Era nuestra última mañana en Venecia, pero aun disponíamos del tiempo suficiente para dar un paseo por la ciudad. Una ciudad extraña, golpeada duramente por la pandemia, con el turismo reducido a una fracción del habitual. Tras haber aprovechado la jornada anterior para visitar tranquilamente varios de los lugares normalmente más masificados de Venecia, queríamos despedirnos de la ciudad recorriendo alguna de sus zonas más tranquilas. Nos marcamos como objetivo la iglesia de San Nicolò dei Mendicoli, cerca del extremo suroccidental de Dorsoduro. En el fondo, no era más que una excusa para callejear por uno de los sestieri que menos conocíamos de la fascinante ciudad de la laguna. Una nueva versión de nuestro paseo de la tarde anterior entre Ca’ D’Oro y Zattere, pero esta vez derivando más hacia el oeste.

Pescaria

Pescaria.

Tras disfrutar de un tranquilo amanecer, un magnífico desayuno con vistas al canal y un breve pero entretenido recorrido en el traghetto de Santa Lucía, desembarcamos junto al mercado del pescado de Rialto minutos después de las nueve. Una vez abastecida a primera hora de la mañana, Pescaria comenzaba a despertar de su letargo nocturno. Sus puestos se desmontan todas las noches, para volverse a instalar por la mañana, en un ciclo incesante que lleva siglos repitiéndose. Aunque el precioso edificio neogótico que actualmente acoge al mercado fue inaugurado en 1907. Una construcción moderna, para el estándar de Venecia.

Erbaria

Erbaria.

Al lado se encuentra el mas colorido Erbaria, el mercado veneciano de frutas y verduras. Estaba, si cabe, aun más vacío que Pescaria, pues sus puestos acababan de abrir. Ambos formaban parte del antiguo mercado de Rialto, cuyos orígenes se remontan al siglo XI, cuando Venecia controlaba buena parte del comercio de Oriente. En aquella época, en Rialto lo mismo se podía comprar una lechuga cultivada en la cercana isla de Sant’Erasmo, que un paño de seda traído desde la lejana China. Especias, oro, perlas o piedras preciosas se vendían junto a verduras, carnes, pescados, vinos o carbón. Lentamente, el mercado se fue especializando, con espacios dedicados a productos concretos, que dejaron su huella en los topónimos de la zona. Hoy, Rialto apenas es una sombra de lo que fue, pero aun quedan los puestos de alimentación, o las joyerías del puente. Aunque estas últimas estén convirtiéndose de forma acelerada en tiendas para turistas.

Canal de Beccaria

Canal de Beccaria.

Desde el mercado, comenzó nuestro callejeo hacia el suroeste. Al principio teníamos que cruzarnos, junto al canal de Beccaria, con una de las concurridas rutas peatonales que llevan desde el puente de los Descalzos al puente de Rialto, camino de San Marco. Pero, en una Venecia medio vacía, apenas encontramos un puñado de personas por la zona.

Rio de la Torre

Rio de la Torre.

No queríamos acabar en las inmediaciones del embarcadero de S. Toma’, como nos había pasado la tarde anterior. Por tanto, decidimos continuar avanzando decididamente hacia occidente. Atravesamos el Rio de S. Cassan, para cruzar por el puente de l’Agnella sobre el Rio de la Torre.

Rio di San Boldo

Rio di San Boldo.

De golpe, nos encontramos con que era imposible seguir hacia el oeste. La calle acababa muriendo contra un canal. Es parte de la diversión de callejear por la laberíntica Venecia. Tu marcas un rumbo, pero la ciudad decide por ti. ¿Un argumento a favor del determinismo? Nuestro nuevo derrotero nos hizo atravesar el Rio di San Boldo por el Ponte del Forner, también conocido como de San Antonio, junto a la espléndida puerta gótica del Palazzo Agnus Dio.

Scuola Grande di San Giovanni Evangelista

Scuola Grande di San Giovanni Evangelista.

Acabamos dándonos de bruces con el espléndido arco de la Scuola Grande di San Giovanni Evangelista. Otra de las antiguas scuole venecianas, fundada en 1261 por una fraternidad de flagelantes. Desde el punto de vista arquitectónico, su característica más llamativa es el atrio exterior, separado de la calle por un arco de mármol, obra de Pietro Lombardo. Como todas las scuole grandi, atesora una gran cantidad de obras de arte. Pero, al contrario que las de San Marco o San Rocco, es complicado visitarla. Tan solo abre su museo al público en fechas señaladas, coincidiendo con alguna actividad de la cofradía, y siempre bajo la modalidad de visitas guiadas. Sigue siendo una de nuestras tareas pendientes en Venecia.

