Tokio es la mayor ciudad del mundo, con una población estimada en 37,4 millones de habitantes para el conjunto de su área metropolitana, cuya superficie urbanizada ronda los 13.500 kilómetros cuadrados. Sus lejanos orígenes se remontan al asentamiento de varias aldeas de pescadores en la zona. Los vestigios más antiguos se han datado en el entorno del año 3.000 AEC. Durante el siglo XI, el clan Edo se estableció en una colina, cerca del lugar en el que el río Tone desembocaba en el mar. Actualmente, la colina forma los recintos Honmaru y Ninomaru del castillo de Tokio. La antigua ensenada ha acabado convertida en el parque Hibiya. Y el río Tone desemboca casi cien kilómetros al este.

Torre Fushimi

Torre Fushimi.

En 1456 comenzó la construcción de la primera fortaleza digna de tal nombre, aunque el auténtico auge de la ciudad llegó con el shogunato Tokugawa, que se estableció en lo que entonces era el castillo de Edo, haciendo del lugar la capital de facto de Japón. La ciudad superó el millón de habitantes en la década de 1720. Tras la caída del shogunato en 1868, el emperador cambió su residencia desde Kioto hasta Edo, que pasó a denominarse Tokio, o «capital del este». Aunque, oficialmente, nunca se haya llegado a designar a Tokio como la capital del país.

Atardecer desde el Tokyo Skytree

Atardecer desde el Tokyo Skytree.

¿Se puede conocer Tokio en tres días? La respuesta es sencilla: no. A lo máximo que se puede aspirar es a recorrer unos cuantos de sus lugares más icónicos y a tener una primera toma de contacto con su trama urbana y sus peculiaridades. Lo cual no quita interés a la visita. Al contrario. Enfrentarse por primera vez al reto de visitar una urbe de dimensiones tan colosales es una experiencia que, al menos en mi opinión, es apasionante en si misma. Tan solo hay que ser consciente de las propias limitaciones.

Puente de Wadakuramon

Puente de Wadakuramon.

Decidimos hacer de nuestra visita a la capital de Japón el colofón de nuestro viaje por Extremo Oriente. Por una parte, quince días era tiempo más que suficiente para superar el jet-lag de un vuelo directo entre Barajas y Narita. Por otra, los días previos nos servirían como introducción a los usos y costumbres de un país culturalmente distinto del nuestro. En cierta forma, dejábamos lo que a priori podía parecer más complicado para el final del viaje, cuando al menos habríamos tenido tiempo de familiarizarnos con ciertos aspectos básicos de la vida en Japón.

Marunouchi

Marunouchi.

Para dormir, elegimos el barrio de Marunouchi, en pleno centro de la ciudad. No queríamos perder tiempo en desplazamientos interminables y, a la vez, buscábamos estar cerca de la estación de ferrocarril, de la que partía el Narita Express, en el que viajaríamos de vuelta al aeropuerto. Al estar junto a la estación central de Tokio, también era un barrio muy bien comunicado, con líneas de tren y metro en todas direcciones. Por último, en sus proximidades estaban los Jardines del Palacio Imperial, uno de los lugares que queríamos visitar. Acabamos decidiéndonos por el hotel Marunouchi, situado justo al lado de la estación. Tan cerca, que incluso un pasaje subterráneo comunicaba directamente el hotel con el laberinto de pasadizos de la estación. Creo que fue una buena opción, por ubicación, precio e instalaciones. Aunque, al ser nuestro primer viaje a Tokio, tampoco tenemos con que comparar.

Lineas de metro y ferrocarril

Lineas de metro y ferrocarril (https://randomwire.com/inbetween-the-lines/).

Para desplazarnos, utilizamos el transporte público y nuestras propias piernas. Aunque estas últimas eran de una utilidad limitada en una urbe tan vasta como Tokio. Y cuando hablo de transporte público me refiero principalmente a la magnífica red de metro y ferrocarril de que dispone la ciudad. Red que, si peca de algo, es de su tamaño desmesurado. La primera vez que vi un plano completo, no pude evitar sentirme intimidado. Al final, moverse entre sus vericuetos fue más sencillo de lo que pensábamos.

