumbo a los Fiordos del Oeste.

Salimos de la granja de Dæli, en Víðidalstunga, para recorrer la costa hasta la remota Djúpavík. Desde allí, hicimos una excursión hasta la todavía mas remota Ófeigsfjörður. De regreso, aun encontramos tiempo para dar un paseo por Djúpavík, uno de los lugares más extraños que hemos podido conocer.

Día 2. De Djúpavík a Heydalur.

La espesa niebla trastocó nuestros planes y acabamos improvisando una excursión a Norðurfjörður. A continuación, recuperamos la idea inicial de realizar un breve desvío hasta llegar a los pies del Drangajökull.

Día 3. De Heydalur a Ísafjörður.

Un recorrido relativamente corto, por lo que aprovechamos para subir hasta el mirador del Bolafjall. De regreso, visitamos el pequeño pero interesante museo marítimo de Ósvör. Rematamos la jornada dando un tranquilo y agradable paseo por Ísafjörður.

Día 4. De Ísafjörður a Patreksfjörður.

Arrancamos la jornada recorriendo el norte de Svalvogavegur, una de las carreteras más peligrosas y salvajes de Islandia. A continuación, había llegado el momento de conocer la atronadora Dynjandi. Aun nos sobró tiempo para improvisar un desvío por Ketildalavegur, en la orilla sur del Arnarfjörður.

Día 5. Una excursión desde Patreksfjörður.

Realizamos un recorrido por la península más meridional de Vestfirðir, en el que visitamos los acantilados de Látrabjarg, el extremo occidental de Islandia. Desde allí, nos dirigimos a la playa roja de Rauðisandur, para acabar el día cenando en Tálknafjörður.

Día 6. De Patreksfjördur a Laugar.

Recorremos la costa meridional de Vestfirðir, camino de Vesturland, bordeando el gran Breiðafjörður en un día cargado de nubes. Una forma perfecta de despedirnos de los Fiordos del Oeste.

En total, recorrimos 1.478 kilómetros, de los cuales algo más de la mitad fueron sobre pistas de tierra. Algunas con calificación de carreteras «normales» y otras consideradas carreteras de montaña, con la F delante de su número. Incluso estuvimos tentados de recorrer la parte «no oficial» de Svalvogavegur, pero al final preferimos no arriesgarnos a un fracaso que podría comprometer nuestra visita a Dynjandi. Aunque veníamos de atravesar de sur a norte las Tierras Altas, recorriendo entre otras la dura Sprengisandsleið, alguna de las pistas de Vestfirðir resultaron estar casi al mismo nivel de dificultad. Sobre todo la 622, con un trazado tan hermoso como salvaje, y la F649, cuyo vado final no nos atrevimos a cruzar. En cualquier caso, aunque sea prácticamente imposible recorrer la región sin conducir por carreteras sin asfaltar, encontramos la mayor parte de éstas en bastante buen estado, con un firme y un trazado aceptables. Al alcance de cualquiera con un mínimo de soltura conduciendo.

Regresando hacia Djúpavík

Regresando hacia Djúpavík.

He de reconocer que regresábamos a los Fiordos del Oeste con cierto temor. Pese a la brevedad de nuestra anterior visita, el listón había quedado muy alto. Temíamos sufrir una decepción. Nuestros recelos resultaron infundados. Vestfirðir nos recibió con sus mejores galas, en forma de una densa cubierta de nubes, que apenas nos permitió ver unos cuantos jirones de cielo azul. Hay fotografías y videos de la región en jornadas espléndidas, completamente despejadas y sin una nube en el horizonte. Por tanto, sé que esos días existen, aunque nunca haya logrado verlos en primera persona. No me importa. Prefiero sus días grises y cargados de niebla. Dan a la región un aire etéreo, que acrecienta su enigmático embrujo y forma parte de la esencia de Vestfirðir.

Kaldbaksvik

Kaldbaksvik.

A la hora de recorrer la región, hay que tener en cuenta la escasa densidad de población. Sus 9.409 kilómetros cuadrados apenas están poblados por 7.300 personas, de las cuales casi la mitad se concentra en la capital. Tampoco hay demasiado turismo. Lo que es bueno para disfrutar de su salvaje entorno, puede resultar un problema a la hora de los servicios disponibles. Hay pocas gasolineras y menos hoteles. Tampoco abundan los restaurantes. Aunque las distancias no parezcan muy largas en kilómetros, sí lo pueden ser en tiempo. Algo bastante común en Islandia. Es importante planificar los itinerarios teniéndolo en cuenta.