Altar de San Nicolò da Tolentino

Altar de San Nicolò da Tolentino.

Atravesamos el atrio y retomamos el rumbo hacia el oeste. Esta vez, terminamos en las proximidades de la iglesia de San Nicolò da Tolentino, popularmente conocida como Tolentini. Habíamos pasado por su puerta dos noches atrás, después de su horario de cierre. No estaba en nuestros planes, pero ya que estábamos tan cerca, la curiosidad nos pudo y acabamos recorriendo brevemente su interior. Fue construida entre 1591 y 1602, bajo la dirección de Vincenzo Scamozzi. Su fachada quedó inconclusa, hasta que Andrea Tirali la completó, entre 1706 y 1714, con un pronaos de estilo corintio, único en Venecia. El interior tenía su interés, aunque personalmente me pareció un tanto recargado. Nos llamó especialmente la atención el altar mayor, obra de Baltasar Longhena. En cualquier caso, comenzábamos a ir retrasados. Apenas estuvimos unos minutos en el interior del templo.

Rio dei Tolentini

Rio dei Tolentini.

Estábamos unos 650 metros al norte de San Nicolò dei Mendicoli, nuestro objetivo declarado de la mañana. Hacia el oeste, tan solo dos canales nos separaban del horroroso aparcamiento de Piazzale Roma. Nos dirigimos directamente al sur, atravesando el Rio dei Tolentini por el Ponte de la Cereria. Nos adentrábamos en una Venecia extraña, donde los espléndidos palacios de estilo gótico, renacentista o barroco habían sido sustituidos por edificios de una vulgaridad chocante. Pero seguíamos en una ciudad peculiar, donde no existían los coches y todo el transporte se hacía sobre el agua. Tuvimos la sensación de estar en una versión distópica de la espléndida ciudad de la laguna.

Obras en Fondamenta Rizzi

Obras en Fondamenta Rizzi.

Poco después, retomamos el rumbo hacia el oeste. Estábamos cerca de Santa Maria Maggiore, una de las iglesias menos conocidas de Venecia. Sabíamos que, tras el incendio que en 1817 destruyó el vecino monasterio franciscano, había sido abandonada, para terminar utilizándose como almacén de tabaco. Por tanto, pese a que aun contiene varias obras de arte, esperábamos encontrarla cerrada. Y acertamos. El rodeo nos sirvió para seguir recorriendo una Venecia poco (o nada) turística, apreciar la complejidad de una obra de mantenimiento en un canal, pasar junto a la cárcel y llegar hasta el Rio di Santa Marta donde, de alguna forma, se puede decir que termina Venecia. Al otro lado, ocultos tras una hilera de edificios de ladrillo, estaban las vías del tren, un aparcamiento y la terminal de cruceros de Tronchetto. En otras palabras, el mundo normal. Había llegado el momento de cambiar nuevamente de rumbo.

San Nicolò dei Mendicoli.

La iglesia de San Nicolò dei Mendicoli, en el sestiere de Dorsoduro, es una de las mas alejadas del núcleo turístico de Venecia. Situada cerca de donde Venecia deja de ser Venecia, más al oeste que la estación de ferrocarril de Santa Lucía, el horrible aparcamiento de Piazzale Roma o la universidad Ca’ Foscari – San Basilio. Sin embargo, pocas iglesias de la ciudad de la laguna son más auténticamente venecianas.

En fonadamenta Lizza Fusina

En fonadamenta Lizza Fusina.

Tras la grata sorpresa de San Nicoló, comenzamos el regreso hacia oriente, recorriendo la fonadamenta Lizza Fusina, por la orilla septentrional del Rio de San Nicolò dei Mendicoli. Seguíamos en una Venecia extraña, sin turistas, góndolas o palacios. Pero, según avanzábamos hacia el este, la ciudad parecía recuperar su peculiar normalidad. Las casas, aunque sencillas, eran más irregulares. Y, sobre sus tejados, comenzaban a despuntar las torres de varias iglesias.

Fresco de Francesco Fontebasso

Fresco de Francesco Fontebasso.

Hicimos una breve parada en la primera que nos encontramos, la iglesia del Ángel Rafael, una de las más antiguas de Venecia. Según la tradición, es uno de los ocho templos primigenios fundados por San Magno. Se sabe con certeza que había una iglesia en el lugar en el 899, pues en ese año fue destruida por el fuego. Tras su reconstrucción, ardió nuevamente en 1106 y 1149. En el siglo XVII estaba tan deteriorada que fue necesario construirla por cuarta vez, bajo la dirección de Francesco Contin. El templo estuvo terminado en 1639, aunque se siguió trabajando en su decoración interior hasta 1749. Sin ser especialmente brillante, de su interior nos llamaron la atención los frescos del techo, obra de Francesco Fontebasso. Principalmente el que representa a San Miguel ahuyentando a Lucifer. También destaca el espléndido púlpito de madera, construido en 1687. Parece ser una réplica de otro anterior, original del siglo XIV. Por lo demás, la iglesia debe seguir teniendo problemas de conservación, pues la encontramos llena de andamios.

San Sebastián, la obsesión de “il Veronese”.

Muchas de las iglesias venecianas son pequeñas pinacotecas. La larga y recíproca fascinación de la ciudad de la laguna con la pintura dejó una profunda huella en sus palacios, scuole y templos. Pero hay algunos lugares de Venecia que brillan con luz propia. Uno de ellos es la poco conocida San Sebastián.

Desde San Sebastián, apenas había unos metros hasta Fondamenta Zattere al Ponte Longo, la más occidental de las cuatro fondamente que, compartiendo el nombre de Zattere, flanquean la mayor parte de la orilla norte del canal de Giudecca, desde el puente Molin hasta la Punta de la Aduana. Según la teoría más extendida, Zattere vendría del nombre en italiano de las antiguas balsas que transportaban los cargamentos de sal a Venecia. Esta sal, fundamental para la prosperidad de la república, se descargaba en los almacenes repartidos por la zona, de los que todavía perdura el gran edificio que hay entre el puente de Ca’ Balà y el Rio Terá ai Saloni. Nosotros estábamos en el extremo opuesto, donde en cualquier caso, comenzaban a aparecer fachadas inequívocamente venecianas. Aunque algunas no eran mas que la carcasa de hoteles de reciente creación, al menos se habían preocupado de mantener el estilo exterior.

Manifestación en el canal de Giudecca

Manifestación en el canal de Giudecca.

Apenas prestamos atención a los edificios. Frente a ellos, en las aguas del canal, se desarrollaba una manifestación. Y, tratándose de Venecia, era una manifestación sobre el agua. Fuimos a coincidir con una marcha de protesta, convocada por empresarios y trabajadores del sector turístico dependiente de los cruceros. Reclamaban que, una vez terminada la emergencia sanitaria, la ciudad volviera a ser uno de los principales puertos de cruceros del mundo. Avanzaban lentamente por el canal, camino de Tronchetto. En frágiles lanchas, embarcaciones de recreo o potentes remolcadores, pero todos con la bandera de San Marco ondeando al viento. La misma bandera que, en otras ocasiones, enarbolan los que se manifiestan contra le grandi navi. Una perfecta metáfora de una ciudad que no puede vivir ni con el turismo masivo, ni sin él.

I Gesuati

I Gesuati.

Entretenidos con la manifestación, llegamos a Santa María del Rosario en lo que nos pareció un instante. La espléndida iglesia, también conocida como I Gesuati, fue edificada entre 1726 y 1743 bajo la dirección de Giorgio Massari. Debe su nombre a la orden de los Clérigos Apostólicos de San Jerónimo, también conocidos como «jesuatos». Curiosamente, cuando comenzó la construcción del templo, la orden había sido disuelta y su templo, Santa Maria della Visitazione, había pasado a manos de los dominicos, que en 1670 se instalaron entre los muros del monasterio anexo. Muy pronto, la iglesia quedó pequeña para las necesidades de la orden, que decidió edificar un nuevo templo, apenas unos metros al este.

I Gesuati desde la cubierta de Le Lirial, en agosto de 2015

I Gesuati desde la cubierta de Le Lirial, en agosto de 2015.

Se dice que Massari, no queriendo arriesgarse a contrariar a sus clientes, decidió ir sobre seguro, inspirándose en otros edificios venecianos. Así, la fachada estaría basada en la sección central de la de San Giorgio Maggiore y el interior en Il Redentore, dos espléndidas obras de Andrea Palladio. El exterior del templo destaca por sus grandes columnas corintias y cuatro estatuas representando las virtudes cardinales. En cualquier caso, es complicado apreciar la fachada desde Zattere. Para poderla contemplar con cierta perspectiva, deberemos cruzar en vaporetto a Fondamenta Santa Eufemia, o navegar por el canal de Giudecca.

El profeta Aarón

El profeta Aarón.