En los jardines del santuario Meiji

En los jardines del santuario Meiji.

Tras llegar al hotel procedentes de Yokohama, empleamos la mayor parte de nuestro primer día dando un largo paseo entre Shibuya y Shinjuku, que nos permitió conocer el famoso cruce de Shibuya, visitar el Santuario Meiji y subir al mirador del edificio del Gobierno Metropolitano. Para acabar recorriendo, todavía de día, el animado barrio de Kabukichō. Tras una breve pausa en el hotel, volvimos a subir al metro para ir hasta el museo de arte Mori, en Roppongi Hills.

En el cruce de Shibuya

En el cruce de Shibuya.

El segundo día acabó siendo el más intenso de todos. Arrancamos la mañana visitando el Palacio Imperial, en el interior del antiguo castillo de Edo. De allí fuimos a Asakusa, donde nos esperaban el templo budista de Sensō-ji y Asakusa-jinja, un santuario sintoísta. A continuación, subimos a un barco para recorrer el río Sumida hasta Odaiba. Tras visitar la isla artificial, regresamos a Shibuya, repitiendo una versión nocturna y algo más reducida de nuestro anterior paseo hasta Shinjuku.

Desembocadura del Sumida desde Tokyo Skytree

Desembocadura del Sumida desde Tokyo Skytree.

En la tercera jornada se trastocaron nuestros planes, al encontrar cerrados los Jardines del Este del Palacio Imperial. Sobre la marcha, organizamos un paseo por Ginza, que nos llevó hasta los jardines de Hamarikyu. Después, hicimos un agradable recorrido en la línea Yurikamome, antes de volver a mediodía al hotel para hacer una pausa. Ya por la tarde, visitamos el Tokyo Skytree coincidiendo con el crepúsculo. Rematamos la jornada volviendo a visitar Sensō-ji por la noche.

Narita Express

Narita Express.

Al día siguiente, tan solo tuvimos tiempo de levantarnos muy temprano para, antes de las siete de la mañana, estar en la estación esperando al Narita Express. Un par de horas más tarde, habíamos facturado el equipaje y desayunábamos en la terminal del aeropuerto. A nuestro viaje tan solo le restaba el trámite del largo vuelo de vuelta a Madrid.

Marunouchi de noche

Marunouchi de noche.

En resumen, acabamos visitando tres miradores (Gobierno Metropolitano, Museo Mori y Tokyo Skytree), tres templos (Meiji, Sensō-ji y Asakusa-jinja), un jardín tradicional (Hamarikyu) y buena parte del recinto del antiguo castillo Edo. Hicimos un trayecto en barco y dos en el curioso sistema de transporte automatizado de Yurikamome. A lo que hay que añadir los paseos intermedios, varias visitas menores y numerosos trayectos en metro y ferrocarril. En mayor o menor medida, acabamos conociendo algo de Marunouchi, Ginza, Asakusa, Shibuya, Shinjuku y Odaiba. Apenas una pequeña parte de la inmensa ciudad.

Haiden y la Pagoda de Cinco Pisos

Haiden y la Pagoda de Cinco Pisos.

Pese a su larga historia, Tokio es una urbe esencialmente moderna, carente de un casco histórico digno de tal nombre. Las construcciones tradicionales de madera, los terremotos y los incendios se han conjugado para provocar la pérdida de buena parte de sus edificios y barrios antiguos. Proceso que tuvo su culminación en la Segunda Guerra Mundial. Entre el 18 de abril de 1942 y el 25 de mayo de 1945, la ciudad sufrió numerosos ataques por parte de las fuerzas aéreas norteamericanas, que destruyeron más de la mitad de su trama urbana. El Tokio actual es una interminable sucesión de edificios modernos, con tan solo alguna construcción tradicional salpicada aquí y allá. Pero ojo: incluso muchas de éstas, como Sensō-ji, son recreaciones modernas, realizadas después de 1945.