Kaldalónsjökull

Kaldalónsjökull.

Otro factor a considerar es el meteorológico. Estamos en una de las regiones más extremas de Islandia, tan solo superada por las Tierras Altas. El clima es muy inestable y son frecuentes los vendavales y los aguaceros. Por no hablar de las nevadas durante el largo invierno subártico. Tenlo en cuenta, permanece siempre atento a las alarmas de safetravel.is y procura tener planes flexibles. Sobre todo, nunca te confíes. En toda Islandia, es posible pasar de un día apacible a un infierno en cuestión de minutos. En Vestfirðir, expuesta a los rigores de la cercana Groenlandia, es aun peor.

Foca en el Reykjarfjörður

Foca en el Reykjarfjörður.

La eterna pregunta de todo el que se acerca a la región es cuántos días se necesitan para visitarla. Como siempre, dependerá de los gustos y preferencias personales. En esta ocasión estuvimos seis días y, a pesar de que ya conocíamos algunos lugares, nos quedaron otros por ver. Deberíamos haber dedicado un día adicional a la salvaje costa de Strandir. También nos habría gustado realizar una excursión a la todavía más salvaje Hornstrandir. Además de faltarnos tiempo, la escasez de turismo, debido a los últimos coletazos de la pandemia, hizo que apenas hubiera barcos cubriendo el trayecto desde Ísafjörður. Y un día adicional en la zona suroeste no nos habría venido mal. Quizá nos habríamos animado a intentar un segundo asalto a Svalvogavegur. En total, otros tres días, elevando el total a nueve. Sería el máximo de tiempo que dedicaría a la zona.

Arena roja en Rauðisandur

Arena roja en Rauðisandur.

En el otro extremo, creo que el mínimo debería estar en dos días. Un itinerario rápido podría ser llegar en el primer ferry desde Stykkishólmur y limitar la visita al extremo suroccidental de la región, durmiendo en Patreksfjörður. A la ida, podrías visitar Rauðisandur y Látrabjarg. De regreso al ferry, dar un rodeo hasta Dynjandi. Puede parecer poco, pero si no dispones de más días, mi consejo es el mismo que en el resto de la isla: es mejor ceñirte a una zona y conocerla con cierta calma y detalle que pasarte el día intentando devorar kilómetros por las carreteras de Islandia. Si, además, quieres conocer Ísafjörður y sus alrededores, el mínimo sería de tres jornadas.

El Kambur desde la orilla norte del Reykjarfjörður

El Kambur desde la orilla norte del Reykjarfjörður.

Independientemente de los días que dediques a recorrerlos, estoy seguro de que los Fiordos del Oeste no te decepcionarán. Son tan distintos al resto de la isla que, en algunos momentos, te parecerá estar en otro país. Quizá no sean tan fotogénicos como Landmannalaugar o Kerlingarfjöll, ni tan espectaculares como Dettifoss o Jökulsárlón. Pero el embrujo de sus paisajes, la amabilidad de sus habitantes y la sensación de estar en un lugar remoto, harán de esa parte de tu viaje por Islandia una experiencia inolvidable.

Para ampliar la información:

Quien solo tenga tiempo de hacer un breve recorrido por la región, puede encontrar inspiración en la interesante entrada de Singularia: https://singularia.blog/2022/10/28/fiordos-del-oeste-islandia-guia-sensorial/.

También es digno de mención el itinerario descrito en el blog Fotografiando Viajes: https://fotografiandoviajes.com/fiordos-oeste-islandia-vestfirdir-que-ver/.

Algo mas prolongado el que describen en Viajar por Libre: https://www.viajarporlibre.net/fiordos-del-oeste-islandia/.

En inglés, la web oficial de turismo de los Fiordos del Oeste está en https://www.westfjords.is/.

Muy interesante el artículo sobre la región en Guide to Iceland: https://guidetoiceland.is/nature-info/the-wild-westfjords-of-iceland.

La misma web tiene una entrada sobre las carreteras de la zona: https://guidetoiceland.is/connect-with-locals/stephen.midgley.7/westfjords-roads-a-complete-guide.

Como en todo viaje por Islandia, imprescindible visitar todos los días la página safetravel.is.

En https://www.road.is/travel-info/road-conditions-and-weather/westfjords-road-conditions-map/ encontraremos información específica sobre las condiciones de las carreteras de Vestfirðir.