Siendo interesante la fachada, personalmente prefiero el interior del templo, con una asombrosa luminosidad, realzada por los tonos claros de la mayor parte de sus elementos arquitectónicos. Como casi todas las iglesias venecianas, I Gesuati es un pequeño museo, con cuadros de numerosos artistas, entre los que podemos citar a Giovanni Battista TiepoloSebastiano Ricci o Tintoretto. Por contra, casi todas las esculturas son de Giovanni Maria Morlaiter, quien por otra parte concentra prácticamente toda su obra en este templo. Los espléndidos frescos del techo fueron creados por Tiepolo, quien también diseño los frescos monocromos que adornan la parte alta del edificio, aunque éstos últimos fueron pintados por ayudantes del artista.

Rio Terá dei Gesuati

Rio Terá dei Gesuati.

Comenzaba a hacerse tarde y aún nos quedaba una de las principales visitas del día, por lo que no nos entretuvimos mucho en Santa María. Iniciamos nuestro regreso hacia el norte avanzando por el Rio Terá Foscarini, uno de los antiguos canales venecianos convertidos en calle peatonal. En este caso, el antiguo Rio de Sant’Agnese fue enterrado en dos fases. La primera, en 1838, desde el Gran Canal hasta las inmediaciones de la cavana (embarcadero cubierto) de la sacristía de Santa María. Veintiséis años más tarde, se soterró el tramo que quedaba, hasta el canal de Giudecca. Este tramo recibió el nombre de Rio Terá dei Gesuati. Todavía es posible apreciar, en la pared oriental del templo, los restos tapiados del antiguo embarcadero.

Desde el puente San Barnaba

Desde el puente San Barnaba.

Pronto nos desviamos hacia el noroeste, hasta cruzar el Rio del Malpaga por el puente Lombardo. Desde allí, pasamos sin detenernos junto a la fachada de San Barnaba, en el campo homónimo. Lentamente, regresábamos a la Venecia más turística. Aunque el campo de San Barnaba, que en un verano normal habría sido un hervidero de turistas, estaba prácticamente vacío, el contraste con las calles desiertas junto a San Nicoló era cada vez más acusado.

Ponte de la Scuola

Ponte de la Scuola.

En cualquier caso, la ausencia de visitantes seguía siendo evidente, como pudimos comprobar mientras cruzábamos el Rio della Frescada, en el límite entre los sestieri de San Polo y Dorsoduro. En el Ponte de la Scuola, un gondolero ocioso mataba el tiempo recostado sobre la barandilla. De todos modos, habíamos llegado a nuestro último destino del día. Estábamos justo a la espalda de la impresionante Scuola Grande di San Rocco.

La Scuola Grande di San Rocco.

En el extremo meridional del sestiere de San Polo, lejos del Gran Canal, San Marco y los lugares más turísticos de Venecia, encontraremos una de las joyas de la ciudad. No podemos hablar de uno de sus tesoros escondidos, pues la Scuola Grande di San Rocco es visitada todos los años por decenas de miles de personas.

Desde la scuola, regresamos al hotel lo más directo que pudimos. Poco antes de las tres de la tarde salíamos camino del aeropuerto. Al final, habíamos logrado arañar seis horas a nuestro último día en Venecia. Suficientes para dar un agradable paseo por una de las zonas menos conocidas de la ciudad. Tan solo nos quedaba un último trayecto, esta vez en taxi acuático, para dar por finalizado nuestro imprevisto viaje del verano de 2020.

Para ampliar la información:

En Rodando por el Mundo describen un itinerario por Rialto y San Polo: https://www.rodandoporelmundo.com/paseo-venecia-rialto-san-polo-santa-croce/.

El mismo blog tiene otra entrada sobre Dorsoduro: https://www.rodandoporelmundo.com/de-paseo-por-venecia-dorsoduro/.

Turismo en Venecia tiene una breve entrada sobre Santa María del Rosario: https://www.turismoenvenecia.com/iglesia-de-santa-maria-del-rosario/.

En la web Venecísima encontraremos un paseo virtual por Dorsoduro: https://www.venecisima.com/post/de-paseo-por-venecia-dorsoduro.

En inglés, hay una entrada sobre la Pescaria en https://www.visititaly.eu/places-and-tours/pescaria-the-ancient-fish-market-of-rialto.

La web oficial de la Scuola Grande di San Giovanni Evangelista está en https://www.scuolasangiovanni.it/en/.

En italiano, Conoscere Venezia es una auténtica joya en la que descubrir lugares poco frecuentados: https://www.conoscerevenezia.it.