Todos tenemos la imagen de Islandia como un paraíso natural. Sin embargo, buena parte de sus paisajes, tan desolados como fascinantes, son fruto de la mano del hombre. Cuando los primeros noruegos llegaron a la isla, los árboles cubrían el 40% de su superficie. Creyendo que el ritmo de regeneración de los bosques sería similar al de su tierra natal, prácticamente los hicieron desaparecer. A mediados del siglo XX la superficie arbolada apenas llegaba al 0,5%. En la actualidad, pese a los esfuerzos de los sucesivos gobiernos, los bosques siguen siendo una rareza en la isla.

Paseando por Hofði

Paseando por Hofði.

Uno de los pocos lugares de Islandia en los que se puede pasear bajo un tupido bosque es la pequeña península de Hofði, en el extremo oriental del lago Mývatn. Pero los árboles de Hofði no son un resto de los bosques primigenios de la isla. Tampoco son fruto de la regeneración espontánea de la cubierta vegetal. Nuevamente, estamos ante el resultado de la intervención humana. A principios de la década de 1930, Héðinn Valdimarsson y su esposa Guðrún Pálsdóttir compraron una finca, que entonces era un lugar tan áspero como el paisaje circundante. En 1937 edificaron una casa y, verano tras verano, comenzaron a plantar árboles. En 1970, tras la muerte de su marido, Guðrún donó el terreno al municipio.

Camino principal de Hofði

Camino principal de Hofði.

Llegamos a Hofði a media tarde, sin tener muy claro qué íbamos a encontrar. Nos había llevado hasta su diminuto aparcamiento la concentración de puntos panorámicos (nada menos que 5) que habíamos visto curioseando la ruta en OpenStreetMaps. Estaba a mitad de camino entre Skútustaðagígar y Hverfjall, dos de nuestras visitas del día, por lo que no perdíamos nada haciendo una breve parada. O eso creíamos. Al bajar del coche, nos recibió una desvencijada puerta metálica, similar a las que habíamos tenido que abrir recorriendo las Tierras Altas. Al igual que en éstas, abrimos la verja y la volvimos a cerrar a nuestra espalda, adentrándonos en el camino principal, que se perdía entre la arboleda.

El Mývatn desde Hofði

El Mývatn desde Hofði.

El lugar era un pequeño laberinto, con varios senderos sinuosos zigzagueando por el bosque. Tomamos el primero a la derecha, hacia el noreste de la península. Una precaria escalera de troncos permitía ascender hasta un promontorio rocoso, por encima de las copas de los árboles. La vista era magnífica, extendiéndose hasta la otra orilla del Mývatn. Aunque seguía encapotado, el día había mejorado bastante desde la fría y lluviosa mañana en Aldeyjarfoss. Bajo el cielo gris, las someras aguas del lago transmitían una asombrosa sensación de serenidad.

Escalera de troncos en Hofði

Escalera de troncos en Hofði.

Seguimos explorando la península, perdiéndonos por sus caminos. La abundante vegetación, con el bosque formado por una mezcla de especies autóctonas e importadas, y la completa falta de viento eran completamente impropias de Islandia. Durante un breve momento, tuvimos la sensación de encontrarnos en otro país.

Kálfastrandarvogar

Kálfastrandarvogar.

Sensación que duró lo que tardamos en llegar a uno de los miradores de la parte occidental de la península, junto a la pequeña ensenada de Kálfastrandarvogar. Allí, unas extrañas formas surgiendo desde el agua nos devolvieron a la realidad. Las rocas, denominadas Klasar, son en realidad extrusiones de lava. Su proceso de formación es similar al del cercano Dimmuborgir. Durante una erupción volcánica, se formó un lago de lava sobre un terreno cargado de agua. Ésta, al calentarse, generó chorros de vapor que ascendieron por la lava, enfriándola y provocando su solidificación. Al retirarse el lago de lava, quedaron los pilares elevándose sobre el paisaje circundante.

Quién dijo que no hay mosquitos en Islandia

Quien dijo que no hay mosquitos en Islandia.

Aproximarnos al lago también tuvo un efecto menos agradable. En islandés, Mývatn significa lago de los mosquitos. Y puedo asegurar que el nombre está bien puesto. Sobre la superficie del agua flotaba una nube de insectos de proporciones bíblicas. Nos habíamos enfrentado a los mosquitos de Islandia en varias ocasiones, pero nunca habíamos visto algo igual. Lo bueno de los mosquitos islandeses, al menos en nuestro caso, es que jamás nos han picado. Pero son increíblemente molestos. A veces hay tantos que se meten por todas partes. Pueden acabar en cualquier lugar: la ropa, el pelo, la boca, los ojos . . . Y, por supuesto, mirando las fotos con detalle es bastante habitual encontrar pequeños puntos negros. Aquel día, no había que esforzarse demasiado para encontrarlos.

Vista hacia el sur de Hofði

Vista hacia el sur de Hofði.

Mosquitos aparte, el lugar nos sorprendió. El contraste entre el bosque y su áspero entorno, las privilegiadas vistas sobre el lago y su extraño paisaje y, sobre todo, la sensación de paz que trasmitía el lugar, se conjugaron para que la visita se dilatara sin que nos diéramos cuenta. Lo que habíamos previsto como una breve parada, acabó convirtiéndose en un paseo de una hora. Algo que, por otra parte, es bastante habitual en Islandia.

Para ampliar la información:

Los viajes de Wircky tiene una breve entrada sobre el lugar: https://wircky.com/peninsula-höfdi-en-lago-myvatn/.

En R&S Wanderlust describen una ruta circular por la península: https://randswanderlust.com/hofi/.

En inglés, el blog ZIgZagonearth tiene un post sobre Hofði: https://www.zigzagonearth.com/hofdi-lava-pillars-myvatn/.

El bosque atrae gran cantidad de aves. Quien esté interesado en este aspecto, puede visitar https://www.birdingplaces.eu/en/birdingplaces/iceland/hofdi-woodland-park.

  • 33
  •  
  • 8
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •