Vopnafjörður debe su nombre a Eyvindur Vopni, uno de los tres fundadores de la localidad, en la lejana era del landnámsöld. Vopni en realidad era un apodo, que se traduciría por arma. Lo cual da una idea de cómo debía ser el carácter del personaje, para tener dicho «apellido» en una época especialmente violenta. Violencia que protagonizó los primeros siglos de historia del lugar, cuando fue escenario de varios choques sangrientos, para acabar como telón de fondo de la Saga de Vápnfirðinga, con la clásica sucesión de rencillas, conflictos y venganzas. Afortunadamente, aquellos tiempos quedaron atrás y, en la actualidad, Vopnafjörður es una tranquila localidad, dedicada a la pesca y el turismo.

En Norðausturvegur, camino a Vopnafjörður

En Norðausturvegur, camino a Vopnafjörður.

Llegué a Vopnafjörður desde el suroeste, conduciendo por el tramo oriental de Norðausturvegur, la carretera 85, que conecta buena parte del nordeste de la isla con la Ring Road. En los 48 kilómetros que separaban esta última de la pequeña población, apenas había podido ver alguna granja aislada, medio oculta por la nieve. En realidad, el último pueblo digno de tal nombre que había atravesado era Fellabær, en la orilla occidental del lago Lagarfljót, a 126 kilómetros de distancia. Una magnífica muestra de la escasa densidad de población que caracteriza a Islandia.

Mañana de invierno en Vopnafjörður

Mañana de invierno en Vopnafjörður.

En la actualidad, Vopnafjörður sirve para denominar tanto al fiordo, como a la localidad y los terrenos que la rodean. Estos últimos son hijos de la era glaciar, cuando los hielos excavaron el valle por el que actualmente discurre el río Hofsá. Éste llega al mar entre las agrestes montañas de Krossavík y la península de Tangi, en cuya orilla oriental se ubica la población. Tras la retirada de los glaciares, el terreno comenzó a elevarse, dando lugar a una llanura, que supuestamente se caracteriza por la fertilidad de sus terrenos. Aunque aquel día era complicado creerlo, viendo la nieve y el hielo que cubrían los campos. Por contra, resultaba más verosímil la popularidad del Hofsá entre los pescadores, gracias a la abundancia y calidad de sus salmones.

Caballos junto a Hlíðarvegur

Caballos junto a Hlíðarvegur.

En realidad, mi principal interés en la zona se encontraba en la carretera 917, que recorre la orilla este del fiordo, para luego saltar las montañas y descender hacia Ketilsstadhir, en las proximidades de la desembocadura del Jökulsá á Dal. La carretera, también conocida como Hlíðarvegur, tiene fama de ser una de las más hermosas de Islandia. Pero la parte más interesante, en el paso de Hellisheiði Eystri, estaba fuera de mi alcance, con sus 14 kilómetros cortados al tráfico. Me tendría que conformar con recorrer la parte occidental de la ruta, hasta la extraña formación rocosa de Ljósastapi, justo donde comienza el ascenso a Hellisheiði.

Aquella mañana, el tramo occidental de Hlíðarvegur estaba marcado en safetravel.is en negro (carretera con condiciones difíciles). La última calificación antes del rojo (carretera infranqueable). Tomé su desvío sin demasiada fe en poderla recorrer, pero resultó no estar en tan mal estado. El principal problema eran los amontonamientos de nieve que encontré en algunos de sus puentes, que hacían perder adherencia al coche pese a su tracción a las cuatro ruedas y sus neumáticos de invierno.

Gljúfursárfoss

Gljúfursárfoss.

De camino, hice una parada en Gljúfursárfoss. Un salto de agua de 45 metros de altura, en la parte baja del río Glúfursá. Como ya esperaba, la cascada estaba casi completamente congelada. Mi idea era hacer alguna fotografía de larga exposición, pero no pudo ser. El viento, la gran cantidad de aves que revoloteaban por el barranco y la nieve que comenzó a caer, cada vez con más fuerza, me lo impidieron. Tampoco era viable hacer la ruta, de 1.500 metros, que lleva desde Gljúfursárfoss hasta la costa de Drangsnes. Ya había sido bastante complicado llegar desde el aparcamiento hasta el mirador, como para caminar por el borde de los acantilados. En cualquier caso, la vista era magnífica. La cascada congelada, el barranco lleno de aves y el gran fiordo, difuminándose entre las nubes del horizonte, formaban un escenario impresionante, ensalzado por la absoluta soledad en que me encontraba.

Caballos entre la nieve

Caballos entre la nieve.

Tampoco fue fácil regresar al aparcamiento, subiendo por un camino completamente congelado. La nevada arreciaba y, hacia el este, un negro nubarrón se acercaba amenazante. Pese a estar a tan solo 5 kilómetros de Ljósastapi, no parecía prudente seguir avanzando en esas condiciones. Ya había tentado bastante a la suerte. Emprendí el regreso, entreteniéndome con varios grupos de caballos, que pastaban tranquilamente en el campo. Los mal llamados ponis islandeses son los descendientes de aquellos que llevaron los primeros pobladores de Islandia, en los siglos IX y X. Su asombrosa resistencia es fruto tanto de la selección natural como de la cría selectiva. En la actualidad, está prohibida la importación de caballos a Islandia, con el fin de preservar la pureza de la raza y evitar la introducción de enfermedades. Esto último hace que incluso se vete la repatriación de aquellos ejemplares que hayan salido de la isla o de sus descendientes.

En Vopnafjörður

En Vopnafjörður.

Antes de reincorporarme a Norðausturvegur, me detuve brevemente en Vopnafjörður. La pequeña localidad era, como tantas de Islandia, poco más que una acumulación más o menos conexa de viviendas unifamiliares. Tranquila y ordenada, pero sin el menor atractivo. Aunque su población actual no llega a los 700 habitantes, tuvo cierta importancia histórica. Entre los siglos XVII y XVIII fue uno de los tres puertos comerciales del este de Islandia. En el XIX, la compañía danesa Ørum & Wulff lo convirtió en una de sus bases en la isla. Pero la segunda mitad del siglo también vio a muchos de sus habitantes emigrar a América, huyendo de la devastación creada por la violenta erupción del Askja de 1875. En la actualidad, buena parte del empleo local depende de la planta de procesado de pescado de la empresa Brim hf., ubicada junto al puerto.

Fuglabjarganes

Fuglabjarganes.

Poco después, hice una última pausa en la costa occidental del fiordo. Aunque el día seguía siendo frío y gris, el temporal parecía haber pasado de largo. Al menos, podía ver al frente las cimas nevadas de Krossavík, mas allá de la recortada costa de Fuglabjarganes. Otro lugar al que era complicado llegar, pues la pista de acceso estaba completamente oculta por la nieve. Pese a que ésta frustró varios de mis planes, dejé Vopnafjörður lleno de satisfacción. La espléndida soledad, el campo nevado, el breve pero intenso temporal, la sensación de estar en un lugar remoto . . . Todo se conjugaba para trasmitirme esa sensación de plenitud tan frecuente en los desolados paisajes de Islandia. Dejé atrás Vopnafjörður sin sospechar que aquello tan solo era un anticipo de lo que tenía por delante, apenas unos kilómetros más al norte.

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Para ampliar la información:

Islandia 24 tiene un breve artículo sobre Vopnafjörður: https://www.islandia24.com/vopnafjordur-la-islandia-sin-turistas/.

En inglés, la web oficial de turismo está en https://www.visitvopnafjordur.com/en.

También se puede consultar la entrada de Guide to Icelandhttps://guidetoiceland.is/travel-iceland/drive/vopnafjordur.

En Iceland the Beautiful encontraremos información sobre Gljúfursárfoss: https://icelandthebeautiful.com/gljufurarfoss-gljufursarfoss-waterfall-gljufursa-vopnafjordur-nordurland-north-east-iceland/.