También es una ciudad de contrastes. En unos minutos se puede pasar del entorno rabiosamente urbano de Shinjuku a los bucólicos jardines del santuario Meiji. O del ritmo pausado y ceremonioso de una casa de té tradicional a la locura de cualquier local de ocio en Kabukichō. En algunos lugares, este cambio es asombrosamente brusco. Basta cruzar una acera para pasar de Golden Gai a Hanazono-jinja. O girar un poco la cabeza para contemplar el Tokyo más tradicional recortando su silueta sobre los modernos edificios de Ōtemachi.
La extraña mezcla entre lo moderno y lo tradicional, la serenidad y el bullicio, el minimalismo y la saturación visual, lo refinado y lo estrambótico, hacen de Japón un lugar muy seductor para un occidental. Sensación que se ve acrecentada por las diferencias culturales. Además de tener una civilización antigua y exquisitamente sofisticada, Japón es uno de los pocos lugares del mundo que nunca ha sido colonizado por un país de cultura europea. Siendo una nación altamente desarrollada, en un planeta cada vez más globalizado, muchas de sus costumbres pueden parecer casi idénticas a las de Alemania o Canadá. No lo son o, en todo caso, tan solo lo son superficialmente. Su cultura milenaria lo impregna todo. Incluso aquellas costumbres adquiridas, lo han sido voluntariamente, adaptándolas en el proceso a la peculiar idiosincrasia japonesa, en la que tan solo la todavía más antigua civilización china ha sido capaz de dejar una huella profunda.

Tatsumi Yagura

Tatsumi Yagura.

Todos estos contrastes se dan en Tokio. Casi siempre de forma más radical que en otros lugares de Japón que pudimos visitar. Tokio no tiene el abrumador legado artístico y cultural de Kioto. Ni los espléndidos jardines de Takamatsu o Kanazawa. Ni el imponente castillo de Kōchi, o la hermosa ubicación de Hakodate. Pero, de todas las ciudades, grandes y pequeñas, que recorrimos en nuestro viaje por el archipiélago, fue la que mejores recuerdos me dejó. Y aquella a la que más anhelo poder regresar algún día.

Hotel Marunouchi

El cruce de Shibuya

https://depuertoenpuerto.com/wordpress/el-cruce-de-shibuya/

El santuario Meiji

https://depuertoenpuerto.com/wordpress/el-santuario-meiji/

En el mirador del Tocho

https://depuertoenpuerto.com/wordpress/en-el-mirador-del-tocho/

Paseando entre Shibuya y Shinjuku

https://depuertoenpuerto.com/wordpress/paseando-entre-shibuya-y-shinjuku/

El mirador del Museo de Arte Mori

https://depuertoenpuerto.com/wordpress/el-mirador-del-museo-de-arte-mori/

Visitando el Palacio Imperial de Tokio

https://depuertoenpuerto.com/wordpress/visitando-el-palacio-imperial-de-tokio/

El castillo Edo, el corazón de Tokio

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Día y noche en Sensō-ji

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Por el río Sumida, entre Asakusa y Odaiba

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La isla de Odaiba

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Un paseo nocturno por Tokio

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Visitando los Jardines de Hamarikyu

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En la línea Yurikamome

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En el Tokyo Skytree

https://depuertoenpuerto.com/wordpress/en-el-tokyo-skytree/
Para ampliar la información:

Siempre es interesante visitar el blog de alguien que viva en el lugar, como UnGatoNipón: https://www.ungatonipon.com.

La web Japonismo tiene una extensa guía sobre la ciudad, llena de consejos y vínculos: https://japonismo.com/blog/que-ver-y-hacer-en-tokio-guia-basica-de-viaje.

El portal oficial de turismo de Tokio está en https://www.gotokyo.org/es/index.html.

Quien esté interesado en la historia de la ciudad, puede visitar los artículos de la Wikipedia sobre la historia de Edo (https://es.wikipedia.org/wiki/Edo) y Tokio (https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Tokio).

En inglés, muy recomendable la web Tokyo Cheapo: https://tokyocheapo.com.

También es interesante el blog de Héctor García: http://www.ageekinjapan.com.

En Exploring Old Tokyo se puede encontrar información sobre los barrios centrales de la ciudad: https://old-tokyo.info.

Tokyo in Pics es un curioso blog, lleno de ejemplos y consejos para hacer fotografías en la ciudad: https://www.tokyo-in-pics.com. Una lástima haberlo descubierto a mi regreso.

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